CAPITULO XVIII

1466 Words
ISABELLA Llevo una semana en la casa de la señora Beatrice, y aunque su calidez ha sido un bálsamo para mi alma, no puedo encontrar paz. Es una mujer amable, con una dulzura que me recuerda a una madre, siempre cuidándome, como si de verdad le importara mi bienestar. Sé que Jack la considera como una figura materna, y gracias a ella he descubierto muchas más cosas sobre el hombre que me sacó de ese infierno. Sin embargo, mi ansiedad no cede. La incertidumbre me consume. No he sabido nada de él desde que me trajo aquí, y el miedo me atormenta. Me coloco una chaqueta y ajusto la cremallera con manos temblorosas. Estoy a punto de salir cuando la voz preocupada de Beatrice me detiene. —No lo hagas, Isabella—insiste, sujetándome con delicadeza del brazo—. Puede ser peligroso, cariño. La miro con ternura, consciente del miedo en sus ojos. —Tranquila, viejita. Todo va a estar bien. Sé que esto es lo correcto —digo, depositando un beso en su frente antes de apartarme suavemente. Su suspiro resignado es lo último que escucho antes de cerrar la puerta tras de mí. No puedo seguir esperando. Si hay una posibilidad de encontrar a Jack, debo tomarla. Dominic es un criminal buscado en todas partes, y si logro entregar información clave, tal vez pueda salvarlo. Tomo un taxi y, durante el trayecto a la estación de policía, la angustia me devora por dentro. Aprieto los puños sobre mi regazo, sintiendo la opresión en mi pecho aumentar con cada minuto que pasa. ¿Por qué no ha llamado? ¿Por qué no ha intentado contactarme? La incertidumbre es un monstruo que me asfixia. Cuando el taxi se detiene frente a la estación, respiro hondo antes de descender. Mis piernas tiemblan, pero me obligo a avanzar con determinación. Al entrar, el aire es denso y el murmullo de voces entremezcladas con el sonido de teléfonos y radios crea un ambiente caótico. Me acerco a una oficial que organiza unos documentos detrás del mostrador. —Disculpe, ¿podría hablar con la persona de mayor rango en este lugar? Es algo urgente. La mujer me observa con el ceño fruncido, como si evaluara mi petición. —¿De qué se trata? —pregunta, cruzando los brazos. —Es sobre Dominic Black —respondo en voz baja, mirando alrededor con nerviosismo. Su expresión cambia al instante. Me examina por unos segundos antes de hacerme un ademán con la mano para que la siga. La acompaño hasta una oficina y ella golpea la puerta antes de abrir. —Comandante Spinster, hay una mujer que necesita hablar con usted —anuncia. El hombre detrás del escritorio levanta la mirada y esboza una sonrisa burlona. —Oficial, no sabía que ahora traía a cualquiera a mi oficina —comenta, provocando que la mujer también suelte una carcajada. Mi paciencia se agota al instante. ¿Se están burlando de mí? —La señorita llegó imponente preguntando por la persona de mayor rango —agrega la oficial con una sonrisa de superioridad. —¡Vamos! Déjate de bromas y sácala de aquí —dice el comandante con desdén, volviendo la vista a su laptop. La mujer intenta sujetarme del brazo para llevarme fuera, pero me suelto con fuerza y avanzo hasta quedar frente al escritorio. Sin pensarlo, golpeo la superficie con ambas manos. —Tengo información sobre Dominic Black—digo con voz firme. Los ojos del comandante se abren de par en par. —Así que… levante su trasero y lléveme con un agente al que sí le interese —añado, desafiándolo con la mirada. El hombre duda por unos segundos, pero luego toma el teléfono con rapidez y marca un número. —Comunícame con Arian Brunner de la DEA —ordena. Luego, cubre la bocina con una mano y me mira—. Espere afuera. Asiento y salgo de la oficina acompañada de la oficial, quien me conduce hasta una silla en la sala de espera. Las horas pasan y la única compañía es el enorme televisor encendido frente a mí. Nadie me ha dicho nada. La impaciencia me carcome y la preocupación por Jack se intensifica. Cuando intento tomar mi móvil para llamar a Beatrice y tranquilizarla, una sombra imponente se acerca. Levanto la vista y me encuentro con un hombre corpulento, de mirada severa y aura intimidante. —¿Es la mujer que tiene información para mí? —pregunta con voz grave. —Sí —responde la oficial. —Soy Arian Brunner, agente de la DEA —se presenta, sin apartar sus ojos de mí—. ¿Quién es usted? Trago saliva antes de responder. —Me llamo Isabella Harper. —Venga conmigo, Isabella —ordena, girándose hacia un pasillo. Lo sigo de cerca hasta una oficina donde nos esperan dos hombres más. —Tome asiento —me indica uno de ellos, y obedezco. Apenas me acomodo, el otro hombre suelta una carcajada irónica. —¿En serio? ¿Esta mujer? —dice con desprecio, señalándome—. Me parece que solo va a soltar un montón de patrañas con la intención de quedarse con la recompensa. Se acerca peligrosamente a mí, inclinándose sobre el escritorio. —Si he viajado hasta acá para perder mi maldito tiempo, le aseguro que le va a costar caro. Mi cuerpo se tensa, pero antes de que pueda responder, Arian interviene. —¡Sallow! Compórtate, idiota. —Brunner tiene razón —agrega el tercer hombre—. Hemos estado detrás de este tipo por años y, hasta ahora, esta es la única pista que tenemos. Así que deja que hable. —Eres un cabrón lamebotas —espeta Sallow, alejándose. Arian ignora la pelea y coloca una grabadora en la mesa. —Le recuerdo que su testimonio será grabado. ¿Está de acuerdo? Asiento. Comienzo a relatar todo lo que sé de Dominic, omitiendo ciertos detalles sobre mi escape. Durante mi relato, noto cómo la tensión en la sala aumenta. Cuando termino, Arian se recuesta en su asiento, frotándose el mentón. —Es curioso —murmura—. Justo en este punto de la investigación, usted llega para dar luz. Parece que van cayendo uno por uno. —¿De qué habla? —Hoy encontramos una bodega abandonada que fue completamente incinerada —explica mientras revisa unos documentos. Luego saca una carpeta y me entrega unas fotografías—. ¿Conoce a este hombre? Tomo las imágenes y mi corazón se detiene. Es Jack. Las fotos lo muestran en distintos ángulos, algunas solo y otras con Dominic. Mi garganta se cierra de inmediato. —Es Jack —susurro con la voz quebrada—. ¿Sabe algo de él? Arian exhala con pesadez, como si estuviera cargando el peso de la verdad que está a punto de soltar. —Jack Carter. Más conocido como "El asesino perfecto". Su cuerpo incinerado apareció en esa bodega. El mundo se desmorona a mi alrededor. Un frío abrasador me recorre la piel, como si el suelo bajo mis pies se hubiera desvanecido y solo quedara un vacío oscuro y sin fin. Mi respiración se vuelve errática, mi pecho se contrae con un dolor sofocante. —No… —murmuro con la voz quebrada, sintiendo cómo mi cuerpo comienza a temblar—. No puede ser verdad. Las palabras son un susurro ahogado en la angustia. Las lágrimas inundan mis ojos antes de que pueda detenerlas, deslizándose sin control y cayendo sobre las fotos que suelta frente a mí. Las imágenes quemadas, irreconocibles en su mayoría, me gritan la verdad que me niego a aceptar. —¿Cuál era su relación con el occiso? —pregunta otro agente, su tono frío, distante. Levanto la mirada con furia, el dolor latiendo en cada latido de mi corazón, convirtiéndose en una ira abrasadora. —Él me salvó —escupo las palabras, sintiéndolas desgarrar mi garganta. Un nudo se forma en mi pecho, una mezcla insoportable de rabia y tristeza. Jack no era un monstruo, no para mí. Me arrancaron a la única persona que me había protegido, y la impotencia me quema por dentro. Dominic me lo arrebató. El dolor se transmuta en odio puro, en una determinación feroz que me sacude hasta la médula. Aprieto los puños con tanta fuerza que las uñas se clavan en mi piel. No puedo permitirme la debilidad. No ahora. Arian me observa con interés cuando alzo la cabeza, mi mirada, ahora firme y decidida, reflejando la promesa de que esto no quedará así. —Le diré todo lo que quiera saber —digo con voz firme—. Pero a cambio, acepte que trabaje con usted. Los hombres se quedan en silencio antes de sonreír de lado. Prepárate, Dominic. Porque yo misma te mataré.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD