CAPITULO XVII

1537 Words
JACK La mansión sigue hecha un desastre. Los cadáveres de los guardias han sido retirados, pero el olor a sangre aún impregna el aire. El ambiente es tenso, cada hombre en la sala parece contener la respiración mientras esperan la llegada de Dominic. Más guardias leales a él irrumpen en el lugar. Según Adrian, el único de sus hombres que dejé con vida, estaba fuera de sí. Cruzo los dedos, esperando que se trague la historia de que ella logró escapar. El rugido de un motor interrumpe el silencio. Una camioneta negra entra derrapando en la entrada principal, frenando de golpe. La puerta del conductor se abre de un empujón y Dominic baja con una furia palpable, sus ojos brillan con rabia. Uno de sus hombres se acerca a él con cautela. —Jefe… Dominic no deja que termine. De un solo empujón lo manda al suelo. Avanza hacia mí como una bestia descontrolada. Me agarra por la camisa y, con un solo movimiento, me estrella contra la pared. —¡¿QUÉ PASÓ?! —ruge, su voz retumbando en toda la mansión—. ¡¿QUÉ MIERDA SUCEDIÓ, HIJO DE PUTA?! —La mujer escapó —respondo sin inmutarme. Su puño impacta en mi rostro, el golpe es tan fuerte que el sabor metálico de la sangre inunda mi boca. Aprieto la mandíbula, conteniéndome para no devolverle el golpe. Dos de sus hombres me agarran de los brazos antes de que pueda intentarlo. Dominic respira hondo y se pasa las manos por el cabello, tratando de calmarse. Luego, sin previo aviso, me golpea en el estómago, doblándome de dolor. —¡Eres un imbécil! —gruñe—. Quiero que me digas cómo demonios se te escapó esa maldita zorra. Aprieta la mandíbula con tal fuerza que sus dientes rechinan. —Mientras estuvo en mi habitación, robó una de mis armas —digo con una leve sonrisa—. Es bastante astuta. —Y muy fuerte —interviene Adrian, pero su comentario solo consigue que Dominic lo fulmine con la mirada. Le hago un gesto para que no hable más. Dominic chasquea la lengua, cruzando los brazos. —¿Así que… una mujer sola mató a mis mejores hombres y desapareció sin dejar rastro? —Aplaude sarcásticamente—. No me cuadra, Jack. —Es la verdad —escupo sangre al suelo—. Isabella ya no es la misma. Lo sabes. Dominic gruñe, se toma la cabeza y grita con rabia. —¡MALDITA PERRA! —Su risa es la de un demente—. ¡Hasta que lo lograste, eh?!Hasta que conseguiste escapar de mí. De repente, una voz suave interrumpe el momento. —Pero no lo hizo sola. Todos giramos la cabeza. La multitud de hombres se aparta y deja ver a una de las empleadas. La misma que aquella noche encontré husmeando donde no debía. —¿De qué hablas? —Dominic la mira fijamente. La mujer traga saliva y sus manos tiemblan. —Señor… Lo lamento, debí hablar antes, pero tenía miedo de morir. Mi cuerpo se tensa. —¡Habla ahora! ¡Hazlo antes de que pierda la puta paciencia!—Dominic le grita, a punto de perder la cordura. —Hoy desperté de madrugada, como siempre. Había demasiado silencio… Me resultó sospechoso. Me asomé al jardín y vi… —Me mira directamente—. Vi a los guardias muertos… y a Jack besando a la señora. El silencio en la sala es sepulcral. —Después ella lo golpeó y huyó —continúa la mujer—. Traté de seguirla, pero el miedo me paralizó. Dominic abre los ojos con sorpresa, tratando de asimilar lo que acaba de escuchar. —¿Y hasta ahora lo dices? —Sin pensarlo dos veces, saca su arma y le dispara en el pecho. El cuerpo de la mujer cae al suelo con un ruido seco. Los demás hombres me miran fijamente. Incluso Adrian me observa sin entender nada. Joder… Joder… ¡¿Cómo fui tan idiota?! ¿ tan confiado? Intento liberarme, pero Dominic me golpea varias veces en el rostro con la cacha de su arma. Siento la sangre caliente corriendo por mi piel. —¿Te la follaste? —escupe con desprecio, poniéndome el cañón en la frente—. ¿Acaso esa maldita zorra te abrió las piernas para que la ayudaras? Lo miro con rabia. —¡No vuelvas a referirte a ella de esa forma! Dominic sonríe, pero su furia es evidente. —Tantos años a mi lado y una puta vagi1na te convenció de traicionarme… —Me golpea en las costillas—. Se te olvidó que ella era mía, ¿verdad?! Que me pertenece y que tocar lo que es mío tiene consecuencias. Mi cuerpo empieza a ceder ante el dolor de las contusiones, implacables, sin darme un solo respiro. Al final, caigo de rodillas. Dominic aprovecha para patearme en el pecho, lanzándome al suelo. Toso escupiendo sangre una vez más. Intento incorporarme, pero su pie me golpea nuevamente con más brutalidad, hundiendome de nuevo en el suelo. —¡¿DÓNDE ESTÁ ELLA?! —Se agacha y pone su mano en mi cuello, apretando con fuerza—. ¡DIME DÓNDE ESTÁ! Mi respiración se entrecorta. La sangre me gotea del labio al suelo. —Máteme ahora —sonrío con dificultad—. Porque no pienso decirte nada. Dominic aprieta los dientes con frustración. —¡Este maldito…! —Me da otra patada y luego se gira hacia uno de sus hombres—. Ya sabes qué hacer. Los puños caen sobre mí como lluvia. Pierdo la cuenta de cuántos golpes recibo hasta que mi visión se vuelve borrosa y el mundo se apaga. ****************************** DÍAS DESPUÉS El agua helada me despierta sobresaltado. Intento moverme, pero mis muñecas están atadas. Estoy en una bodega abandonada. El aire está impregnado de humedad y podredumbre. Frente a mí, Dominic sonríe con sadismo. —¿Recuerdas lo que hacía mi padre con los traidores? —Su voz es casi amigable, lo que lo hace más aterrador. En su mano brilla una herramienta. —Vamos a jugar un poco. Empezaremos con el primer nivel de dolor. Tienes algo que me pertenece, y no pienso irme sin recuperarlo. Ella es mía. Suelto una carcajada sonora, desafiándolo con la mirada. —Ella jamás fue tuya, Dominic —le espeto, sin apartar los ojos de los suyos. No le gusta mi respuesta. Su puño se estrella contra mi rostro con la fuerza de su furia. —¡Tráiganlo! —ordena. Cuatro de sus hombres, entre ellos Adrian, me desatan solo para arrastrarme hasta donde él quiere. Mi cuerpo, magullado y agotado, apenas responde. Me obligan a sentarme de nuevo, esta vez con las manos frente a él. —¿Vas a decirme dónde está ella? Le sostengo la mirada, escupiendo sangre junto con mis palabras. —Ya te lo dije, imbécil. Mátame, porque de mi boca no saldrá nada. Su expresión se endurece. Su mano atrapa la mía, y antes de que pueda reaccionar un alicate se cierra sobre uno de mis dedos quebrandolo, siento la presión , el crujido, el estallido de dolor. -¡Aaaaaahhh! Un grito escapa de mis labios sin que pueda evitarlo. —Dime dónde está. No respondo. —Bien. El sonido del hueso de otro de mis dedos rompiéndose me arranca nuevamente un grito ahogado. Dominic sonríe, satisfecho. —Dime, ¿esa perra vale el dolor que estas sintiendo? Me quedo en silencio. Él suspira, como si realmente lamentara lo que está a punto de hacer. Uno a uno, va rompiendo mis dedos, cada crujido resonando en la habitación como un eco de mi agonía. El dolor es insoportable, abrasador, pero no dejo que un solo sonido de rendición escape de mis labios. No le doy la satisfacción de una respuesta. ¿Vale la pena? Por ella, soportaría esto y mucho más. Porque sí, ella lo vale. Lo vale todo. ******************************* DIAS DESPUÉS DOMINIC Lo he torturado durante días. Su cuerpo está en un estado deplorable. Y aun así, no ha hablado.Al parecer, mi padre lo entrenó bien. ¡Maldita sea! Mientras tanto, mis hombres siguen buscando a Isabella, pero aún no han logrado encontrarla. —¿Cuáles son sus órdenes, señor? —Adrian se acerca a mí, expectante. —Llegó la hora de acabar con él —respondo con frialdad, tomando el arma y cargándola con un movimiento preciso. —¿Está seguro, señor? —Su pregunta me toma por sorpresa. Aunque Jack ha estado a mi lado durante años, aunque ha sido mi hombre de confianza, sabe perfectamente que no perdono… y mucho menos una traición. Sonrío con calma antes de entrar al cuarto. El desgraciado está tan cubierto de sangre que apenas puedo distinguir sus facciones. —Últimas palabras. Me mira con una media sonrisa. —Jamás la encontrarás. Aprieto el gatillo tres veces. Salgo sin mirar atrás. Adrian se queda observando el cuerpo y luego me sigue de cerca. —Borra todo rastro de lo que pasó aquí —ordeno antes de subir a mi auto. Piso el acelerador y me alejo. Isabella sigue ahí afuera. Y juro que la encontraré.
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