DOMINIC
Continúo al teléfono sintiendo cómo la rabia se apodera de mí.
—¿QUÉ HAS DICHO?! —Pateo con fuerza la silla frente a mí, haciéndola volar por la habitación—. ¡¿QUÉ PASÓ?! ¡¿DÓNDE CARAJOS ESTÁ JACK?!
La voz del otro lado del teléfono titubea, como si temiera decirme la verdad.
—L-lo encontré inconsciente en el jardín, señor. A-al parecer la mujer lo golpeó. Tuvo suerte al igual que yo… Los otros están muertos.
Suelto una carcajada amarga, incrédulo.
—Me estás diciendo que una escuálida mujer mató a unos hombres entrenados y dejó tirado al mejor asesino EN MEDIO DEL PUTO JARDÍN?! —Esta vez, mi puño impacta contra la pared, haciéndome sentir un dolor punzante en los nudillos.
—C-cu-cu… ¿cuáles son sus órdenes, señor?
—¿“Cu-cu-cu”…?! ¡Maldito inútil! —Aprieto los dientes, sintiendo cómo la furia me carcome. Respiro hondo para no gritar aún más—. ¿Ya revisaron la zona?
—Sí, señor. Jack me ordenó lo mismo, hicimos un barrido… pero nada.
—O sea, que se la tragó la tierra, ¿o qué mierda pasó?!
—No sabemos, señor. Lo que sí tenemos claro es que se llevó la camioneta.
Muerdo el interior de mi mejilla con tanta fuerza que siento el sabor metálico de la sangre.
—¡Maldita Isabella! —Aprieto el teléfono con tanta fuerza que siento que podría romperlo—. No hagas nada más. Yo mismo lo haré. Mañana a primera hora estaré allá.
Cuelgo de mala gana, sintiendo que me hierve la sangre. ¿Cómo pudo escaparse tan fácilmente? ¿Son idiotas o qué? Jack… esto me lo vas a pagar tú, maldito imbécil. ¿Cómo es posible que te hayas dejado noquear por esa zorra?
Ni siquiera me molesto en hacer una maleta. Tomo lo necesario y salgo disparado hacia la puerta.
—¿Todo bien, socio? —La voz gruesa y pausada del ruso me frena en seco. Me giro lentamente para encontrar su mirada sospechosa clavada en mí.
—Tengo un problema personal que debo solucionar con urgencia. —Intento sonar tranquilo, aunque en realidad quiero prenderle fuego a todo de la ira que siento.
El ruso sonríe de lado, cruzándose de brazos.
—¿Problemas con la familia?
Sé que está tratando de provocarme, pero no le doy el gusto. Mantengo mi expresión impasible, con los ojos fijos en los suyos.
—Mi esposa me necesita. Debo salir esta misma noche.
No bajo la mirada. No puedo permitírmelo. Bajar la mirada es signo de debilidad, de inseguridad… Y no soy ni lo uno ni lo otro.
El ruso me observa por unos segundos más antes de esbozar una sonrisa torcida.
—En ese caso, mi gente te llevará hasta allá. Dado que es una urgencia, pasaré por alto que aún tenemos pendientes en el negocio.
Da media vuelta y comienza a subir las escaleras sin mirar atrás.
—Ah, y espero que tu esposa esté bien.
Su tono es una burla apenas disimulada. Aprieto los dientes y camino hasta la camioneta donde uno de sus hombres me espera.
No puedo creer que Isabella haya tenido el descaro de escapar. ¡Le he dado todo! Maldita sea, la llené de lujos, vivía como una reina… ¿Qué más quería? ¿Por qué siempre tiene que ser tan rebelde? ¡Joder! Aprieto los puños con fuerza hasta que los nudillos se me ponen blancos.
Si ella piensa que la voy a dejar vivir después de esto… está equivocada.
No quiere una vida a mi lado, ¿eh? Está bien.
Entonces tampoco tendrá una vida que vivir.
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HORAS ANTES
ISABELLA
Mi corazón late desbocado mientras reviso la mochila una vez más. Intento no olvidar nada, repasando mentalmente lo que debo hacer. Jack ha traído dinero y, al parecer, un conocido suyo está dispuesto a ayudarme. Tomo la dirección que me dio, junto con el dinero y la guardo en el bolsillo de mi chaqueta.
La mansión está en completo silencio. Todos los empleados están dormidos, excepto los guardias de la entrada.
Mis piernas no pueden dejar de moverse. Estoy sentada en mi cama, con el estómago revuelto por la ansiedad. Jack dijo que vendría en cualquier momento, pero no puedo evitar sentir que algo saldrá mal.
De repente, la puerta se abre de golpe.
—Isabella—Su voz es baja, pero firme.
Pego un brinco, llevándome una mano al pecho.
—Ya es hora.
Me levanto temblorosa y lo miro. Trae un arma con silenciador en una mano y, en la otra, un gorro que coloca sobre mi cabeza.
—Tengo miedo… —susurro, sintiendo que mi corazón va a salirse de mi pecho.
Jack suelta un leve suspiro y me toma el mentón con su mano libre.
—Escúchame. —Sus ojos se clavan en los míos, serios, intensos—. Te irás de aquí, pero tienes que concentrarte. Toma.
Me entrega las llaves de la camioneta junto con un arma.
Mi mano tiembla al recibirla. Nunca había sostenido un arma antes.
Jack deposita un beso tierno en mi frente y saca otra pistola de su cadera, colocando el silenciador con movimientos hábiles.
Nos movemos con cautela por la mansión, avanzando con rapidez hasta la entrada. Hay dos guardias en la puerta principal y otros dos en el jardín.
Parece que se han vuelto más confiados desde que Jack está aquí. Por lo general, hay más seguridad.
Jack ataca al primer guardia golpeándolo en la nuca con el arma. El hombre cae al suelo de inmediato. El otro intenta reaccionar, pero Jack le dispara en la frente antes de que pueda siquiera tocar su arma.
—Ven. —Me hace una seña con la mano y yo salgo, sintiendo que mis pies pesan toneladas al pasar sobre el cuerpo del hombre muerto.
Nos dirigimos al jardín. Un guardia está recostado contra la pared, dormido, y el otro camina alrededor de la fuente. Jack espera a que le dé la espalda y le dispara en la nuca.
Antes de que pueda reaccionar, siento un brazo fuerte rodeando mi cuello.
—¿Qué estás haciendo, Jack?
El guardia me mantiene sujeta, pero no se da cuenta de que tengo un arma.
Actuando por instinto, giro la cadera y presiono el gatillo.
El disparo impacta en su estómago y el hombre me suelta con un gruñido de dolor. Jack corre hacia mí, pero el guardia aún intenta levantar su arma.
—Nada personal. —Jack pisa su mano con fuerza y le dispara en la cabeza.
Me jala suavemente hacia él, rodeándome con sus brazos.
—¿Ya sabes lo que debes hacer? —susurra en mi oído.
Asiento, tragando saliva con dificultad.
—Esa es mi chica.
Me da un beso suave antes de arrodillarse, dándome la espalda.
—Debes golpearme.
Mi respiración se agita.
—No quiero…
—¡Hazlo, Isabella!
Mis manos tiemblan, pero me obligo a moverme. Con toda la fuerza que tengo, golpeo su nuca.
Jack cae al suelo y yo tengo que luchar contra el impulso de ayudarlo.
"Dios… ¿y si lo lastimé demasiado?"
Sus palabras retumban en mi cabeza: “Cuando me hayas noqueado, debes correr, Isabella, y no mires atrás ”.
Corro sin detenerme, con las lágrimas resbalando por mi rostro.
Llego a la camioneta y disparo varias veces al aire antes de arrojar el arma al suelo.
Subo y conduzco lo más rápido que puedo.
A unas cuadras, dejo la camioneta abandonada y corro hasta la estación de tren. Compro el boleto con las manos aún temblorosas y subo de inmediato.
Cuando el tren arranca, intento controlar mi respiración, pero fallo.
Un dolor insoportable se clava en mi pecho.
¿Y si lo golpeé demasiado fuerte? ¿Qué le hará Dominic cuando descubra que huí? ¿Volveré a verlo?
Las lágrimas brotan de nuevo.
—Jack… —gimoteo, mirando la noche a través de la ventana.
Mi pecho se aprieta con un dolor insoportable, y las lágrimas caen sin control. Lloro como una niña, incapaz de contener la angustia. No quiero perderlo a él también.
Lo necesito…