Besado por Palermo
Baje a la lavandería, tenía que lavar todo el ropaje sucio de tres semanas atrás.
Estaba un hombre allí; de tez blanca, pecoso y de cabello castaño.
Tenía un cesto de ropa sucia al lado de sus pies y vestía con una chamarra fucsia que lo acaloraba de tal modo que sus mejillas llevaban esculpidas unas manchas rosadas. Posaba su espalda baja de la lavadora mientras revisaba su celular.
Me detuve en el marco de la entrada y el, al sentir mi presencia, me miró sin expresión alguna.
El cesto que estaba cerca de sus pies, empezó a moverse de tal manera que mi corazón se paralizó y mis ojos se estacionaron instantáneamente en el hombre.
Una gata salió corriendo del cesto con ropa interior enlazada en el cuello.
Mire a la gata que cruzaba muy tranquila entre mis piernas y camine tras ella fuera de la lavandería para ver si lograba quitarle eso del cuello.
Eran unos boxers de Batman con el nombre de “Fiore”.
Volví caminando hacia él y extendí la prenda hacia su torso y él, la tomo rápidamente tumbándola nuevamente en el cesto.
—grazie, che peccato, mi dispiace— me dijo.
Que significaba: —“gracias, que vergüenza, lo siento”—.
No logre comprenderlo, solo que en ese entonces, acababa de mudarme a Palermo con mi esposa para trabajar en el hotel de sus padres y no hablaba italiano.
Yo simplemente permanecí callado, lo miraba como si me estuviera hablando en Mandarín.
—Yo… no hablo… italiano— exprese detenidamente para ver si él lograba entenderme.
— ¿De dónde vienes?— articulo.
Él sabía hablar claramente español, Fiore había vivido en Madrid por un tiempo conociendo la cultura.
—Para ahorrarte la historia, no soy de aquí—le respondí cortante encogiéndome de hombros.
Era un extraño en aquella época, no era muy abierto ni con mi propia familia.
El solo asintió y continúo mirando su celular.
Creí haber sido muy seco y duro con él. Solo intentaba sacarme conversación. Una semana en Palermo y ya era el hombre antisocial del edificio.
Termine de lavar la ropa, la doble y camine hasta el marco de la habitación. Me di la vuelta y toque su espalda con mi dedo índice para que girara hacia mí. —Soy Hiro— me presente estrechando su mano sudada. — ¿Y tú eres Fiore?
—Si— balbuceo completamente confundido. — ¿Quién te lo dijo? — retrecho.
—Está bordado en tus boxers— dictamine cubriendo mi boca para ocultar las grandes carcajadas que se escapaban de entre mis dientes. —No quise mirar, lo siento, no fue mi intención— acote sarcástico.
Fiore también rio, pero luego quedo en completo silencio; algo pensativo.
Volví a dirigirme hacia la puerta, pero su voz me detuvo. — ¿Hiro, te apetece algún día tomar un café conmigo? Digo, acabas de llegar, mi hospitalidad es primordial.
—No hay problema Fiore— le dije antes de irme.
Fiore y yo, nos conocimos cuando tenía veintidós y el treinta y uno.
Yo estaba casado, y él estaba comprometido.
Si, nos reunimos para tomar ese café, y si, también nos reunimos a engañar a nuestras parejas.
Solo era una fantasía de dos hombres heterosexuales que querían experimentar al comienzo, luego, seguíamos siendo los mismos dos hombres, pero enamorados.