La noticia del embarazo de Amaia cayó como una bomba de felicidad en la vida de Bastián. Su corazón latía desbocado mientras procesaba la información que acababa de recibir. Un hijo, su hijo, crecía dentro del vientre de la mujer que amaba. La emoción era tan grande que no pudo contenerla, y antes de darse cuenta, estaba gritando de alegría, sus ojos brillantes de lágrimas contenidas. Los gritos emocionados de Bastián resonaron por toda la casa, llamando la atención de los niños. Alesso, Alessia y Didi, intrigados por el alboroto, se apresuraron hacia la habitación de sus padres. Al llegar, se encontraron con una escena poco común: Bastián sostenía a Amaia en el aire, girando con ella y cubriéndola de besos. —¿Por qué tanto alboroto? Bastián, notando la presencia de los niños bajó suave

