MI NUEVO SOCIO ES MI DELIRIO

1535 Words
NARRA FRANCISCA Lo último que quiero es molestar a alguien que puede sacarnos del peor problema en el que nos encontramos, y Samantha está provocando a esta chica. La mesa estaba servida. Es enorme, de cristal, y tiene cubiertos como los que solo se ven en las películas. Frente a nosotras están Wade y esta chica, que seguramente es su prometida, novia o algo por el estilo. —Buen provecho —dijo Wade. La chica solo puso los ojos en blanco. Qué incómodo es comer así. Nunca me ha gustado hacerlo frente a alguien que ni siquiera conozco. —Gracias —dijimos al unísono. Llevo el primer bocado de la carne, que está cubierta con una salsa verde, y puedo decir que sabe delicioso. Mis hermanas están haciendo lo mismo, y por lo que noto, también les está gustando mucho. —Esto está muy delicioso —dijo Carolina, con el labio inferior lleno de salsa. —Claro, apuesto a que nunca habían probado comida así —dijo la rubia, obviamente muerta de celos—. A mí se me ha quitado el hambre. —Lanzó los cubiertos y se levantó. —Natasha —dijo Wade, intentando detenerla. —No quiero saber nada —le espetó—. Con estas mujeres aquí, no pienso compartir esta mesa. —Se dio la vuelta y salió disparada. No entiendo cómo un hombre tan encantador y educado como Wade puede estar con una mujer tan odiosa y antipática como ella. —Lo siento mucho por ustedes —dijo Wade, avergonzado. —No te preocupes, es normal que una mujer como ella se sienta así —dijo Samantha. Le hice una señal para que se callara. Sé que siempre es imprudente cada vez que abre la boca. Wade sonrió y preguntó: —¿Por qué? —La curiosidad lo picaba. —Es un pan sin sal y sin ganas, y al vernos a nosotras, se siente amenazada —le tomé el brazo para que cerrara esa bendita boca, pero vi que Wade sonreía un poco por su chiste-verdad. —Tranquila —dijo Wade—, ella tiene razón, ustedes son muy hermosas. Vi cómo se mordió el labio y sus ojos se clavaron en los míos. Me sentía como una niña desprotegida a punto de ser devorada. ¡No me mires así o no respondo! —Pero bueno, vayamos al grano. ¿A qué se debe su visita? Por suerte había traído los documentos que me dio ese abogado. —Por esto —le entregué los papeles y los revisó. Qué sexy se ve cuando se frota el mentón y frunce el ceño. Solo le faltan unos malditos lentes para que parezca toda una fantasía s****l. Dilató unos minutos asintiendo y hablando para sí mismo. —¿Y bien? —preguntó Carolina—. ¿Hay solución para esto? Crucé los dedos para que hubiera algo que él pudiera hacer. —No —dijo tajante. A todas casi se nos cae la mandíbula. —¿Cómo que no? —preguntó Samantha—. Un tipo como tú, seguramente haría que hasta un narcotraficante parezca sacerdote. Debes tener muchas influencias. —Samantha se estaba pasando de atrevida con esa boca. Wade, por su parte, la miró y se levantó de su silla. —Les explico —dijo, viéndonos a las tres—, yo soy abogado y, por ende, conozco las leyes como la palma de mi mano, pero lo que estoy leyendo es un acuerdo que no se cumplió y las consecuencias están escritas. No hay nada ilegal en esto. Ahora, la única solución es pagar la deuda, pero eso también depende de la otra parte, si está dispuesta a ceder. Yo lo dudaba, más por la actitud de ese hombre. Además, ¿de dónde carajos encontraríamos trescientos mil dólares? Ni en sueños, ni vendiendo nuestros órganos. —Estamos fritas —dije—. Lo siento por quitarte tu tiempo —añadí levantándome—, pensé que nos ayudarías, pero lo único que logramos es desilusionarnos más. —Las chicas me siguieron y, antes de cruzar la puerta, Wade nos detuvo con su varonil voz. —Esperen —me volteé—. Déjenme ver qué puedo hacer lo que resta del día, ¿les parece? —preguntó, y no quedó más que esperar y confiar en esa pequeña esperanza. —Está bien —le dije—. Solo no te sientas comprometido con estas aparecidas. No queremos meterte en problemas, menos con tu novia. —No sé por qué, pero dolía tanto pronunciar esa palabra. No sé qué me está pasando con este hombre. —Solo haré un buen trabajo —nos dijo. Y con eso salimos de la mansión, obviamente con pocas esperanzas y con la lástima de quedar sin nada que nos diera de comer. * —¿Ustedes qué creen? —preguntó Carolina mientras estábamos en el coche. —Yo pienso que esperemos a esa maldita zorra y le demos su paliza —dijo Samantha, golpeando su puño con la palma de su mano—. Solo mira su forma de tratarnos. Se cree intocable solo porque está ahí, pero la veré cuando esté sola. —¡Ya! —le dije a Samantha—, lo más importante es que Wade nos resuelva este problema. Decidimos regresar a la tienda. Teníamos que seguir con los pedidos. Cerremos o no, hay que aprovechar lo que nos queda. * Estoy revisando la página de la tienda y, afortunadamente, los pedidos no han dejado de llegar, pero veo que hay un correo con el asunto titulado: IMPORTANTE. Estoy tan nerviosa que pienso que todo es para mal. Me tiembla la mano al hacer clic, pero tengo que revisarlo. "Me comunico con ustedes ya que he recibido innumerables comentarios y recomendaciones que se especializan en cualquier tipo de trabajos relacionados con la pastelería. Necesito un pastel de diez pisos con temática de boda. Los primeros cinco pisos deben ser de fresa y los otros cinco de vainilla. Se les depositará un bono extra si nos sorprenden." No sé si alegrarme o no, porque la otra parte legal nos tiene muy tristes. —Francisca, ¿qué pasa? —se acercó Carolina con la charola—. Deja de estar así, aunque quedemos en la calle, nos vamos a levantar. —Agradezco su comprensión y su apoyo, pero no es suficiente. En eso, Samantha vino con el corazón acelerado. —¿Cuál es la desesperación que traes? —le pregunté. —Es el mismo hombre que trajo los documentos del contrato —dijo, y a mí también se me empezó a acelerar el corazón. El hombre llegó hasta nuestra barra y no quería pronunciar ni una palabra hasta que él dijera lo que venía a hacer. —Buenas tardes, señoritas, lamento mucho… —dijo, pero Samantha lo interrumpió. —Nos iremos hoy mismo —aseguró Samantha. —¿De qué hablan? —preguntó el hombre—. No he terminado de decir a lo que vengo. No les estoy diciendo que se vayan. Lo único que venía a decirles es que agradezco que hayamos llegado a un buen término. Su abogado me contactó y depositó el dinero completo. Lo siento si tuvimos que llegar hasta este punto, pero no tenía más opciones. Aquí está el documento de liberación —me dijo, entregándome el documento original—. Les deseo que les vaya bien con su negocio. —El hombre se dio la vuelta y nos quedamos mirándonos entre nosotras. —Pellízquenme porque esto no me lo creo —les dije a mis hermanas, y ellas me pellizcaron en cada brazo—. ¡Ay, estúpidas! Era un decir, no que lo tomaran literal. Pero ya en serio, ¿Wade pagó todo? —Es una orden que tienes que cazar a ese ejemplar —me dijo Samantha—. De ahora en adelante, yo de ti, solo chupándosela viviera. —Puse los ojos en blanco. Obvio que él no se va a fijar en una mujer como yo. Al instante escuchamos las campanillas sonar. —Ya estamos cerrando —grité desde la barra. —¿Incluso para alguien como yo? —era Wade. —¡Lo siento! —le dije—, no te había visto. —Tranquila —sonrió—, ¿cómo se encuentran? —Obvio que bien, pero con una pena muy grande. —Muy sorprendida —dijo Samantha—. ¿Pagaste esa cantidad solo para liberar la tienda? —Wade resopló sonriente. —No lo tomen de esa forma. Soy un hombre de negocios y veo que este local tiene potencial, así que decidí pagar esa pequeña cantidad. Pero a cambio quiero algo —dijo, y se me aceleró el corazón—. Esperen, esperen —levantó las manos—, no piensen nada malo. A partir de ahora, seré su socio mayoritario. ¿Me aceptan? ¡Por supuesto! Yo encantada de poder verlo seguido. —¡Sí! ¡Eso no es ningún problema! —dije. —Bien, supuse que no habría problema y por eso vine. ¿Qué les parece si celebramos esta nueva sociedad? —Nos quedamos mirándonos—. Yo invito esta vez, la próxima ustedes.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD