ENTRE COPAS Y PASIONES

1655 Words
NARRA FRANCISCA Durante todo el camino, mis hermanas no dejaron de hablar con Wade. Parecía que se conocieran desde hace tiempo o quizás se debe a que ellas son más extrovertidas que yo. En cambio, yo fui en silencio durante todo el trayecto. Ellas iban en la parte trasera, mientras que Wade me ofreció el asiento delantero. —Bien, hemos llegado —dijo Wade. Llegamos a una discoteca de esas a las que solo puedes entrar con membresía—. ¿No hay problema con que haya invitado a unos amigos? —preguntó, y nosotras le dijimos que no. —Con tal de que se parezcan a ti… —dijo Samantha. Un sujeto se acercó al coche lujoso y preguntó: —¿En el mismo lugar de siempre? —a lo que Wade respondió: —Claro, toma —le entregó las llaves. Nosotras bajamos del coche. No sé si estábamos vestidas acorde a la ocasión, pero pude notar que las personas aquí llevaban atuendos más atrevidos. Entre más mostraban sus atributos, mejor—. Síganme —dijo Wade. Me quedé un poco atrás y Carolina se acercó a mí. —Hermana, yo sé que no soy de meterme en tu vida, pero ¿no has notado cómo te mira Wade? —solté una carcajada. —No empieces —la frené—. ¿Un hombre como él? ¿Fijarse en mí? —resoplé—. Solo mira las mujeres que hay aquí, como para fijarse en una simplona como yo. Sí, claro. Ella negó con la cabeza. —Te darás cuenta con el tiempo, es lo único que puedo decirte —empujó suavemente mi espalda. Llegamos a la puerta principal y Wade estuvo hablando un poco con el guardia de seguridad. Entramos, y dentro era otro mundo. Luces de neón por todas partes. La música electrónica bombardeaba mis oídos y sentía el bajo en mi pecho. Parejas bailando. Un par de jaulas con mujeres casi desnudas en su interior. ¿Así se divierte esta gente? De pronto, entre la multitud, se acercaron a Wade dos tipos más. Eran altos y de buen físico. Seguramente eran los amigos de los que había hablado. —Chicas, les presento a mis amigos —Wade se acercó a nosotras para presentarnos a esos chicos apuestos—. Este es Rigo —tomó del hombro al primero, quien tenía el cabello ondulado cayendo sobre su frente—. Este es Jared —un hombre de piel morena que llevaba una camiseta ajustada que mostraba lo mucho que trabajaba en el gimnasio—. Ellas son Carolina, Samantha y Francisca —los chicos nos saludaron—. Son mis nuevas socias. —Vaya, viejo. ¿Cómo haces para tener amigas tan hermosas? —preguntó Rigo. —Sí, lo tenías bien guardado —afirmó Jared. Por lo que pude notar en poco tiempo, Jared ya había hecho contacto visual con Samantha, y eso no prometía nada bueno. Desgraciadamente, incluso Carolina miraba a Rigo con ojos de perversidad. ¡Qué les pasa a mis hermanas! —Bueno, vayamos a la mesa —animó Wade mientras llegábamos a una mesa VIP. Había tragos, bocadillos e incluso un mesero personal. Me senté al lado de Wade, que por cierto, parecía estar pasándoselo de maravilla, al igual que sus amigos. Mis hermanas estaban platicando y sentí la mano de Wade tocar la mía, dándome esa sensación eléctrica. —Relájate —vi sus ojos tan cerca. Nunca lo había tenido tan cerca. Mis ojos inevitablemente se dirigieron a sus labios mientras hablaba. Sacudí la cabeza para que no se diera cuenta… o bueno, no sé si lo hizo—. Hemos venido a disfrutar y veo que eres la más callada de tus hermanas. Asentí. —Es que no estoy acostumbrada a esto —dije señalando la discoteca. —Bueno, pero una vez al año no hace daño —me animó. Tomó una copa y vertió vino—. ¿Brindamos? —él tomó un trago de ron—. Por un buen inicio de sociedad.— Bueno, ¿qué más da? Si estoy con él, creo que el mundo se puede ir al carajo. Brindamos, y vi que sus amigos sacaban a bailar a las chicas. Solo espero que… —¿Bailamos? —muy tarde, ya empezó a hacer efecto el alcohol en su sangre y seguramente en la mía también, porque no sé por qué le dije que sí. Y no solo eso, mi cuerpo era una marioneta, se movía solo. Las luces me daban en la cara desde distintas direcciones, provocándome un efecto de irrealidad. Las manos de Wade se posaron en mis caderas y no sé si esto sea correcto. Él tiene novia y yo no quiero ser una zorra. —Creo que debemos mantener distancia —coloqué mis débiles manos en su pecho. —¿Por qué? —me preguntó sorprendido. —Pues porque tienes novia —dije con dolor. Aún no me acostumbro a ese término porque es doloroso saber que está comprometido. Pero por lo que veo, él sabe que lo que digo es verdad. * NARRA SAMANTHA —Disculpa un momento —le dije a Jared y aparté a Carolina de Rigo. —¿Qué te pasa? —me preguntó—. Me la estoy pasando delicioso y me interrumpes. —¡Mira a esos dos! —le dije señalando a Francisca y a Wade que estaban bailando, pero notamos que a nuestra querida hermana le hace falta un poco de picardía. —Francisca siempre ha sido muy cobarde para estas cosas —Carolina estaba enojada. Es la oportunidad de darle una lección a esa perra de Natasha. —Ya vuelvo —le dije y me dirigí a la barra—. Oye, amigo —le dije al chico que estaba preparando los tragos—, ¿puedes ofrecerme algo que sea muy fuerte? —asintió e intentó darme un ron añejado—. ¡No! —lo frené—. Algo diferente, algo que te eleve más de lo normal. —abrió los ojos de par en par y me mostró una pastillita—. ¡Perfecto! Puedes anotarlo a la cuenta de Jared —asintió y regresé donde estaba Carolina. —¿Y bien? —me preguntó, y al instante le enseñé la pastilla—. ¡Estás loca! ¿Cómo le vas a hacer eso a nuestra hermana? —Cierra la boca, Carolina, ya verás que después me lo agradecerá. Esta va a ser la solución para toda la vida de esta mujer —me encantaba lo que estaba por suceder. —¿Y cómo se supone que lo haremos? —preguntó, pero mi cabeza ya lo tenía todo planeado. —Fácil, iremos donde ella, tú la distraes y yo se la echo en la bebida. Ella negó con la cabeza, pero yo estaba segura de que sería lo mejor para ella. Las dos nos acercamos donde estaba Francisca, bailando como una anciana mientras veíamos que Wade estaba deseoso por devorarla. —Hermanita —le dije al oído—, ¿cómo la estás pasando? —Más o menos —me sonrió—, no estoy tan acostumbrada a estas cosas —lo sé, lo sé, pero pronto eso se te acabará. —Pero si tienes al mejor de todos —dijo Carolina mientras Wade se servía más ron. —Ya saben lo que pienso de los hombres comprometidos —dijo, y le hice un gesto a Carolina para que la distrajera. Me acerqué a la mesa y, sin que nadie me viera, dejé caer la pastilla hasta que se disolvió. Regresé con el cóctel y se lo di a Francisca. Ella lo tomó. —Para que te relajes un poco, hermanita —le dije, pero aún no se lo había tomado. —No sé si sea bueno, es que ya he tomado varias copas de vino y me siento un poco mareada —Carolina insistió en que se lo tomara, y de tanta presión que le hicimos, ella se lo tomó de un solo trago. —Nos vemos luego —Carolina le dio un beso en la mejilla, seguido por el mío. * NARRA FRANCISCA Minutos después ¿Qué rayos me está pasando? No sé por qué, pero me siento muy cachonda e irreconocible. Wade está a mi lado viendo a mis hermanas disfrutar con sus amigos mientras nosotros estamos sentados aquí. Tiene mucha paciencia conmigo, pero esto se acabó. —Quiero seguir bailando —le dije. Me miró con esos ojos profundos. —¿Segura? —me preguntó—. No quiero abusar —aún en ese estado es un caballero, pero mi cuerpo lo está pidiendo a gritos. Me levanté, tomé su enorme brazo y lo arrastré a la pista de baile. No sé de dónde salió este espíritu atrevido, pero mi cuerpo rozaba el de Wade. Le tomé la mano y la dirigí a mi trasero. Sus ojos se abrieron de par en par, y también sentí el apretón que me dio. —¿Te gusta? —le pregunté a milímetros de su rostro. —Desde el primer momento en que te vi —su aliento rozó mi rostro. —Quiero que me hagas tuya esta noche —dentro de mi cabeza me preguntaba cómo había hecho para pronunciar semejante cosa. —Te puede ir mal —me amenazó. —No me importa, quiero que me acomodes la matriz —sentí cómo me tomó de la nuca, atrapándome. Su lengua se introdujo en mi boca, y nuestros movimientos se sincronizaron como si nuestras lenguas se conocieran desde siempre o como si sus labios estuvieran diseñados para los míos. Jadeé, suspiré, y sentí que mis piernas empezaban a debilitarse. Su mano se deslizó hacia mi entrepierna, pero en este punto, quería ser la más sucia con este hombre. Dicen que la vida es una, y yo estaba decidida a cometer ese delicioso error.
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