Hebe Martínez

2101 Words
POV Sun hee Estoy sentando en el bar del hotel que está camino a casa, es mi última noche en Canadá. Mañana mismo a esta misma hora estaré viajando a los Estados Unidos y en menos de una semana empezaré a trabajar en la Universidad Georgetown. Es la única oferta que recibí ya que las clases empezaran muy pronto. Solo me pudieron ofrecer un trabajo de medio tiempo pero al menos podré quedarme a vivir en el campus y el dinero me ayudará a pagar mis cuentas hasta conseguir algo más, lo importante es irme de aquí lo más pronto posible. Tomo el primer trago y me doy cuenta de cómo en cuestión de días mi vida cambió completamente. Mi madre dice estar decepcionada de mi y mi padre me golpeó cuando le dije que me iría. Me dijo que debía ser valiente y enfrentar los problemas, pero me niego a quedarme en el lugar donde fui feliz con ella para luego verla feliz con otro hombre. — Otro más por favor — le pido al barman cuando veo que mi vaso está vacío. Hace un momento le pedí que lo siguiera llenando. — Está bebiendo muy rápido — responde. Solo asiento con la cabeza, no soy de discutir, y la verdad tiene razón. Ya he bebido suficiente no es culpa del alcohol que yo no pueda olvidar. Limpio mis lágrimas y recojo los libros que tengo en la mesa para irme cuando escucho un grupo de chicas reirse fuertemente. Todas se están abrazando y llorando, prometiendose que se llamaran cuando lleguen a casa. Hacen mucho ruido antes de salir, parece que es una despedida. Todas se van pero una vuelve a sentarse en la mesa, parece que está terminado su bebida. Puede parecer infantil, pero me duele ver esta despedida, hoy era la mía y nadie vino. Mis amigos de toda la vida deberían estar aquí, pero decidieron no venir para “no tomar partido” ya que también son amigos de Alma. — ¡Qué escándalo! — digo enojado cuando paso por el lado de la mujer que se quedó. Mis pensamientos nublaban mi mente, llevándome al lugar donde estuve el último mes, en un oscuro y solitario agujero. Normalmente no soy de quejarme pero algo empuja las palabras fuera de mi boca. Quizá deba dejar de ser el chico feliz y tranquilo que fuí con Alma , a pesar de siempre complacerla igual terminó haciéndome a un lado. — ¿Disculpa? — dice tomando mi brazo con fuerza. Trato de zafarme de su agarre pero es fuerte la mujer. Levanto la vista para ver su rostro, esperando ver a una mujer mayor, quizá policía, pero a quien me encuentro es una mujer muy joven, de cabello rubio muy claro. Tiene una carita de niña, puedo ver dulzura en su sonrisa pero sus ojos azules no me engañan y en ellos veo molestia. — Solo dije que tú y tus amigas estaban haciendo un escándalo, ahora tengo dolor de cabeza — dije soltandome de su agarre cuando vi que perdía fuerza. — Sabes — dijo levantándose de la mesa y parándose frente a mí. No pude evitar ver sus piernas largas y muy trabajadas, seguí subiendo la vista y me encontré con sus caderas y una cintura pequeña, sus pechos… — Mis ojos están aquí arriba — dijo llamando mi atención y subí la mirada hacia su hermoso rostro — Gracias. Creo que lo que te dió dolor de cabeza fueron los 5 vasos de bourbon que te tomaste. — Tú ¿Cómo lo sa… — ¿Cómo lo sé? Mis amigas y yo te estuvimos observando — dijo y la miré con una cara de horror ¿Me vió llorando? — ¿Qué? No tiene nada de malo, eres un chico guapo, pero lo que tienes de guapo, lo tienes de amargado y aburrido. — Gracias, creo… ¿Eso es todo lo que viste? — pregunté nervioso. — No, también ví que leías La Divina comedia, es una de mis libros favoritos — dijo y yo solté el aire. No me había visto llorar, eso es bueno. — ¿Qué te gusta del libro ? — pregunté nervioso, pero trataba de igualar su seguridad. — Si quieres que te diga debes de sentarte conmigo guapo — dijo pasando su dedo por mi barbilla, y volvió a sentarse nuevamente. Cruzó las piernas y su pequeño vestido se subió un poco dejándome ver de más. Trague saliva. Era una mujer preciosa, como sacada de una revista, nunca había hablado con alguna chica tan linda me sentía intimidado, incluso poca cosa. Lo pensé un momento, ya debía irme, pero esta mujer es muy seductora a pesar de su carita de ángel. ¿Qué tenía que perder? Mañana me iría a los Estados Unidos y jamás la volvería a ver. Sentía miedo de que pasara algo más, jamás había tenido una aventura de una noche, y aunque tuviera mucho auto control, esta mujer parecía un imán que me atraía a ella. Finalmente me senté frente a ella dejando mi maletín a un lado. — Buena elección — dijo sonriendo — ¿Quieres tomar algo? — preguntó — No creo que el barman quiera servirme — dije mirando hacia la barra, tratando de evitar mirarla de frente. Sentía que sus ojos llegaban al fondo de mi alma como si estuviera buscando mis secretos. — ¿Bourbon? — asentí — vuelvo enseguida — dijo levantándose. Traté de seguir mirando la mesa cuando ella se levantó, pero mis ojos la siguieron cuando caminó hacia la barra. Hasta su forma de caminar era armoniosa. Volteó y me sorprendió mirándola, señaló a la mesa donde estábamos sentados, y yo me volteé para disimular. Habló un poco con el barman, empezaron a reírse, después de unos segundos caminó hacia mí con el vaso en su mano. — Aquí tienes — dijo colocando la bebida frente a mi. — Gracias, deberías pedir algo para ti también, tu bebida ya se terminó, yo invito por supuesto — dije por cortesía. La verdad esperaba que dijera que no, entre comprar el anillo y la reunión en el restaurante gasté todos mis ahorros y me quedaba poco dinero para llevarme a los Estados Unidos. — No te preocupes así estoy bien, pero tú pide lo que desees y lo cargan a mi habitación — dijo amablemente. No iba a abusar, así que solo tomaría esta bebida. Colocó su mano sobre la mía, sentí algo recorrer mi cuerpo, creo que era nerviosismo, pero al mismo tiempo algo en ella tranquilizaba mi corazón. — No nos hemos presentado. Mi nombre es Sun Hee Yun — dije estirando mi mano hacia ella. — Mucho gusto, mi nombre es Hebe Martínez — dijo apretando mi mano con fuerza. ¿Será que si es policía? Tiene un agarre fuerte — Lo lamento hay veces que no mido la fuerza. Mi padre nos entrena, a mi y a mis hermanos cree que iremos al ejército algun dia. — Descuida, tu apellido es Martinez ¿Eres latina? — pregunté. — Los padres de mi padre eran de Puerto Rico, así que creo que si y mi mamá Holandesa/ Italiana de ella saque el cabello así de claro y los ojos celestes — dijo y vi como sus ojos se le iluminaban cuando hablaba de sus padres, hace un mes yo me hubiera sentido así al hablar de mi familia, pero ahora todo ha cambiado — ¿Y tú? ¿Eres coreano? — Mi familia son migrantes de Corea del sur, mis abuelos llegaron a Canadá hace muchos años. Mi padre conoció a mi madre aquí, ella también es coreana. — Que interesante, y cuéntame Sun Hee, ¿Que te trae a este hotel? — preguntó tomando un sorbo de mi bebida. — ¡Oye! es mi bebida — dije tomándola de sus manos. — Se me antojó, no te molestes solo fue un sorbo, puedo pedir otra si te da asco tomar del mismo vaso — dijo y negué con la cabeza. Tome un sorbo y casi podía jurar que sabía mejor que el anterior vaso que tomé — o no — dijo sonriendo. — Vine aquí para olvidar, no me preguntes más por favor. ¿Y tú? — pregunté tratando de desviar el tema. No quiero pensar más en Alma, hoy es el último día que pienso en ella. Me iré de este país y no volveré en un largo tiempo. — Estoy aquí por trabajo… trabajo para esta cadena de hoteles. En unos días me iré a otro lugar, tengo una habitación aquí hoy — dijo en un tono sugestivo. ¿Acaso me estaba invitando a su habitación? — Que interesante — dije mirando hacia otro lado, tenía que cambiar de tema. Esta mujer está causando muchas cosas dentro de mí — ¿Hablaremos del libro? — pregunté — Por supuesto ¿Cual es tu parte favorita? — preguntó inclinándose hacia adelante dejándome ver su escote. ¡Esta mujer va a matarme! — Me gusta mucho cuando Beatriz y Dante exploran el paraíso. Creo que la esfera que más me gustó es la cuarta, el Sol - los Sabios, por eso soy profesor. Considero que la sabiduría puede mejorar el mundo, obviamente no es la misma clase de sabiduría ya que soy profesor de matemáticas — reí nervioso — pero entiendes el paralelismo, antes quise estudiar literatura, solo que — no quería hablar de Alma y como ella me convenció de estudiar otra cosa — cambié de parecer. — Sabes —- dijo moviendo su silla más cerca de mí. Colocó su mano sobre la mía y conectó nuestras miradas — No es necesario que me digas algo que no quieres. Soy una extraña incluso podrías mentirme — dijo mirándome a los ojos. Para ella era fácil decirlo, pero ¿Cómo engañar a sus ojos que parecen el mismo cielo que un se describe en el libro? — ¿Qué es lo que más te gusta del paraíso? — pregunté. — Me gusta mucho Beatriz y como Dante se deja guiar por ella. Hay muchas veces que las mujeres podemos guiar a los hombres, pero ellos no se dejan. Son testarudos, creyendo que lo saben todo. Por eso admiro la relación de mis padres, mi madre manda en la casa, pero mi padre la domina en otros aspectos — dijo guiñando un ojo. — Cuando leí el libro por primera vez me imaginé a Beatriz como una mujer linda y sencilla como tú — dije sin pensar. — ¿Crees que soy sencilla? — preguntó haciéndose la ofendida — Me refiero a tu belleza, no eres como esas mujeres que se ve que pasan horas arreglándose. Casi podría jurar que no tienes mucho maquillaje. — ¿Acaso es un experto profesor? — preguntó levantando una ceja. Lo cual podría verse como un gesto de enojo pero en su carita hermosa se veía como un gesto infantil, lo cual me hizo sonreír. — Bueno, tengo una mamá y también he tenido novias, se cuando una mujer se maquilla mucho. No eres de esas mujeres — respondí seguro. — Pareciera que me conoce profesor y apenas hemos hablado por una hora — dijo. — ¿Una hora? Vaya, el tiempo ha pasado volando — dije mirando mi reloj y efectivamente ha pasado una hora. — El tiempo pasa volando cuando se tiene buena compañía. ¿Creyó que le mentía? Me ofende — dijo. — Sigamos con el libro — propuse — ¿Cuál es su parte favorita? — Me gusta el infierno — dijo quitándome el libro de las manos. Por supuesto, sabía que le gustaba el infierno, cualquiera que la viera pensaría que es un ángel caído ¡Tremenda pecadora! — El círculo de la lujuria — dijo y ví como el azul de sus ojos se fue oscureciendo. — Pero es solo el segundo círculo — respondí — si fueras a ese lugar serías … — Embestida por un fuerte viento, contra las paredes y el suelo sin descanso — dice riendo divertida — No suena tan mal, pero… “La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa cuando se ejerce para aprender a amar” — dice leyendo el libro para luego cerrarlo y ponerlo sobre la mesa. Se levantó de la mesa, creo que es momento de despedirnos. Sentí mi cuerpo temblar cuando dijo la palabra amar. Mis pensamientos deberían viajar a Alma, pero por el contrario solo podía ver a la mujer que tenía frente a mi. — ¿Es una persona religiosa profesor?
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