| ¿Te acostaste con el profesor? |

2156 Words
POV Sun Hee — No, pero si pudiera elegir a qué lugar ir, preferiría el paraíso, no me gustan los castigos. — Sabes — dijo sentándose en mi regazo, no sabía que hacer solo seguí sus movimientos con mis ojos — Yo podría ser tu Beatriz y mostrarte el paraíso pero debes darme algo a cambio — susurró muy cerca de mí oído. Mire para ambos lados, dándome con la sorpresa que estábamos solos. — ¿Qué? — pregunté y ella sin esperar más unió sus labios con los míos. Quería separarme de ella, pero no podía, algo más fuerte me empujaba a corresponderle y no era lo que tenía entre mis piernas. Correspondí su beso de la misma forma en la que ella me besaba, sus labios parecían querer comer mi boca y mis manos torpes recorrieron su espalda, hasta que llegaron más allá y me detuve. — Me gustas profesor — dijo aún con los ojos cerrados, con sus labios aún tocando los míos. Nunca me había gustado tanto que me llamaran de esa forma “profesor” pero de sus labios y con su dulce voz me encantaba. No había besado a nadie de esta forma. ¡No había besado a nadie más que Alma en los últimos 5 años! y aunque me sienta un infiel por estar con ella hoy, no puedo negar que después de muchos días me siento bien. — Tu también eres muy hermosa — dije acariciando su rostro y vi como lentamente abría los ojos. Conecte con ellos y me perdí en la lujuria de su mirada azul. Sin darme cuenta la tomé de la nuca para juntar nuestros labios nuevamente. Cerré los ojos y me dejé llevar por el momento. Nunca me había permitido sentir esto, sentía la pasión crecer desde mi estómago, sus movimientos sobre mis piernas enviaban corrientes de electricidad a todo cuerpo y aunque había una pelea entre mis emociones y la razón, la ajuste a mi y deje que mis emociones controlaran mi cuerpo. Mis manos volvieron a recorrer su espalda, pero esta vez no me detuve cuando llegué a su trasero y tomé sus nalgas con posesión. Su vestido se levantaba de a pocos dejándome tocar su suave piel, no quería exponerla a que alguien nos viera de esa forma pero no podía parar, era muy tarde. Esto estaba mal en todo sentido pero a la vez se sentía tan bien tenerla sobre mi. Sentí como separó sus labios de los míos, mantuve los ojos cerrados esperando recibir una cachetada de su parte, quizá me había pasado y ella pensaría que soy un pervertido, por qué eso es lo que fui. — Ven conmigo — dijo extendiendo su mano hacia mi. Debía dudar pero no había tiempo, era una propuesta que no se repetiría. Así que tomé su mano y con la otra mis cosas. Caminamos a la recepción del hotel de la mano hasta que llegamos al ascensor. Antes de que las puertas se cerraran ella empezó a besarme colgándose de mi cuello, cerré los ojos por inercia y la ajusté a mi quería sentirla cerca, eso me hacía sentir bien, ya no me sentía el poco hombre al que rechazaron. Así sea solo esta noche, esta hermosa mujer me escogió a mí. Llegamos a su habitación y me cohibí un poco al ver tanto lujo, dejé mi maletín en el sofá y me acomodé en él. — No estés nervioso, no pasará nada si no quieres — dijo acomodándose sobre mí nuevamente. — Al parecer tú tienes mucha experiencia — dije y ella asintió con la cabeza. Su gesto me molestó un poco, no entendía por qué. Aquí y ahora al estar con ella no quería imaginarla con nadie más que conmigo. — No la experiencia que te imaginas “profesor”, no ando por el mundo acostándome con cualquier hombre, pero si me dejo llevar cuando siento algo, y en este momento siento muchas cosas por ti profesor. Déjame enseñarte — dijo bajando el cierre de su vestido, para luego sacárselo por encima de la cabeza. Mis ojos viajaron a sus pechos, son grandes y redondos, sus pezones rosados apuntan hacia mi y siento que se me hace agua la boca por besarlos. — ¿Puedo? — pregunté — Puedes hacer lo que quieras Sun hee — dijo y me levanté con ella del sofá para llevarla a la cama. La acosté despacio y subí sobre ella, empecé besando sus labios, fui bajando por su cuello, hasta que llegué a sus pechos no me contuve más y empecé a succionar un pezón y luego el otro. Cerré los ojos para seguir saboreándola, todo de ella era delicioso. Ella es todo una belleza, ni en el más locos de mis sueños me hubiera imaginado estar con una mujer como ella. ¿Será que estoy soñando? Escuché un gemido salir de sus labios cuando colocó su mano sobre mi polla la cual se marcaba en el pantalón y me sentí tan halagado como si me hubieran dicho el mejor de los cumplidos. Abrí los ojos despacio para encontrarme con sus dedos bajando hacia su centro. — Tranquila — dije — Yo lo haré — recorrí su pequeña cintura y su vientre perdiéndome en la suavidad de su piel hasta que me encontré con su ropa interior. ¿Estoy haciendo lo correcto? Trataba de buscar la respuesta dentro de mí pero aunque la razón gritaba que no, mis dedos no se detuvieron y apartaron su tanga para llegar a su calor. — ¡Maldición! — dije cuando sentí como sus jugos empapaban mis dedos. Seguí bajando hacia su centro dejando besos por su piel mientras mis dedos estimulaban su clítoris. — ¡Aaaaaah! — grito y luego de unos segundos tocaron la puerta. — Hebe, Amor ¿Estás bien? — preguntaron al otro lado. Ella abrió los ojos, me hizo una seña para que guardara silencio, corrió hacia el baño y se colocó una bata. ¿Hebe? ¿Amor? ¿Acaso ella tenía novio? Me sentí peor aún que antes y tomé mis cosas para irme. — Tranquilo no es lo que piensas, es mi papá — susurró — ¿Crees que podrías esconderte? — No mejor me voy — dije caminando hacia la puerta. — Sun Hee creeme que si te ve lo último que harás será irte, él es capaz de casarme contigo en este instante. — ¿Tan malo es? — asintió con la cabeza — Está bien pero solo un momento. ¿Debajo de la cama? — pregunté — Si — dijo y me agache para esconderme. Me sentía un tonto, pero dentro de mi quería asegurarme de que fuera su papá y no algun novio. ¡Cómo es la vida! Hace unos días yo estaba llorando cuando ví que mi novia me fue infiel y ahora yo estaba aquí escondido en la habitación de una hermosa mujer que posiblemente engañó a su novio conmigo. Escuché que la puerta se abrió y sentí unos pasos pesados acercándose. — Papá ¿Qué sucede? — preguntó Hebe. — Nada princesa, me pareció escuchar algo ¿todo bien? — preguntó el hombre. — Si papá me gustó mucho el hotel, las personas que trabajan aquí son muy amables, me gustaría mucho conversar con el administrador mañana antes de irnos al hotel en Toronto. — Tu madre ya se encargó de todo, es tu trabajo, pero también son vacaciones. ¿Te despediste de tus amigas? — preguntó el hombre. — Si papá gracias por llamarlas — respondió Hebe. — Bueno hija, hablaremos más tarde, te traeré algo para el dolor de cabeza, seguro estuviste bebiendo — dijo caminando hacia la salida. — Gracias papá — dijo Hebe cerrando la puerta. — Sun, ya puedes salir — dijo mirando debajo de la cama. — Bueno, esto no fue lo que esperaba — dije tomando mis cosas. — Puedes quedarte un rato más, si quieres — dijo con una sonrisa pero negué con la cabeza. Sé que si me quedo luego voy a arrepentirme. — Me iré, pero no es por ti, sino por mi. Debo tomar un vuelo en la noche y tengo muchas cosas que hacer aun — dije. — Entonces este es el adiós — dijo mirando al piso — No soy de aquí, así que será difícil volver a vernos. No quería decirle que iré a Estados Unidos porque por su acento se que es Americana y decirle eso sería dejar abierta la posibilidad de vernos otra vez y por el momento creo que lo que hice con ella fue demasiado. Me voy de aquí para sanar y mejorar como persona, no para involucrarme con alguien más rápidamente. — Me gustó mucho conocerte, creeme que hoy fue un día difícil y estar contigo me ayudó mucho. No puedo decirte más pero fuiste como un angelito que Dios mandó para alegrar mi día — dije besando su mejilla. — ¿No hay forma de que pueda convencerte? — preguntó abriendo su bata. — No, ya debo irme — dije dándome la vuelta. — Déjame ver que no haya nadie afuera — dijo abriendo la puerta. Miro a los lados y me avisó que podía salir — Adiós Sun Hee, ¿Podrías darme un último beso? — preguntó. Con mi brazo rodee su cintura para atraerla a mi, y junte mis labios con los suyos. La besé con todas las ganas que sentía de quedarme con ella, pero en el fondo sabía que no era correcto. Sentí como sus brazos envolvieron mi cuerpo. Cuando cortamos el beso, aspiré el olor de su cabello una vez más. Nunca había tenido una aventura de una noche y siento que esto no es para nada como una aventura. No creo que despues de tener sexo los amantes de una noche se abracen o besen pero nosotros no tuvimos sexo, yo solo estaba haciendo lo que me nacia del corazon. Le agradecí mentalmente por haber compartido este momento con ella, por que al salir de aquí ya no me sentiria triste, ya no sería el hombre rechazado. — Sun Hee, si alguna vez nos volvemos a encontrar ¿Me invitarías a salir? — preguntó Hebe abrazándome fuerte. — Me sentiré honrado de salir con una mujer tan hermosa como tu, espero que cuando te vuelva a ver no estés casada y con muchos hijos — dije riendo y ella negó con la cabeza. — Hasta luego profesor, que le vaya bien en su viaje — dijo separándose de mi. — Adiós Hebe — dije fuerte, pero en mi mente quedaba “nunca te olvidaré” que no me atreví a decir. POV Hebe Una semana después Llegué tarde a la clase y entré corriendo a sentarme en los asientos de atrás con mis amigas. — Hebe mira ese es el nuevo profesor ¿No está guapo? — preguntó Cecil mirando la espalda fuerte del nuevo profesor mientras éste escribía en la pizarra. — No lo sé, no he visto su rostro — dije apresurada buscando mi cuaderno para apuntar. Pre-cálculo era mi peor materia y si no aprobaba esta clase no me podía graduarme el próximo semestre. . — ¿Hebe? ¿Ese no es el hombre de la foto? — titubeó Jenn mirando al frente. — No, el hombre de la foto vive en Canadá, es imposible — respondí pero levanté la vista para mirarlo y era cierto, él estaba aquí. ¿Era el nuevo profesor? — Ya te vio — dijo Jenn y yo me oculté tras su cabello abultado — ahora se dará cuenta que se acostó con una universitaria. — ¿Te acostaste con el profesor? — preguntó Cecil — ¡Eres toda una perra! ¿De qué tamaño la tiene? Nunca he estado con alguien asiático, pero las malas lenguas dice que lo tienen pequeño — dijo Cecil y negué con la cabeza. — ¿Es bueno en la cama? — preguntó Jenn — No seas mala, cuéntanos — dijeron las dos juntas haciendo que mi paciencia llegue al límite. — ¡No me acosté con el profesor! — grité y todos voltearon a verme. Oculté mi rostro como pude, estaba mirando al piso fingiendo que buscaba algo en mi mochila cuando unos zapatos negros bien lustrados se detuvieron al lado de mi asiento. — Señorita ¿Tiene algo que compartir con la clase? — preguntó Sun Hee. Podría reconocer su voz en cualquier lado. Después de esa noche me arrepentí de haberlo dejado ir. Si al menos se hubiera quedado conmigo ese día, tendría más que un beso para recordar. Todos los dias lo veia en mis sueños, no podía dejar de pensar en él. — No, profesor — dije aun mirando al suelo. — ¿Hebe? — preguntó. Reconoció mi voz. ¡No puedo creerlo! Levanté la vista emocionada para saludarlo pero en sus ojos solo vi terror.
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