Cuando Matthew termina el rodaje del día cerca de las siete de la tarde, revisa su teléfono que ha dejado en silencio, algo de lo que se arrepiente rápidamente porque nota las decenas de llamadas perdidas no sólo de la odiosa de Jannina, sino del equipo de seguridad de sus mujeres y de su hermana.
—¡Boris, el avión ahora mismo! —grita a su asistente saliendo del set y marcándole a su hermana, pero esta vez es ella quien no contesta. Y allí comete otro error, en lugar de llamar a su jefe de seguridad, le marca a Jannina, quien le responde totalmente histérica.
“¡Oh, por Dios! ¡Matthew, tesoro, que bueno que al fin llamas!
—Jannina, cálmate y dime qué pasó, ¡¿por qué tengo tantas llamadas?! ¡¿Le pasó algo a mi hija?!
“Casi… ¡Pero yo la salvé! Una mujer la quiso secuestrar, aprovechó que hubo un tiroteo en el centro comercial y…
—¡¿Qué?!
En lugar de calmarlo, Jannina lo altera más y decide cortar. Lo único que entiende es que su hija ha estado en un tiroteo y que una mujer la quiso secuestrar… y como su imaginación es tan estilo Hollywood, se imagina que todo ha sido para secuestrar a su hija y extorsionarlo.
Media hora después, cuando llega al aeropuerto, el jefe de seguridad le explica lo ocurrido en realidad, pero aun así Matthew no está tranquilo, por lo que lo único que desea es llegar lo antes posible con su hija, su mayor tesoro en el mundo.
En Los Ángeles, Paloma camina rápidamente a la habitación de su madre, pero es interceptada por el médico que la está tratando, quien le dice que está demasiado débil, por lo que le preocupa que la saquen del hospital porque necesita cuidados especiales en todo momento.
—Ahora, ve con una de las enfermeras, ese golpe no se ve bien, no queremos preocupar a tu madre.
—Pero…
—Nada, esto corre por mi cuenta, ve —Paloma asiente y camina con la cabeza gacha como niña regañada. El médico camina en sentido contrario y allí es interceptado por Valery, quien le inventa una historia muy convincente para saber qué le pasa la madre de Paloma.
En otro cuarto, una enfermera termina de atender a Paloma y le recomienda que mienta, que le diga que se cayó del autobús porque alguien la empujó al bajar. La muchacha se va con su madre y en cuanto entra al cuarto, la mujer le pregunta qué le pasó.
Tras contarle una enorme mentira, Paloma la abraza un poco más hasta que se duerme y sale del cuarto a sentarse al pasillo. Mientras se come el sándwich, piensa qué hará de su vida, cómo se supone que arreglará todo para que su madre sea atendida, cómo pagará la deuda que tiene con el hospital y sobre todo, cómo logrará salir de ese hoyo tan horrendo en el que terminó metida.
Esta vez no puede evitar que las lágrimas se le caigan, se limpia con el dorso de la mano, pero las lágrimas siguen cayendo, hasta que un pañuelo se cruza frente a ella.
—No deberías comer y llorar, te dará hipo —Paloma sonríe al ver el rostro amable de Valery y recibe el pañuelo—. No quiero ser entrometida, pero, ¿puedo preguntar por qué estás así?
—Porque soy una hija terrible —deja la comida de lado y se abraza el cuerpo—. Yo debería tenerla en mejores condiciones, darle lo que necesita para sobrevivir, pero en cambio sólo consigo que me corran de todos los trabajos y llenarme de más deudas.
—¿Algo en lo que te pueda ayudar?
—Tal vez sí, pero jamás le pediría dinero, porque eso es lo que necesito para salir de todo esto.
—Te debo la vida de mi sobrina, te lo dije, ninguna suma de dinero será excesiva para demostrarte mi agradecimiento.
—No… no podría aceptarlo. Lo que hice fue porque me nació, así como a la teñida le nació correr y dejar a Beth sola. Me doy por pagada con la comida.
—Eso es demasiado poco, pero ya que no quiere el dinero así de fácil —dice ella con sarcasmo, porque lo que vivieron ni fue nada sencillo—. ¿Qué te parece reconsiderar el trabajo de cuidar a Beth?
—Ya le dije, no soy la más…
—¿Incluso después de pagar tu deuda? —Paloma abre los ojos asustada y Valery se pone de pie—. A pesar de eso, no te obligaré, pero sí quiero que consideres lo que te pido —le entrega uno de los folletos que estaban pegando, el que además tiene una dirección—. Te espero mañana a las ocho, te advierto que, si quieres el trabajo, vas a tener que pelear por él porque quien tiene la última palabra es mi hermano.
—Yo…
—No me digas nada ahora. Quiero que vayas a casa, que duermas tranquila porque tu madre estará bien atendida y nada malo le ocurrirá —Paloma la mira con los ojos llenos de lágrimas y asiente—. Lo único que te debe preocupar ahora es que me debes más de cincuenta mil dólares… y la única manera en que me los puedes pagar es cuidando a mi sobrina.
Antes de que Paloma diga algo, Valery le guiña un ojo y se va, dejándola sola con aquella dirección a un trabajo seguro y estable. Ella no quería nada de eso, pero después de todo su madre estará mejor y eso es lo único que importa, tal vez la paga no sea tan mala, con quince dólares la hora se conforma, es suficiente.
Y sin saber muy bien qué hará, sale del hospital terminando su sándwich, se va a casa y se tira en la cama a pensar qué decisión tomará.
Mientras Paloma se deja ir por un sueño más tranquilo a pesar de su día, Matthew llega a la casa desesperado, corre al cuarto de su hija y antes de que grite, Valery le hace un gesto para que guarde silencio. Lo saca al pasillo y él no duda en abrazarla.
—Lo siento tanto, yo debí estar con ustedes —Valery lo mira y sonríe mientras se limpia las lágrimas—. ¿Cómo está? ¿Le costó dormirse?
—No… para ella no fue demasiado traumático como para otros niños, recibimos ayuda de un ángel, como ella le dice.
—Valery, ¿qué demonios estaban haciendo en el centro comercial?
—Paseando, no puedo tenerla encerrada todo el día, no quieres mandarla a la escuela, no quieres que salga a ninguna parte… ¡Ella necesita compañía y a otros niños!
—Sabes que no quiero que se contamine con las mujeres que están fuera…
—¿Y Jannina? ¿Ella no es perjudicial para tu hija?
—Ella es… es diferente, aunque no lo suficiente.
—Matthew, Beth necesita amor, amigos y un respiro… y una niñera, porque lo he decido, regresaré a mi trabajo.
—Pensé que la querías más —sisea Matthew y camina a su cuarto, Valery lo sigue y lo enfrenta.
—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Yo he estado para ella desde que supe venía en camino! Dejé todo por ella y es algo de lo que jamás me arrepentiré. Mientras mis rivales ganaban nominaciones y fama, yo estaba limpiándole el trasero y los mocos a tu hija, ¡mi sobrina! Tú no tienes idea de lo que puedo llegar a hacer por Beth.
—No se nota, ya que quieres dejarla con una extraña.
—Definitivamente contigo no se puede hablar… —Valery lo deja solo, está cansada y sólo quiere dormir de una vez. Mientras que Matthew se va al cuarto de su hija para verla dormir y pensar qué hará con ella.
Todos esos dilemas y temores se los lleva la noche, Beth se despierta temprano como todos los días y salta sobre su padre para despertarlo. Ambos bajan al desayuno y Beth le cuenta lo que pasó el día anterior. Valery se une a ellos en silencio, cuando el timbre suena.
Minutos después aparece una de las criadas para decirles que una señorita los busca y Matthew se adelanta para ver quién es la mujer que osa a meterse en su casa a esa hora. Aquel rostro rabioso se enfrenta a una Paloma sonriente, pero la sonrisa se le pierde cuando él la toma del brazo y la lleva a la puerta.
—¡¿Qué hace usted aquí?! ¡¡Largo, yo no quiero mujeres en esta casa!! —y la saca fuera sin contemplaciones, dejándole ver a Paloma al peor hombre de todos los que ha conocido.