Capitulo 3

1779 Words
Desde el día que llegó para todos fue claro que Tania Krisword pertenecía al mundo de los niños privilegiados. La rubia era elegante para su edad. No poseía esa forma desgarbada que los adolescentes tenían y sobre todo, era dueña de una presencia que hombres de cuarenta años quisieran tener. Era casi instantáneo que siempre que entraba a un sitio, todos volteaban a verla, incluso Analia y Amelia habían sufrido de su efecto algunas veces. Tania era el tipo de chica que todos creían que todo le llegaba fácil, pero lo que nadie sabía era que ella había tenido una vida difícil. Pocos habían tenido el privilegio de ser su confidente. Los Irford y Mia se habían sorprendido de escuchar su historia y lo que había logrado a su corta edad. Esa era una de las cosas que había enamorado a Matteo de la rubia. No era común que en su mundo alguien trabaje duro por conseguir lo que quisieran. A la mayoría todo se les entregaba en bandeja de plata. - No quiero ser de las que arruinan un buen momento, pero tengo que irme. -se disculpó la rubia Krisword levantándome de la cama de su mejor amiga y soltó la mano de su novio. Casi al instante las quejas de las otras dos chicas se hicieron escuchar mientras fruncían el ceño. Parecía que hacía solo un momento la estaban recibiendo en la entrada de la casa, aunque en realidad ya habían pasado varias horas. - ¿Tan pronto? -pregunto Analia levantándose también de los pies de la cama.- ¿No puedes quedarte un poco más? - No puedo. -la imitó Mia.- Necesitamos planear la fiesta de los mellizos. -le recordó la rubia caramelo y Tania sonrió casi enseguida. Era de conocimiento público que el cumpleaños de los mellizos era un evento histórico. Al haber nacido en días diferentes la fiesta se alargaba por dos días completos para que ambos se sientan correctamente festejados. En años bisiestos la fiesta incluso se iba por tres días seguidos. Era tan grande e importante que el colegio incluso hacía un poco de vista gorda con respecto a las faltas en esos días. Después de todo, era el cumpleaños de los hijos de uno de sus benefactores más grande. - Mimi, su cumpleaños es en Marzo. -le recordó divertida con una ceja enarcada mientras dejaba un beso en la mejilla de Analia como despedida. - Y sabes que es necesario planearlo con anticipación si queremos que sea memorable. -le refutó Amelia abrazándola como despedida. Eso consiguió una risa de parte de Matteo casi al instante. - Vamos, rubia. -se incorporó el único chico de ese grupo.- Aun tenemos tiempo y de igual manera, estoy seguro que Lia ya tiene planeado todo desde su cumpleaños de este año. - se encogió de hombros mientras recogía su billetera de la cama. - Trevor está aquí. -lo detuvo Tania divertida al ver que su novio ya estaba recogiendo todo para ir a dejarla.- Quédate con las chicas, apenas me desocupé te llamo. -ofreció poniéndose en puntillas para dejar un casto beso en los labios del rubio, a lo que el chico hizo un puchero. - Sabes que no me molesta llevarte. -rodeó la cintura de Tania y ella aprovechó para rodear su cuello. Para ese momento parecía que a ninguno de los dos les importaba ni les molestaba el hecho de que tenían público. - Lo sé, pero tengo que hacer algunas cosas y como chofer ya lo tengo a él. -sonrió y cuando se acercó a dejar un nuevo beso, Analia los interrumpió. -Si, si. Mucho amor entre ustedes, déjala que se vaya pronto para que vuelva pronto y podamos hacer algo en la noche. -aplaudió un par de veces para dar poder a sus palabras y Tania rió dejando su frente en el pecho de Matt. - A veces olvido lo mandona que eres, Lili. -volvió a reír separándose de su novio y le dio una sonrisa a su mejor amiga.- Nos vemos en la noche. Envienme el plan para poder cambiarme. -pidió antes de despedirse de nuevo para salir de la casa Irford. La rubia salió y se subió al auto sin dejar de ver la hora en su reloj. Estaba un poco atrasada pero no veía un problema, aún alcanzaba a cambiarse y a encontrarse con el hombre con quien debía hablar. El dinero es el motor que mueve el mundo. No importa quien opine o quien comente, es una realidad que todos necesitan aceptar tarde o temprano. Tania lo había aceptado mucho antes de lo que otras personas lo hacen. Desde muy pequeña ella había pertenecido al privilegiado mundo de la gente con dinero. Ahora en su adolescencia no estaba dispuesta a dejarlo atrás nuevamente. No después de haberlo recuperado. La rubia miró su reflejo donde una pelirroja le devolvía la mirada. Había escuchado rumores de como conseguir dinero fácil en Sparrow. Todo pueblo tenía su manzana podrida, según lo que había aprendido en sus cortos dieciséis años, y justo en estos momentos ella necesitaba encontrar esa manzana. Sin embargo, por la misma experiencia no era tonta, Tania sabía perfectamente que jugar con ellos era peligroso y que necesitaba un pseudónimo si quería involucrarse con ellos. Sí, los riesgos también eran necesarios, pero ir prácticamente sin compañía ya era suficiente arriesgado. Pasó su pulgar limpiando el labial un poco corrido y arregló la peluca una vez más antes de respirar hondo. Era el momento de ganar su dinero y ayudar a su familia. La campana del pequeño local sonó al pasar por la puerta. Era un pequeño sitio de comida hogareña, todo el ambiente invitaba a pasar con la familia en un entorno cálido. El aroma era fuerte y a cualquiera se le haría agua la boca con un solo pie dentro. La música transportaba a una realidad donde nada más existía. La gente reía y los meseros sonreían mientras atendían cada mesa daban un aire amable y tranquilo. Todo lo contrario a lo que se encontraba en el corazón del local. Tanía tuvo que admitirse a sí misma que la fachada estaba muy bien organizada, incluso ella habría caído en el truco de no saber lo que estaba buscando. Respiró hondo, controlando que no pareciera debilidad sino algo más como un gesto común. Casi como si estuviera aburrida de estar ahí y que su presencia se trataba más de un favor que un beneficio mutuo, y más para ella. La rubia, ahora pelirroja, recorrió el lugar con la mirada, buscando a la persona que la mayoría huía pero que ella tenía que encontrar. Considerando el nivel de la fachada, creyó que sería mucho más difícil de identificar. Esperaba que se tratara de alguien tan… Extrañamente feliz y amable, como los demás. Pero sus expectativas no podían estar más equivocadas. Su mirada cayó en un hombre casi completamente rapado con una cicatriz en la ceja. Su cabello n***o casi inexistente y sus rasgos fuertes lograban una forma de intimidación, pero Tania no se asustó. Al contrario, se acercó sin titubear o dudar. El temido Francesco D´Luca era el hijo mayor de una de las mafias más poderosas de Sparrow, por no decir la mayor. Todos sabían quién era y sobre todo nadie podía confiarse de que cumpliera su palabra o que no hubiera algo oculto en sus tratos. Para nadie era una sorpresa que él hubiera seguido los pasos de su padre así como los tres hermanos menores a él. - No sabía que papá había encargado una sorpresa. -Enarcó una ceja observando a la nueva pelirroja con cuidado.- Le faltan curvas para lo que me gusta pero no me quejo de un par de piernas abiertas. -se encogió de hombros pasando su lengua por su labio inferior. Tania se contuvo de estremecerse por su mirada. Nadie estaría cómoda cuando la miraban como si fuera un simple pedazo de carne, pero entendía a qué venía. Eran chicos acostumbrados a tener a cualquiera a sus pies. Los D´Luca no eran feos sin duda eran bastante atractivos para cualquiera que no conociera su historia, sin embargo, Tania si lo hacía. - Mi nombre es Alia. -se presentó la heredera Krisword a lo que Francesco entrecerró los ojos y borró su sonrisa. El chico levantó su mano e hizo una seña al hombre mayor a su lado. Era claro que la conversación de los dos hombres frente a ella había acabado. El mayor de los dos dijo una frase en otro idioma antes de levantarse sin quitar la mirada de Tania. - Llegas tarde, muchacha. -enarcó una ceja y pasó su mirada lentamente por el cuerpo de la adolecente.- Mi tiempo es preciado y no puedo perderlo en tonterías de niños. -Tomó el vaso con alcohol en él. - Lo siento mucho, Francesco. -Se disculpó la chica tomando asiento frente a él.- Unos negocios me retuvieron más tiempo de lo que esperaba. -cruzó sus piernas en un movimiento calculado para llamar la atención del hombre nuevamente. Sin embargo, ese gesto sólo logró sacar una carcajada del sujeto frente a ella. Tuvo que contener cada músculo en su cuerpo para no reaccionar a su risa y mantenerse en el papel que quería dar. - No me excitan las niñas, preciosa. -rodó los ojos.- Deja tu juego y dime a qué viniste a verme. -sentenció, logrando hacer que Tania se sienta levemente avergonzada. - Necesito trabajo y me dijeron que tú podrías ayudarme. -suspiró descruzando las piernas.- Haré lo que sea. El muchacho se tomó su tiempo antes de contestar. Era claro que estaba analizando las circunstancias mientras pasaba sus ojos por cada milímetro de su rostro. Era tan frío y calculador como el resto de su familia… Algunos incluso dirían que era más bondadoso de lo que había sido su padre en su posición. Tania no sabía qué tan fácil era pedirle trabajo a él. No se había planteado otra forma de hacerlo que simplemente presentándose frente a él para pedir lo que necesitaba y por primera vez, se preguntaba si había sido lo correcto. - No ofrezcas lo que no puedas cumplir, Thalia. El simple tono de su voz fue suficiente para estremecerla, ni siquiera alcanzó a controlar su cuerpo para que no se le notara. ¿Qué iba a pedirle que hiciera? Considerando su estatus social y edad, sospechó que la utilizaría como un tipo de infiltrada para conseguir información desde adentro, quizás incluso un poco de trabajo sucio como conseguirle documentos… Pero su tono le dejó muy claro que si a él se le antojaba podía tratarse de absolutamente lo que se le ocurriera en esos momentos.
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