Capítulo 4

2079 Words
Entender qué lleva a las chicas a una decisión tan extrema como para pertenecer a un grupo semi terrorista, lógicamente no es fácil. Mucho menos cuando se trata de un grupo… Privilegiado, al menos a simple vista. Sin embargo, los adolescentes o jóvenes adultos son un objetivo bastante fácil si lo que quieres es lavar su cerebro y tener un control de ellos. Es por ello que también buscan a chicos en situaciones complicadas para que sea más fácil su enlistamiento. Digo, ¿qué sentido tendría buscar a personas que tienen una buena vida? Ninguno quería arriesgar eso si tuvieran algo que perder. Sabía que la vida de mis amigas no era fácil y sobre todo sabía que ninguna era feliz en las circunstancias que vivíamos. Mia, a pesar de lo poco que hablara de eso, tenía más de un indicio de los que yo reconocí casi a la perfección. La ropa holgada y cubierta cuando hacía calor, la mirada perdida, el cuerpo tenso al mencionar a su padre, el temor de regresar a casa por no saber que podría llegar a encontrar al llegar. Estas eran pocas y muy sutiles señales que no se podían reconocer por alguien en una situación normal. Sin embargo, yo no vivía en una situación normal. Se podría decir que es lo mismo a otros grupos sociales, por ejemplo, los deportistas encuentran a otros deportistas y los drogadictos encuentran a otros drogadictos. Por mi lado, el abuso no era físico pero sí emocional. Removi la pasta en mi plato por cuarta vez de lo que llevaba la comida. Mi mirada no podía apartarse del plato. Sabía que eso me causaría problemas en un futuro si no comenzaba a actuar como si todo estuviera bien, pero no tenía energía para fingirlo. Las voces se escuchaban a mi alrededor, risas y cubiertos chocando con los platos. La cena parecía ir bien y eso pondría de buen humor a mi padre, lo que a corto plazo, sería bueno para mi. - Lee, ¿estás bien? -escuché una voz susurrada a mi lado derecho. Pestañee varias veces, frunciendo el ceño antes de enfocar de nuevo mi vista y la dirigí a la persona que había preguntado. Hice una pequeña mueca con la boca, esperando que pareciera la sonrisa que tenía como propósito obsequiarle antes de asentir de manera sútil. Matteo enarco una ceja, era claro que no lo podía engañar a él pero tampoco quería llamar demasiado su atención. Él no necesitaba saber lo que me atormentaba aunque sospechaba que se hacía una idea de lo mucho que detestaba estas cenas. - ¿Qué tal las clases?. -una nueva voz nos sacó de la pequeña conversación telepática que estábamos teniendo y ambos enfocamos nuestras miradas en el grandioso Marcus Johnson.- Su padre me dijo que están estudiando cerca para poder estar al pendiente de la empresa. Muy bien, chicos. -nos dio una sonrisa admirada el hombre rubio que no se parecía en nada a su hija. - Solo Matteo. -corrigió mi papá negando con lo que había dicho el señor Johnson.- Matteo es el que se quedará con la compañía y él necesitaba quedarse. Analia no consiguió entrar a otra universidad y nos tocó pedir ayuda para que ingresara en la misma que mi hijo. -le restó importancia y yo bajé mis manos para hacer puño la servilleta en mis piernas. Eso era mentira. Mis calificaciones siempre habían sido impecables. Por muy poco Matteo me había ganado como mejor de la clase y no me molestaba. Sin embargo, no iba a dejar que mi padre ensuciara mi buen nombre de esa manera. - No quise alejarme de mis hermanos. -expliqué con una sonrisa que esperaba se viera natural.- Zoey es muy pequeña aún y no quisiera que creciera sin su hermana mayor. -tomé la mano de mi hermana por debajo de la mesa y ella me dio una de sus preciosas sonrisas. Apenas terminé de decir las últimas palabras sentí la mirada furiosa de mi padre, pero no me importaba. Esa era la verdad. Yo no dejaría sola a Zo y sin la protección que a mi me hubiera gustado tener. Ella crecerá como una niña feliz, me costara lo que me costara. - Lee siempre ha tenido una relación fuerte con Zoey. -intervino mi madre y por primera vez desde que empezó la cena, una sonrisa genuina, de agradecimiento, apareció en mis labios.- Y eso es muy admirable. -aseguró mamá y me contuve de correr a abrazarla. - Admirable sería graduarse con honores como lo hizo Matteo. -mi padre intervino para poder desviar la atención otra vez a un tema que le importara.- Las universidades se peleaban por tenerlo con ellos. -afirmó colocando su mano en el hombro derecho de mi hermano con orgullo.- Definitivamente si alguien heredó mi inteligencia y mi visión es él. ¿Verdad, Matt? -le dirigió una sonrisa a lo que mi hermano se limitó a encogerse de hombros. A Matteo nunca le había gustado llamar mucho la atención en este tipo de cenas o fiestas de negocios de papá. No le importaban mucho, ni le interesaban. Creía que eran demasiado frívolas y una completa pérdida de tiempo. - De no ser por las “Ias” nunca hubiera podido lograrlo. -aseguró y tuve que morderme los labios para no reír al ver la mirada de mi padre de irritación. - ¿Las Ias? -preguntó Marcus frunciendo el ceño.- ¿Qué es eso? ¿Un grupo de tutoría? -indagó mientras tomaba un pedazo del delicioso salmón que habían preparado. - Somos nosotras. -contestó Tania en medio de mi mamá y Mia tomando la copa de vino blanco frente a ella.- Es como nos llamaban en el colegio por nuestros nombres. -explicó antes de darle un pequeño sorbo al vino.- Es por nuestros nombres. Lia por Analia, Mia por Amelia y Nia por Tania. Siendo honestos con todos, ese nombre era horrible y había luchado duro y tendido para evitar que se propagara pero era como la peste. Todos parecían amarlo y poco a poco todos los estudiantes y personal del colegio lo utilizaron, haciendo que se quedara plasmado. - De seguro Nia fue la que más te ayudó. -sonrió el padre de Mia y noté como ella también se tensaba.- Se ve que es una jovencita muy inteligente. -le dió una sonrisa a la rubia, quien le devolvió el gesto con agradecimiento. Con eso la conversación volvió a centrarse en los logros de mi hermano y lo suertudo que era de haber encontrado a una chica como Tania. Agradecí que otra vez la atención se desviara de mí y en poco tiempo después llegaron los camareros para llevarse los platos ya vacíos. La cena fue llegando a su fin y los hombres se levantaron para irse al estudio de mi padre, dejándonos a mis amigas, a mi hermana, a mi mamá y a mi, más tranquilas. - Dios, esas cenas se vuelven más tediosas cada día. -suspiró Mia y yo asentí levantándome también mientras terminaban de retirar los platos. - No sé cuántas más de estas podré aguantar. -susurré de vuelta mientras miraba de reojo a mi hermanita que a su vez observaba divertida la conversación que se daba entre mi madre y Tania. Mia me dio una pequeña sonrisa y tocó el hombro de nuestra amiga para llamar su atención. La rubia platinada nos miró de reojo unos segundos antes de enfocarse en mi madre y finalmente disculparse para levantarse también. - No te preocupes, cariño. -le dio una sonrisa dulce mi madre levantándose también.- Zo-zo y yo tenemos una cita con las estrellas. ¿Verdad, princesa? -miro a mi hermana a quien casi instantáneamente se le iluminaron los ojos. - ¡Si! -se levantó también emocionada.- Pensé que hoy no podríamos por la cena. Yo negué divertida con eso. Cada uno de nosotros había sido víctima del increíble conocimiento astrológico de mi madre. Desde niña había estudiado las estrellas, según lo que ella mismo nos contaba, y era su pequeña piedrita para aportar a nuestra educación ya que nuestro padre nunca había cedido a la idea de educarnos en casa. Mamá se despidió junto con Zoey y nosotras tres nos miramos antes de asentir. No se necesitó nada más y subimos a mi habitación quitando poco a poco las horquillas de nuestros peinados. - Me duele la cabeza. -se quejó Nia utilizando las yemas de sus dedos para aflojar la molestia de su cuero cabelludo, despeinandose levemente.- Maldito sea el día que me cruce con ustedes. - bromeó con su cabellera como melena de león. Me reí con eso y le di un pequeño empujón antes de dejarme caer en mi cama con un suspiro. Mia por su lado se quitó los zapatos y se acercó a mi peinadora para buscar el desmaquillante. - Eres la que mejor parada sale de esto. -le recordé mientras pasaba mi mano por mi cuello. Mis músculos estaban muy tensos todavía por el altercado con mi padre. - Lo sé. -casi la pude ver hacer una mueca.- Siento mucho eso. -se disculpó aunque no era su culpa para nada que nuestros padres fueran unos imbéciles. - Tranquila. -bostezó Mia mientras me pasaba el desmaquillante también a mi.- No es nuevo para nosotras e incluso ayudas a que se amortigüe su desprecio. -rió sin gracia y yo asentí, dándole la razón y tomaba unos pocos algodones para remojarlos con el desmaquillante. Era bastante claro que nuestros padres no eran nuestros fans número uno, pero cualquiera esperaría que por lo menos tuvieran algo de paternal en ellos. - Hablando de cosas que no son nuevas -comencé a quitar mi maquillaje levemente.- ¿Nos vas a contar porque te vimos con Francesco y por qué te estás desapareciendo con frecuencia? Todos en el pueblo de Sparrow sabíamos de Francesco, unos un poco más y unos un poco menos, pero todos sabían que eran malas noticias y que era mejor estar alejados de ellos. Sobre todo si no querias ensuciar tus manos, tu nombre o en general aparecer muerto. - No es tan malo. -se encogió de hombros y yo enarqué una ceja con eso. - ¿El terror de Sparrow no es tan malo? -repetí un poco incrédula y divertida por esa descripción.- Eso no te lo creo. -negué casi enseguida pasando el algodón suavemente por mi ojo derecho para quitar la sombra y el rímel. Francesco era tan peligroso como el mismísimo Rumpelstinski. Ningún trato con él era limpió o terminaba bien para la parte solicitante y sin embargo, la gente seguía haciendo tratos con él - Vamos, Lee. ¿De verdad quieres siempre depender de tu padre? -preguntó quitando sus tacones antes de sentarse en mi cama.- Porque el dinero que hago con él, de seguro a ti también te serviría para poder independizarte. -comentó y detestaba darle la razón. La idea si me había rondado algunas veces por la cabeza pero era más como un sueño absurdo de una promesa vacía como todas las que ofrece Francesco. - No creo que… -no pude terminar la frase porque de pronto las luces de mi habitación se apagaron. - ¿Qué está pasando? - pregunto Tania e intenté que mis ojos se acostumbren a la oscuridad.- ¿Se fue la luz en toda la casa? Tania se acercó a la puerta y la abrió solo dando entrada a más oscuridad. Eso contestó la pregunta de mia pero casi al instante se escuchó un estallido y pronto después se escucharon varios disparos. - ¿Analia? -preguntó mi otra amiga y me levanté rápido de la cama para poder acercarme a las ventanas. Ahora podía admitir que había sido una mala idea de un pobre juicio que había nacido del miedo y la incertidumbre de lo que estaba sucediendo. Tania por su lado cerró la puerta de la habitación con su seguro y me alejó de la ventana. - ¡¿Qué estás haciendo?! -susurro casi violentamente Tania mientras cerraba las ventanas.- No sabemos quién es y cuál es su objetivo. No puedes acercarte a la ventana solo así. -murmuro intentando cerrar las persianas. Yo intenté moverme nuevamente cuando un pensamiento me aterró. Mi madre y hermana estaban afuera. - Zoey y mamá. -Me arrastré por el piso con el objetivo de llegar a la puerta de mi habitación cuando de pronto un grito en específico me dejó fría. - ¡Mamá! ¡Despierta, por favor! Era Zoey.
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