Capítulo 6- Number One

1803 Words
—Marlon puede resultar un buen amigo —pone su mano en mi hombro y lo palmea con fuerza. Me quiere golpear, esa maldita chica está haciendo todo esto como una venganza por todas las veces que me metí en su habitación sin permiso, quizá incluso por insinuarme. Pensaba que es una chica inocente, pero no, es una diabla con un disfraz de ángel, una zorra en un traje de oveja. Si pudiera en estos momentos le gustaría que no me arrepiento de nada, incluso si eso significa recibir un castigo de mi madre a estas alturas de mi vida. —Su comida está deliciosa, creo que me tendrá todos los días comiendo aquí —bromea entre risas. —Eres bienvenida querida, puedes venir tantas veces como quieras a esta casa. Pasaron el resto de la cena compartiendo una charla amena, yo por mi parte preferí no decir nada por qué mi madre en parte se veía molesta conmigo. Sabía de su gran aprecio hacia Marlenne porque la conoce desde que era pequeña, pero no tenía idea del grado hasta el que llegaba. Sin embargo, mi madre no va a intimidarme, no me dirá que chica puedo o no puedo llevar a mi cama y a menos que Marlenne me diga que no la toque su opinión me tiene sin cuidado. —Bueno, todo estuvo delicioso, nuevamente gracias por la invitación, pero volveré a mi casa antes de que se haga más tarde —se pone de pie y se estira antes de sonreír. —Yo voy a llevarla a su casa, le aseguré a su tía que la dejaría a salvo —nuestras miradas se cruzan y ella alza una ceja. —Si su tía supiera que eres un lobo tras su oveja —susurra apenas audible, pero yo lo escucho a la perfección. —¿Qué dices? —la desafío a que lo diga de manera audible. —Nada, vayan con cuidado —le da un beso en la frente a Marlenne y a mí un pequeño empujón en la espalda. Marlenne camina delante a una distancia prudente, ni siquiera me dirige la palabra dándome a entender que aún está molesta. No sé que debe suceder entre ambos para que se le quite ese enojo absurdo, pero me está volviendo loco la indiferencia con la que actúa. —¿Piensas pasar los próximos minutos caminando sin dirigirme ni una palabra? —pregunto de la nada en un tono molesto. Voltea y mientras camina avanzando de espaldas no dejan de brillar sus ojos, está sonriendo con picardía. ¿Por qué me mira de ese modo? ¿Por qué esa sonrisa traviesa? No puede actuar de esa manera tan cambiante y esperar que me mantenga cuerdo. —Admite que te estás muriendo porque aunque sea te dirija la palabra Pelirrojo, ¿Será tan cierto lo que dijiste de qué las chicas que se hacen de rogar no pueden traerte como un perro? —esa risita que se escapa de sus labios se mantiene en mi mente por algunos momentos. Le gusta jugar, le gusta distorsionar mi mente, pero lo que le gusta incluso más es saber que me está causando algo. No entiendo que de ella me pone así, me siento un idiota y eso no me gusta. Poco después llegamos a su casa, pasamos el resto del camino sin decir palabra alguna porque esta vez fui yo que no me atreví a decir nada. Ella subió las escaleras y abrió la puerta de entrada, se quedó ahí parada con la misma mirada traviesa. —Gracias por acompañarme a mi casa —lanza un pequeño beso en el aire y veo que la puerta se comienza a cerrar. No lo pienso mucho, pongo mi mano en la puerta y evitó que la cierre. No voy a aguantar que una chica me trate como un juguete, que se me ría en la cara y todo quede así de la nada. Marlenne abre sus ojos con sorpresa, la veo retroceder y yo entro a la casa. —No te di permiso de entrar, eres un poco descarado —alza una ceja y suelta una risita— Pero supongo que no pasa nada si te quedas un rato. —Todo este rato has estado jugando conmigo Marlenne —digo con mi voz medio ronca y la acorralo contra la pared. —¿Qué estás haciendo? ¿No aprendiste nada de la última vez? —clava sus ojos azules en los míos. Siento correr un escalofrío por todo mi cuerpo, enlazo mis dedos en su cabello y acerco mi rostro al suyo. Huele a flores, sus mejillas están tibias y sus labios secos. La observó a detalle, sus mejillas pecosas y sus pestañas largas. Verla tan cerca me acelera el corazón, creo que desde que la conozco nunca me había fijado lo atractiva que es. —Hueles tan bien —susurro en un tono entrecortado— Tus mejillas están calientes. Intenta apartar el rostro, pero la sostengo de las mejillas, su respiración se acelera y yo rozo mis labios por su cuello. —M-Marlon —suelta en medio de un suspiro audible. Pensaba que tenía el control, creía que ella es el tipo de chica sumisa que se deja dominar, pero cuando dije que es una zorra disfrazada de oveja sin duda no me equivoque. Amarró sus dedos a mi cabello y unió mis labios a los suyos, se siente como cuando estoy sobre la tabla. Sus labios se sienten como cabalgar sobre las olas en la tabla de surf, besarla hace que mi pecho se infle y me invaden un millón de sensaciones. La levanto en mis brazos y sus piernas rodean mis caderas, rápidamente mis manos recorren sus piernas hasta pasar por debajo de su vestido. Puedo sentir el calor traspasar su ropa interior, su cuerpo manifiesta el deseo que siente por mí y que está tratando de ocultar desde que me conoció. Mis dedos se aventuran en sus cavidades, recorren su entrepierna y leves gemidos salen de su boca. Son música para mis oídos, su voz aguda y entrecortada me ponen incluso más duro de lo que me encuentro. Camino con ella en brazos hasta el sofá, la recuesto y subo encima de ella. Nuestras miradas se cruzan, está tan ruborizada que no me puede mantener la mirada y eso la hace ver tan hermosa. Muevo un poco la pelvis y ella cierra los ojos, curvea la espalda dándole más acceso al roce de nuestras partes. —Te quiero llevar al cielo solo por esta noche —le digo al oído antes de volver a besarla. Me sorprende cuando da un giro y se coloca encima de mí, sus caderas se mueven como si supiera lo que está haciendo. Se mueve como si ya hubiera hecho esto antes y parece querer tomar el control incluso aunque estoy seguro de que no sabe cómo proseguir. Le tiemblan las manos que mantiene apoyadas en mi pecho, pero entonces me mira con frialdad, una frialdad que se mezcla con el deseo. —¿Quieres llevarme al cielo Marlon? —me mira desafiante. —Claro que sí, hermosa —le acaricio la mejilla. Toma ambas manos y me las coloca encima de mi cabeza sosteniéndolas para que no pueda siquiera moverme. —Ya me cansé de jugar —dibuja una sonrisita traviesa. Se levantó y salió corriendo a su habitación. Quisiera gritar, me dejó con todas las ganas y esta es la primera vez que una mujer me humilla así. Comienzo a creer que esa chica me ve como un juguete, que incluso tiene un ego más grande que el mío. Me acerco a la puerta e intento abrirla, pero le pasó el seguro, no sé en que estaba pensando para intentar abrir. Está claro que no dejaría abierto invitándome a entrar para continuar donde lo dejamos, desde que me permitió pasar tuvo la intención de provocarme y cuando me dijo que debí aprender de la última vez a esto se refería. No va a suceder nada entre ambos y si no lo entiendo a las buenas pretende hacerme entender dejándome con un serio problema que yo solito tendré que resolver. Pero esto es un juego que ambos podemos jugar Marlenne y al final serás tú quien me termine invitando a tu cama, de eso no tengas dudas. Una sonrisa victoriosa se dibuja sobre mis labios y en el living de la casa tomo mi celular, no pienso quedarme con este problema pendiente. Si Marlenne tiene en la mente que voy a quedarme como un virgen esperando por ella como si fuera la única mujer del planeta se equivoca, llamaré a Bri que jamás se negaría a pasar una buena noche a mi lado. Le escribí y le pedí que pase a buscarme por aquí, estoy seguro de que cuando vea que no me cuesta encontrar un reemplazo se lo pensará dos veces antes de provocarme de esta manera. Cierro la puerta al salir cuando escuchó el rugido del auto de Bri, esa es otra ventaja de tener una aventura con ella. Bri es la niña de papá y mamá a la que siempre le cumplen sus caprichos, una chica rica que llama la atención a kilómetros con su piel bronceada y su cabello rubio teñido. Tiene el cuerpo de una porrista universitaria y va por la playa haciendo voltear incluso a los chicos que tienen novia. —Cariño qué haces por estos lados —baja de su Ferrari rojo descapotable. Ese fue su último regalo de cumpleaños por haber conseguido su licencia, su "Papito" como le gusta llamarle se lo dio como obsequio y desde entonces le gusta presumirlo. —Digamos que vine a hacerle un favor a la amiga de mi madre, asegurándome que llegue a salvo su sobrina a casa —la veo pasar sus brazos alrededor de mi cuello y me clava sus ojos verdes sobre los míos. —Espero que no tenga intenciones de sacarme mi lugar, porque puede pasar una noche contigo, pero yo soy la number one —me da un pequeño beso sobre los labios— ¿Te parece ir a mi casa? La alberca está libre y tengo la casa sola. —Me encantaría repetir lo de la última vez —ambos compartimos una sonrisa cómplice. Antes de subir al auto de Bri miré hacia la ventana del segundo piso donde me encontré con la mirada intensa de aquellos ojos azules y me bastó para estar segura de que comencé una guerra. Una que tal vez no esté listo para afrontar y que me quedan dudas de si podré ganar, pero estoy seguro de que no me voy a dejar amedrentar por una chica que apenas estoy conociendo porque de aquella niña que un día conocí no queda nada.
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