Fueron muchas emociones desde subir a ese autobús hasta este momento, donde me encuentro viendo al pelirrojo buscándole forma a su tienda. Estoy segura de que en su vida nunca armó una de estas, me divierto viendo como hay algo que aún no se le da del todo bien. Desde que lo conozco este chico se me ha parecido a un dios, todo lo que hace o dice suena es lo que cualquier chica querría escuchar de los labios de un chico, pero a mí me faltaba conocer la parte real. Todo mortal tiene una parte real, un error, un defecto aun cuando parezca que no y Marlon no puede ser la excepción. —¿Quieres que yo la arme? —pregunto sentada en un tronco viejo. —¿Tu armarla? —empieza a reír, pero se detiene ante mi rostro serio— ¿Me dirás ahora que eres una experta en campamentos? Estuve a punto de ser yo

