Camila ha llegado a la recepción. Pidiendo que su desayuno sea servido en la piscina y la verdad andar haciendo que otras personas obedezcan sus órdenes la hacen sentir bien, pero mal a la vez mal porque le hace sentirse como Manuel, pero bueno no puede hacer nada así que solo se va hasta llegar a la piscina donde ve una varias personas. Ella elige una mesa desocupada sin dejar de contemplar la belleza que hay aquí. Minutos después llega una chica con su comida poniéndola en la mesa. —Gracias —le agradece muy amable a la joven. —De nada, provecho —contesta la chica y se marcha. Camila, que se encuentra hambrienta, toma los cubiertos para probar su rico desayuno de tocino, papá al horno, con huevos y una rebanada de pan tostado. Con un jugo de naranja. Da el primer bocado degustando

