CAMILA BROWN :
Otro día pasó y el amanecer de un nuevo día me recibe en la ventana de mi habitación.
Mientras observo el horizonte pienso el tiempo que puedo pasar en este hotel… Máximo una semana… Si no viene por mí, entonces tendré que ir por él.
Pienso mientras miro la pantalla de mi celular.
Los noticieros y todas las r************* solo mencionan mi tema y todo el mundo me tacha de perra, zorra, mal agradecida, mala hija… Etc.
Ayer en la noche mire la rueda de prensa que hizo mi madre junto a los falsos llantos de telenovela pidiendo que por favor regrese o que deje saber a la familia donde estoy… En pocas palabras lo que quiso decir es que me fui con otro… Todos mencionan eso en las redes y me han etiquetado en todas las fotos… Mientras a mi querida hermanita la pintan como un pequeño angelito en sacrificio… Esa maldita.
Tiempo más tarde hago mi rutina de limpieza en mi cuerpo y me coloco otro polo largo y envuelvo mi cabello en una liga… Hoy no quiero peinarme.
Pienso con desgano.
Llamo al domicilio y pido una caja de pizza, una coca cola, junto a varias fundas de papas, chocolate etc… Ahora comeré todo lo que siempre me prohibieron para no estar supuestamente “gorda”
Cuándo llega mi pedido empiezo a devorar las pizzas junto a la coca cola… Mmm rico.
Mientras.
Pienso mientras disfruto.
Cuándo doy otro sorbo de coca cola la puerta es tocada, pero no escucho la voz de Clara y frunzo el ceño.
—¿Quién es?
Pregunto, pero no escucho respuesta así que me dirijo a la puerta y la abro con sumo cuidado junto al palo de la cortina que la tenía a un lado por si acaso.
Tres elegantes hombres me dejan casi babeando al abrir la puerta.
Dos de pies y uno en silla de ruedas, pero aún así no quita lo guapo y varonil.
—¿Camila Brown?
Pregunta uno de ellos con media sonrisa y asiento al reconocer de quién se trata.
—Supongo que no necesito presentación ¿Cierto?
Me pregunta el hombre de la silla de ruedas con un aura intimidante.
—Alexander Callen ¿Qué le trae a mi humilde mirada?
Pregunto mientras observo al magnífico hombre de ojos negros como la noche, cabello perfectamebte peinado hacía atrás, nariz perfilada y ni se diga de su piel… Parece el de un bebé.
—¿Podemos hablar en privado?
Me pregunta él con un tono de voz autoritario haciendo que me sienta algo incómoda.
—Amm, si claro…
Digo abriendo la puerta para que él entre.
—Esperen aquí.
—Sí señor.
Dicen ambos al mismo tiempo y Alexander rueda su silla entrando a mi habitación.
Sus ojos se dirigen a toda mi comida chatarra y siento mis mejillas rojas de vergüenza.
—Disculpe el desorden, no esperaba visitas
Digo mientras recojo mi comida para organizarla.
Al terminar tomo asiento en el pequeño sofá y miro al frío hombre que no deja de observarme con sus ojos negros profundos.
—¿Qué es lo que usted desea señor Alexander? Es raro que haya venido a este lugar.
Digo mientras voy directo en las ramas y eso lo hace sonreír.
—¿Sabes? Es extraño que en una recién rotura no ande las botellas regadas por todas partes.
Dice con curiosidad y me encojo de hombros.
—No soy de beber, no es lo mío.
—Ya veo.
Dice mirando todo con cautela y luego me observa.
—¿Cómo se siente luego de ser traicionada por su propia familia señorita Camila?
Pregunta sin perder detalle de mis movimientos.
—Con todos respeto señor Alexander, pero creo que es algo que a usted no le importa
Le respondo con el ceño fruncido y observo una leve sonrisa en sus labios.
—Veo que es de armas tomar ¿No señorita Camila Brown?
—¿A dónde quiere usted llegar? No soy de rodeos.
—Sí, lo he notado… Así que quiero ofrecerle un trato que nos beneficie a ambos ¿Qué dices?
—¿De qué se trata?
Pregunto con poco interés mientras me miro las uñas.
—Venganza.
Dice bajando la voz de lo normal.
—¿Venganza?
Pregunto alzando las cejas.
—Así es ¿No te gustaría vengarte de ex prometido y hermana? No, te propongo vengarte de lo que quieras, siempre y cuando cumplas con la parte del trato.
—¿De todas las personas que yo quiera? Déjeme decirle que soy muy rencorosa y la fila es larga.
—Yo me encargaré de todo, usted no debe de preocuparse.
Dice con seguridad y le presto la atención que se merece.
—Me encantaría saber cual es el trato, es una oferta muy tentadora señor Alexander.
Digo con media sonrisa y este se mantiene serio como una roca.
—Cásese conmigo.
Dice de golpe y la verdad me toma por sorpresa su manera tan directa de decirlo.
—¿Acaso me estás tomando el pelo?
Le pregunto clavando mis ojos en los suyos.
—Jamás haría eso, ahora dígame ¿Qué dice?