Capitulo:04

1009 Words
CAMILA BROWN : Me levanto y abro la ventana para ver un nuevo amanecer lejos de mi familia, un nuevo amanecer lejos de la hipocresía y envidia… Uff, que bien se siente. Pienso mientras alzo los brazos y cierro los ojos para que la luz del sol penetre mi cuerpo. Luego de recibir la luz solar por unos minutos me dirijo al baño para hacer todas mis necesidades. Al terminar me coloco un largo polo y peino mi sedoso cabello. Escucho como la puerta es abierta. —Soy yo. Se anuncia Carla y salgo para verla. —Buenos días Carla. Hablo saliendo del baño y el pequeño Steven corre hacía mí. —Tía Cami ¿Cómo estás? Dice el niño de cinco años muy emocionado al verme. —Hola cariño, muy bien y tú. —Muy bien, mami se enojó mucho cuándo lloré para que me trajera a verte. Dice el pequeño haciendo un puchero y lo estrecho con fuerza en mis brazos. —Oh ¿Querías ver a tía Cami? —Chi. Dice el niño bajándose de mis brazos y empieza a recorrer la habitación del hotel muy emocionado. —Lo siento, cada día está más enérgico. Dice Carla con algo de pena y le sonrío. —No te preocupes, es bueno que tenga mucha energía y sabes que me encanta estar con él. Digo mientras tomo asiento en el pequeño y único sofá de este lugar. Carla toma asiento en la cama y Steven se lanza encima de ella emocionado. —Sí que está feliz. Hablo encendiendo la televisión y busco el canal de noticias. La primera cara que miro es la de Teodoro hablando pestes de mí y haciendo pasar a mi hermana como la niña buena que se sacrificó por su hermana mayor que ella. —Vaya tontería. Digo buscando el canal de muñequitos para Steven. —Steven mira tus muñequitos favoritos. Le digo y este se acomoda para concentrarse en la televisión. Observo con atención a Carla y le pregunto. —Te noto preocupada ¿Ha pasado algo? Le pregunto y ella suspira pensando antes de responderme. —¿Podemos alejarnos un poco? Pregunto mientras observa a su hijo y asiento. —¿Es algo grave? Vuelvo a preguntar. —No señora. —Llámame Camila por favor, se escucha algo raro que me digas señora cuando ya no estoy con mi familia. —Lo siento, es la costumbre y no puedo… —Por favor Carla, al menos haz un esfuerzo ¿Sí? Tampoco soy tan vieja, solo tengo veintitrés años. Le sigo en forma de broma en la última frase y ella sonríe. —De acuerdo, haré un esfuerzo Camila. Dice con una sonrisa y asiento satisfecha. —Ahora sí, dime ¿Qué ocurre? —Steven me ha vuelto a preguntar por su padre y no sé qué más decirle… Es un niño muy inteligente y ya no cree que fue procreado por la cigüeña. Habla Carla con algo de desesperación. —¿Le piensas contar la verdad? Le pregunto y ella abre los ojos muy grande. —¡No! Sería una locura, te imaginas decirle… “Me acosté con tu padre muy borracha en un antro y no me acuerdo quien es” me verá como la peor madre en el mundo. Expresa con frustración y coloco una de mis manos en su hombro en señal de apoyo. —Todo estará bien, pensaremos en algo creíble para Steven ¿De acuerdo? —De acuerdo. Responde con un deje de preocupación en el rostro. Alrededor de media hora pedimos nuestro desayuno el cuál disfrutamos con entusiasmo. —Señ… Camila ¿Estás consciente de que el hombre que quieres atraer aparte de guapo es peligroso y calculador? Dice Carla mirándome directamente a los ojos. —Lo sé, pero no importa ¿Sabes? No tengo nada que perder. Le respondo mientras observo a la nada y continuo. —En caso de que se ponga peligroso tienen que retirarse Steven y tu del país, no voy a dejar que corran peligro por mi culpa. —Desde el día que firmé el contrato con tu padre eres mi responsabilidad Carla y no voy a dejarte nunca. Dice Carla y su mirada se pierde en la lejanía del recuerdo. FLASHBACK: Era un día lluvioso y apenas tenía para pagar la sonografía de su hijo no planeado, pero jamás se iba a deshacer de él, era una mujer de veinticinco años y tenía que asumir las consecuencias de sus actos. Con toda la fe puesta en ello, mandó el último correo al último bufete de abogados que buscan empleados y se dispuso a caminar en frente del bufete para aminorar los nervios y no perder la esperanza… Tal vez la llamen en días… O quizás nunca. —Señorita disculpe. Un señor mayor se acerca, por su manera de vestir se nota que es extremadamente rico. —¿Sí? ¿En qué puedo ayudarle? Pregunta con algo de duda. —¿Es usted abogada? Pregunta algo dudoso. —Sí y no… Dice con sinceridad. —¿Cómo es eso? Si y no… —La verdad es que terminé mi carrera, pero nunca lo he ejercido… —Sí es así, entonces eres perfecta para el trabajo que quiero asignarle, pero primero dame unos días… ¿Me pasa su número? Asiento pasándole mi número y el señor se marcha… ¿Es esto una señal para que no trabaje en este Establecimiento? O ¿Sólo es alguien burlándose de mí? Me pregunto con algo de duda. Los días pasaron y una mañana que estaba de mal humor tocan mi puerta y al abrirla es el señor de aquel día. —Señor es usted… ¿Cómo sabe dónde vivo? —Me presento, mi nombre es Theo Brown, me imagino que has escuchado de mí y quiero proponerte algo que cambiará tu vida para siempre. Dice el señor seguro de sus palabras y la verdad tuvo razón hasta el día de hoy… Gracias a ese amable señor puedo darle una mejor vida a mi pequeño niño.
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