Capitulo 5: Conociéndonos por primera vez.
Tomé una profunda respiración jugando con mis dedos sin saber qué decir. John en cambio parecía saber exactamente qué hacer porque se levantó aguantandose de su lazarillo hasta detenerse frente a mí apoyando su espalda baja de su escritorio, miré mi reflejo en sus lentes oscuros, lucía aterrada.
—Levantate —dijo John—, quiero pasear contigo al patio.
Apreté los labios bueno, a partir de ahora John era el que mandaba si era mi héroe y mi salida, así que le obedecí levantándome, pero el lazarillo de John estaba en medio de mis pies y lo que ocasionó fue que me enredara y le cayera encima aguantándome de sus caderas, quedando frente a su cremallera.
—Lo siento... no vi —comencé a murmurar, pero me di cuenta que de hecho John estaba riéndose y me sujetó el cabello en un muño improvisado de su mano con fuerza para mantenerme quieta arrodillada frente a él.
—Uhm nena, pero es que ya te tengo de rodillas y apenas estamos comprometidos —dijo jalándome un poco más fuerte, jadee cuando sentí que me dolía su agarre—, creeme que te va a gustar cuando te lo meta hasta la garganta.
¿Pero qué...?
Me solté de su agarre sintiendome completamente asustada de lo que este hombre estaba diciendome y salí de la oficina de donde estabamos sitiendo que se me iba a salir el corazón por la boca.
¿Pero qué le pasaba a John? De verdad creí que al ser ciego pues... sería menos atrevido, pero ahora comprendía por qué nadie quería casarse con él.
Al salir intenté actuar como si no quisiera salir huyendo, pero es que no podía, John era mi salida y no podia perderla.
Todos fuimos a la casa de Jesus McGregor, contra de mi voluntad, debíamos de ir para hablar del divorcio, al menos estando con John que era un hombre poderoso me sentía segura; intimidada pero segura, claro que él actuaba normal, actuaba como si dejarme de rodillas y tomarme del pelo diciendome cosas sucias fuera lo más común del mundo.
No sabía quién era peor, si mi casi exposo o mi futuro esposo.
Llegamos a donde se suponía debía de estar Jesus McGregor, un apartamento en la ciudad que se suponía era de nosotros para las vacaciones, pero nunca lo usamos realmente.
Todo tenía un sistema de seguridad avanzado activado con la voz, John me hizo entrar con él y sus guardaespaldas, mostré mi ojo en el sistema de reconocimiento facial y este me reconoció, al parecer no habian tenido tiempo de borrarme.
Entramos al apartamento, en seguida el eco de jadeos y pieles chocando llenaron el lugar, gimiendo como si de animales en celo se tratara y vimos en el sofá a Jesus junto con otra mujer en una posición muy comprometedora, follando.
Aquí estaba.
La prueba de que mi casi exesposo estaba con una de mis supuestas amigas.
—Dime ¿soy mejor que ella? —decía mi supuesta amiga Norma en jadeos mientras se echaba hacia atrás de las caderas buscando más profundidad mientras él la embestía por atrás.
—¿Quien ella? —dijo Jesus entre jadeos.
—Keila.
—Obvio cariño, ella nunca se movia ni me prendía como tu —dijo Jesus—, ah... mierda voy a acabar ya.
Mentiroso de mierda.
Si ni siquiera follamos.
Lo peor de todo es que ellos ni siquiera se daban cuenta que estabamos del otro lado del muro y donde yo estaba podía verlos claramente.
—Llegame adentro, me quiero llenar de ti —dijo Norma.
Jesus le obedeció temblando y cayendo sobre ella recuperando el aliento, luego se separó tomando una franela del suelo y limpiándose como si no fuera la gran cosa.