III
Lala sintió un brinco en su corazón al ver la escena, fuera de todo lo que ella misma había podido apreciar. La luz entraba fuerte por la ventana de aquella habitación, mientras esa mirada de hielo sentía que la atravesaba. Ella no retrocedió, no entendía nada, pero antes de permitir que el hombre abriera la boca, tenía que saber de quién era ese bebé y por qué él lo estaba cargando. No era para nada lo normal, no a lo que ella acostumbraba a ver.
—Tú eres…
—¿De dónde sacaste ese bebé? —preguntó la jovencita, casi enfurecida—. ¿Es parte también de algún pacto de los infiernos con la familia Redmount?
—¿Disculpa? —respondió con voz severa Kyle, caminando hacia ella con el nene en brazos. Tenía que reconocer que la escena se veía extraña, pero odiaba con el alma que hablaran de su hijo.
—Quién eres, por qué traes a ese niño…
—Este bebé es mi hijo. Me vomitó entero y tuve que quitarme la camisa. Sin embargo, creo que eso no será suficiente, apesto.
La honesta y desinteresada respuesta dejó a Lala sin palabras, además que estaba algo intimidada con él, tan alto y fornido. Ella intentaba desviar sus ojos hacia el bebé que, a su vez, estaba observando a su papá. Desconfiaba, claro que lo hacía, todo en esa familia era una locura, una vergüenza; y jamás había escuchado que ahí viviera un bebé, menos tan pequeño. Los ojos de Kyle seguían inexpresivos, distantes.
—¿Dónde está su madre? ¿Fue obligada como yo?
La pregunta, hizo que el hombre mostrara una ligera mueca de molestia.
—Su madre nos abandonó al poco de nacer Elis. Respondiendo a tu otra pregunta, sí, es cierto, ella hizo parte de un matrimonio arreglado. Cumplió con darme un heredero y se marchó.
Lala se quedó sin palabras. La sinceridad con la que él hablaba le hizo sentir la piel de gallina en una mezcla de compasión y furia. Ya no quiso seguir cuestionando ni indagando por el origen de ese bebé ni su muy atractivo padre. ¿Atractivo? ¿Esa era la palabra correcta para dirigirse a él? Su interacción con el gremio masculino había sido tan reducida, que no sabía que otros adjetivos eran los correctos para describirlo. ¿Hermoso? ¿Incitante? Así era ese hombre. Mientras Lala discernía en sus pensamientos, Kyle dejó al bebé en la cama y le sonrió. Fue adorable ver esa escena, a pesar de que la chica solo parecía una intrusa.
—Soy Kyle Redmount, el hermano menor de tu «prometido». Sé de antemano que las circunstancias en las que llegaste no son las ideales… Lo siento, de verdad.
Lala lo miró, mientras él buscaba en un buró, una camiseta para cubrirse. Ya la situación era rara e incómoda y ella estaba ahí parada en la entrada como si le hubieran clavado los pies. Kyle caminó hasta la chica, al parecer ninguno sabía qué más decir, estaban nerviosos ambos sin saber por qué, al hermano menor Lala lo inquietaba, muy a pesar de que ella iba vestida casi como una novicia, escondiendo por completo el atractivo que pudiera tener.
Kyle tenía los ojos enormes y muy oscuros, negros, sus cejas eran gruesas y perfiladas, haciendo juego con su mirada distante. Su cabello era corto, perfectamente peinado hacia atrás, igual de azabache a su mirada. Perfectamente afeitado, de piel muy pálida y labios delgados. Su nariz bajaba en un arco precioso que hacía parte del bonito cuadro que era ese hombre.
Lala iba a abrir la boca, pero una de las nanas entró a la habitación y estaría con el pequeño Elis mientras Kyle se daba una ducha. Lala solo se disculpó un poco, saliendo de ahí sonrojada por ser tan obvia al mirar tanto a su futuro cuñado.
—¡Niña por Dios! ¿Dónde te habías metido? Tienes que bajar para las fotografías —dijo una alegre sirvienta que se la topó en el pasillo, tomándola por un brazo. Ella acababa de llegar y ya estaba en un mundo diferente, como si se tratara de un sueño.
Luego de una hora de arreglo, se metió en un ostentoso traje de novia que había ido de generación en generación de infelices vírgenes elegidas. Tuvo que posar ella sola para un millón de fotografías sin su futuro marido. Aquello resultaba muy peculiar, ya que parecía iba a ser la esposa del hombre invisible.
—¿Cuándo tendré el placer de conocer a mi futuro esposo? —preguntó mientras le extendían la cola larga como un río, bañada en diamantes—. Díganme que se arrepintió de casarse y me dejará libre.
Las chicas se rieron ante el comentario. Lala no creía haber dicho nada gracioso, hasta que una de ellas le explicó que el señorito no tenían la menor posibilidad de negarse, o eso le costaría muy caro. Lala no quiso saber qué tan caro, pero entendía un poco a esa madre fugitiva, que cumplió con su deber de dar un hijo y largarse. Solo pensó, ¿de verdad se podía abandonar a un hombre así? ¿Quizás Kyle era cruel y despiadado? Fue entonces que posando con un ramo de flores blancas, preguntó en voz baja por la situación de su cuñado.
—El señor Kyle es un sol, a pesar de que todos le dicen que es de hielo. Y estamos agradecidas que esa horrible mujer se haya largado de esta casa. Si acaso regresa, usted como nueva señora, échela a patadas.
Ahora sabía algo más, el hombre de hielo era un sol, qué ironía. Mientras la cámara obturaba lo suficiente para dejarla ciega en aquel salón de música, sitio elegido para las fotos, recordó lo sucedido hacía minutos al verlo sin camisa, tan alto, tan perfecto. Sintió que sus mejillas se ponían muy rojas y algo más estaba sucediendo en su cuerpo, al recordar el de Kyle. Algo se escapaba por su entrepierna, no entendía qué pasaba, pero ese cosquilleo le era desconocido y agradable.
—¡Niña! Estás como un tomate —gritó la nana mayor—. Bebe algo de agua y ya hay que ir al jardín para otras fotos, como lo dejó escrito el amo. Podrás conocer al señorito Kaylan en una cena de esta noche, con el patriarca de la familia y tu familia… aunque ellos no han confirmado su asistencia.
Ni lo harían. Solo el día de la boda, en tres días más, su padre había confirmado que iría a entregarla. La verdad la vergüenza de haberle hecho algo así a su hija que intentaron proteger, no les permitía ir a verla antes y provocar tal vez una reacción que molestara al anciano jefe de ese lugar. Lala recibió el agua, solo que no esperaba que al levantar la vista, Kyle estuviera ahí, en la entrada del salón, visiblemente recién bañado.
—Que, ¿traes «Las Meninas» para una foto conmigo? —rabió un poco Lala mirándolo. Él sonrió un tanto. Aquello fue un espectáculo para sus ojos y al parecer para su v****a.
—Esta noche habrá una cena…
—Ya lo sé. Por fin veré la cara de quien va a hacerme la mujer más feliz del mundo.
Kyle pareció acceder con su cabeza y salió de ahí. Lala no quería que se fuera, ¿qué era ese sentimiento?... pensó muy dentro de su ser que si Kaylan se parecía al menos un poco a su hermano menor, las cosas no serían tan malas. Las sirvientas notaron el brillo en los ojos de la novia al ver al señor Kyle y sonrieron. Era imposible no verlo y sentir que se derretía todo el ártico.
***
Era de noche y se escuchaba mucha algarabía en la planta baja. Lala estaba siendo peinada por una de sus ahora chicas del servicio exclusivas. Ella seguía sintiendo que hacía parte de un sueño, todo pasaba muy rápido, ni siquiera había podido recorrer un poco la mansión; de las fotografías con el hermoso-horrendo vestido de novia, saltó a una rápida comida, o entremés, y luego a alistarse para la cena donde vería a su próximo marido.
Lo peor de eso, fue lo que le sucedió en la tina. La dejaron un rato para que las sales exóticas entraran en su piel, cosa que para Lala fue una bendición, pues pudo por fin relajarse un poco. Ya era inevitable su matrimonio, esperaba dar todo de sí y que el hombre se cansara de ella para luego divorciarse. Solo que, algo sí tenía que hacer, en algo tenía que cumplir: Consumar esa boda. Ella tenía que dormir con su marido, de eso no iba a escapar. Pensando en eso y en que no había visto un pene jamás, de nuevo a su cabeza llegó la imagen de Kyle sin camisa. Qué incómodo era el sentir que su cuerpo reaccionara a un recuerdo, todavía más que su entrepierna palpitara. Fue tanto lo que sentía que llevó sus dedos ahí para saber qué sucedía y tocarse, solo que los ojos de noche de su cuñado vinieron a su memoria.
—¡Ah! —exhaló como un gemido.
Se asustó mucho, no sabía qué le estaba pasando. Kyle era un hombre como cualquiera, uno hermoso, provocativo que la estaba llevando a masturbarse, pero como cualquiera, según su criterio ya enloquecido. Se levantó de la tina y salió a vestirse y peinarse, había que seguir con la función de ese circo.
***
Fin capítulo 3