XLVIII El monte rojo *** Abraham estaba harto de trabajar, de ver sus manos ajadas, sangrantes. Noche tras noche llegaba a hacerse curaciones, cosa que le resultaba difícil hacer por sí solo. De vez en cuando, una de sus hermanas le ayudaban, aunque ellas tenían sus propios problemas al volver tan cansadas de servir a las pretenciosas señoras de esa ciudad. En ese entonces no existían autos, y las damas vestían de trajes largos muy llamativos. Las hermanas de Abraham cosían estas prendas, solo que el pago que les daban era muy inferior al real; aun así, no había opción, ellas debían recibir el dinero o eso les significaba muchos días sin comer. Otras de sus hermanas eran las doncellas de las familias ricas, al menos ellas sí tenían asegurado el pan diario, aunque sus jornadas fueran de

