XLIX Se sacudió la tierra en el momento en que su padre lo soltó del árbol, solo así, como un perro que se liberaba de las pulgas. No hubo palabras ni disculpas, eso no existía en aquella familia. Le quedaba a Bram nada más que empezar a trabajar muy duro -como si no lo hiciera siempre-, soñando con que la miseria que le daban de paga le alcanzaría para comprarse un terreno. Al entrar a la casa, notó que en su puesto del comedor había un pedazo de pan un poco más grande y fresco. Miró a su madre, que apenas si determinó su existencia, creyendo que tal vez la gentileza de esa hiena que lo parió, por fin se hacía presente y quitaba algo del plato de Jacob. —Bernadette dejó su parte para ti. Se fue sin desayunar para que tú comieras mejor, dijo que dormir en la tierra te quitaba fuerzas y

