LIX Llamaron a todas las jovencitas de la escuela que ya estuviesen en el último año, para que se formaran en el patio principal. Ellas iban con sus uniformes impecables, sus zapatos charolados que brillaban en ébano y una preciosa boina que les daba ese toque de distinción. Las niñas no sabían para qué las estaban juntando, igual cualquier cosa que las sacase de las clases con las estrictas maestras y sus odiosas reglas de madera que casi rompían dedos. —Mis hermosas señoritas, hoy es un día en que debemos estar orgullosas de que entre ustedes esté la escogida para hacer parte de una de las familias más importantes de este país —hablaba la Hermana Rectora, como si las visitara el presidente—. ¡Una de ustedes será la futura señora Redmount! Las niñas se miraron entre sí, resultaba esa u

