XXIV Kyle no pudo dejar de admirar lo bien y diferente que lucía su cuñada con la ayuda de sus primas. Era el primer día en que iría a la escuela cercana, Kaylan ya había firmado el permiso para que saliera, cosa que Lala odió en el alma, pero que era algo que se debía hacer para gozar de algo de libertad. Ella siempre había estado sometida a las decisiones de los otros, por eso detestaba que de su padre y las monjas ahora saltara a su marido al que no veía casi nunca. Aun así, Lala quería solo sorprender a un hombre en la vida, a Kyle Redmount. Si sus enormes y preciosos ojos oscuros se fijaban en ella y su mirada tan fría y distante cambiaba ante su presencia, ese sería el triunfo del día. Tenía un vestidillo de color celeste que dejaba muy al descubierto su pecho, y que se cortaba en

