Capítulo 6: Prueba en sangre

1713 Words
VI Los sonidos de la noche y los propios de aquella farsa de festejo, se hicieron intermitentes en el cerebro de Kyle, alternándose estos con las palabras de su hermano. El estupor apenas le permitía mover la cabeza para ir de «Las observadoras», a Kaylan, que reiteró su petición de suplirlo en la noche de bodas para comprobar que la niña fuera tan pura como todos le dijeron. —¡¡¿PERO ES QUE PERDISTE EL JUICIO POR COMPLETO?!! ¡¡ESTÚPIDO DEMENTE!! —gritó con todas la fuerzas de su poderosa y gruesa voz, levantándose de su silla y golpeando la madera de aquel escritorio—. ¡¡Por una vez en tu maldita vida, asume alguna responsabilidad!! —Kyle, cálmate —respondió el hermano mayor con su característico cinismo—. Le estoy dando la oportunidad a Lala de tener un buen amante, sin embargo, no te preocupes. Kyle, que tenía las manos en la cabeza, dirigió la mirada indignada a su hermano. —Que quieres decir con eso… De qué no debería preocuparme… —Hermanito, yo escuché lo que ella te dijo la noche de la fiesta de compromiso, eso de «por qué no podías ser tú», o algo así… queda claro que tú le simpatizas, incluso hasta podrías gustarle; tú tampoco eres indiferente a su presencia. —Nadie puede ser indiferente a su presencia, es otra pobre mujer que fue obligada a unirse a esta familia —intervino el hombre de hielo recostándose en un muro de la biblioteca principal—. Aun así, eso no significa que me simpatice como tú dices. Mentía. Kyle tenía que actuar sobre todo frente a las mujeres que iban cubiertas, pues ya no sabía qué información era la que llegaría a su abuelo. Lala de verdad le despertaba una ternura y tranquilidad que no experimentaba en años, solo una vez cuando estuvo enamorado mucho tiempo atrás. —Excelente, me queda claro. No puedo obligarte a que te acuestes con Lala, eres muy fuerte para enfrentarte y además podrías arruinar todo diciéndole la verdad… por eso usaré mi plan B. —Kaylan se levantó de su imponente silla asomándose a la ventana para ver a su ahora esposa, la que sería solo en el papel—. Voy a decirle a un hombre cualquiera, uno que quiera y necesite dinero para que haga su papel de esposo con ella. Puede ser uno muy cruel, que le haga mucho daño, una bestia que pueda romper toda la delicadeza de esa niña, que al entrar en su cuerpo solo de un movimiento la hiera tanto como para… —¡¡BASTA!! —gritó de nuevo Kyle, golpeando la biblioteca, haciendo que varios libros cayeran ruidosos—. ¡¡Maldito demente!! ¡¡No puedes hacer algo así!! ¿Es que no entiendes nada de cómo va la tradición de esta familia? No puede hacerlo… yo le diré todo al abuelo y entonces… —¡¡Sé cómo es la tradición de esta familia, estúpido!! —respondió Kaylan ya alterado—. No puedes revelarte a tu hermano mayor… El abuelo no te va a creer, y a mí esa estupidez de la supuesta maldición me importa una mierda. —Si te importara una mierda, habrías cancelado esta boda… —Es cierto, sin embargo, el abuelo es un sanguinario y de negarme él me iba a torturar hasta que aceptara. Voy por la vía fácil, hermanito. O te la coges tú, o busco al más asqueroso para que lo haga. Las observadoras están de mi lado, llevarán las sábanas al abuelo, le dirán lo que pasó y todo estará bien. Tú saldrás de esta casa con mi sobrino, y no habrá manera de que puedas proteger a Lala. Kyle entonces se vio retado no solo por hacerlo con Lala, sino por el hecho de ser sacado de esa casa con su bebé. Si Kaylan lo deseaba, podría pasarlo muy mal, perder la gerencia de la empresa principal y sabría Dios qué más. Pese a todo lo malo, de su cabeza no se borraba la imagen de que un loco asqueroso y violento tomara a Lala y la lastimara. No se merecía eso, no ella. Se deslizó por el muro hasta caer sentado en el piso, aún tomando su cabeza, sorprendido él mismo por lo que iba a decir. —Está bien… lo haré. Kaylan celebró la decisión de su hermano yendo hasta él y abrazándolo como si aquello fuera algo que mereciera un honor muy grande. Después de eso, Kyle fue llevado por las observadoras al baño de la habitación principal, había que darle un baño con unas hierbas y sales especiales que cada cabeza Redmount había usado en su primera noche con su virgen esposa. Mientras se quitaba la ropa y entraba en la tina, no dejaba de pensar un segundo en lo tétrico que resultaba toda esa locura. Aquello sobrepasaba toda la moralidad en la que había sido educado, aun así, conocía muy bien a su hermano y si no aceptaba, de verdad un grotesco hombre podría lastimar a Lala. Se abrazó a sus piernas, sentía su pulso alterado, el corazón estaba a punto de salirle del pecho, tenía miedo, mucho miedo. Estaba muy sumergido en sus pensamientos y en la tina, tanto que no se dio cuenta cuando una de las observadoras entró para darle las indicaciones de lo que debía hacer. —Que, ¿viene a decirme cómo penetrarla o algo así? —ironizó Kyle, mirándola con desprecio. La mujer iba cubierta, resultaba imposible identificarla. —Algo así, señor Redmount. Dos de las observadoras estarán presentes en este primer coito, entonces así poder confirmar que usted entre en la chica como es debido. Tendrá que probarse la pureza de la niña con su testimonio, con lo observado y con la prueba en sangre que esperemos se dé. No podrán usarse condones, así que tendrá que darse la eyaculación en el interior de ella. —Dios mío… —susurró Kyle, pues cada cosa que le decía, sonaba aún más horrenda que la anterior. —Señor, como es usted un sustituto, no podrá pronunciar palabra alguna, incluso debe medir sus gemidos, o cualquier cosa que ella pudiera no asociar con su hermano mayor. Lala va a estar vendada esta y todas las veces que se requiera para… —¡¿Todas las veces?! —interrumpió Kyle muy alterado—. ¡¿Qué quiere decir con eso?! —Señor, es cierto que esta noche es vital para la tradición Redmount, sin embargo, tal vez deba cumplir con el deber de amante más de una vez… hasta que el hermano mayor pueda hacerlo… Kyle dejó de escuchar. Siguieron un montón de normas en la cama, que a él le importaban ya un pepino. No podía creerse lo que estaba pasando, ni lo que estaba a punto de hacer. Se levantó violentamente, salió de la tina y otra vez se negó a hacer el amor con Lala. Que las cosas fueran como tenían que ser, pero sin él. —Señor Kyle, entiendo su negativa y la espantosa posición en la que lo han puesto. Pero debo decirle que su hermano mayor está haciendo esto mismo de darle el baño de bodas a un tipo horrible, por si usted se niega. Solo por favor, acepte y evítele a la jovencita ese infierno. Kyle se medio cubrió con la toalla, para darse vuelta y mover la cabeza de manera afirmativa. Kaylan no tenía escrúpulos y con tal de no tocar a Lala, iba a hacer lo que fuera. Llevó el puño a su pecho, presionándolo con fuerza, la respiración se le estaba haciendo difícil, pero tenía que cumplir o no podría seguir viviendo al saber que a la chica la lastimaron en un momento que debía ser especial, único. Un grupo de las mismas mujeres cubiertas hasta la cabeza entraron para perfumarlo y arreglarlo, casi llegaba el momento. Kyle no podía escapar, ni quería negarse ya, estaba solo ahí, luchando con el brutal huracán que estaba por arrancarle del suelo las raíces de sus valores. Había escuchado historias siniestras de su familia, que por décadas habían actuado con doble moral, no obstante, lo que estaba a punto de hacer de seguro lo condenaba como a nadie a morir en la hoguera. Le pidieron que esperara un poco, mientras la novia se acababa de arreglar. Desde ahí pudo escuchar la voz de Lala que les pedía explicaciones por el hecho de cubrir sus ojos. No entendió la respuesta que de seguro fue tan inverosímil como la que le dieron a él. Estaba desnudo, viéndose al espejo, con el cabello húmedo, desordenado. Se mordió un poco los labios, no tenía idea de lo que se iba a encontrar una vez saliera de ese baño, el reloj de péndulo sonó en doce campanadas, una más sonora que la anterior. Golpearon a su puerta, era la hora de su salida. Tomó aire sabiendo que no podía dar marcha atrás, todo por Lala. En ese momento cruzó un pensamiento fugaz por su cabeza, hacía por lo menos seis meses que no tocaba a una mujer. Abrió la puerta y lo primero que vio fue a las observadoras que obstruían la vista a la cama. Salió un poco más, entonces sus ojos enormes y hermosos se sorprendieron tanto como el resto de su ser, al ver a Lala tendida en medio de sábanas blancas, desnuda, con los ojos vendados. Eso no era lo asombroso, lo que realmente lo alteró fue la belleza de la humanidad de aquella jovencita. Curvas preciosas, pechos que se levantaban redondos y grandes de pezones muy oscuros. Sus caderas provocativas y anchas, su pelvis, su cabello, todo. La niña era lo demasiado hermosa como para ser ignorada y él era el único hombre que la había apreciado de esa forma tan vulnerable. Ella temblaba, se recogía un poco, se notaba la mucha vergüenza que estaba sintiendo. Dio un último vistazo a las observadoras, negando con su cabeza el poder hacerlo. Ellas solo extendieron su mano hacia Lala, que oraba internamente porque su esposo la tratara con gentileza. No podría darse marcha atrás, tendría que tomarla, era el momento. Debía cumplir como un Redmount. *** Fin capítulo 6
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