Capítulo 5: Pánico

1761 Words
V Me llamo Lala, Lala Andrews. Tengo 23 años y ahora mismo estoy a punto de casarme con un hombre al que fui ofrecida, solo para que mis padres no perdieran la poca o mucha fortuna que han logrado hacer en la vida. ¿Cómo pasó?, tan simple como que se asociaron con la familia del infierno, Redmount, y ahora son dueños de sus almas. De nuestras almas. Puedo escuchar afuera de esta habitación el barullo de la gente que prepara una boda, a la que yo no estoy invitada, estoy obligada. Lo odio con mi vida, pero más odio el hecho de saber que mi futuro esposo parece más un cirquero que un hombre. Es al primero que voy a entregarme y es un fiasco. Quiero salir corriendo, me tiemblan las manos, aun escribiendo esto, sin embargo, ahora no puedo. ¿Será que hay un poco de «no quiero»?... Mi cuñado se llama Kyle. Parece hecho del más fino hielo polar, tan frío y hermoso. Yo nunca había considerado a un varón atractivo, solo a los modelos de algunas revistas. Me he visto invadida de sensaciones impuras a solo horas de haberlo conocido. De seguro es la locura en la que ahora vivo la que habla por mí. Muy bien, ellos jugaron conmigo, yo voy a buscar el modo de jugar con todos. Si alguien lee esto, y estoy muerta, culpo a la familia Redmount, a todos. Ahora mismo estoy tan desconectada de lo que pasa, que siento que no he despertado de mi sueño de los sábados, el único día que dormía hasta un poco más tarde. Voy a casarme en unas horas y solo por ser virgen. ¡¡AUXILIO!! ¡¡POR DIOS, AUXILIO!! ¡¡NO QUIERO QUE ÉL ME TOQUE!! No él… no Kaylan Redmount… ¿Por qué no podías ser tú?... Lala guardó a toda prisa su cuaderno de tristezas al escuchar pasos que iban a su cuarto. Ella estaba ya lista, esperando que la arreglaran para lucir un vestido blanco que no había elegido, para estar presente en una fiesta que era la de su inmolación y luego dormir con un hombre que no deseaba. Entraron sin siquiera tocar las muchas chicas que la pondrían hermosa en ese día inolvidable. Para su sorpresa, su vestido no sería el mismo con el que se hizo la agobiante sesión de fotos, sería uno más sencillo, largo y ceñido, un tanto más actualizado. No se pudo negar que era muy hermoso, propio para el último día de su vida como una mujer libre. —Señorita, hemos recibido noticias de su padre, lamentablemente dejó dicho que no alcanzaba a llegar, hubo un retraso en su vuelo. Aun así, la llamará después para darle sus bendiciones y buenos deseos… —No, eso no es cierto. Él solo no puede verme a los ojos ahora que me hizo parte de un trato como si yo fuera una res. Lo conozco muy bien, si hubiera querido venir, estaría acá desde hace mucho… Las chicas que le arreglaban se miraban entre sí, conmovidas, aunque imaginaban algo así, ya que casi nunca las novias de esa familia estaban acompañadas por nadie. Ellas continuaron embelleciendo a Lala, ignorando que la niña agonizaba tras cada segundo que corría el reloj. Ya en ese punto dejó de ser un sueño, ya no era parte de algo que ella creía se iba a solucionar, ya no había retorno, tenía su opción de decir «no» en el altar, pese a eso, de nada iba a servir, la iban a casar como fuera. Al terminar y verse en ese espejo viejo que había reflejado a tantas infelices, se descubrió de nuevo como la chica hermosa que había ocultado sin querer. Cualquier hombre estaría más que orgulloso de llevarla del brazo, pero Lala solo deseaba vomitar. La dejaron sola para que tuviera un tiempo de «reflexión» como las mujeres dijeron. Abajo ya estaba todo muy silencioso, al parecer la hora llegaba. Enloqueció. Salió a correr por el pasillo de habitaciones sin un rumbo, tenía que haber una salida secreta, una puerta, una ventana, algo que la salvara de ese horrendo momento que no iba a ser el más feliz de su vida. Corría con los zapatos en la mano, levantando su vestido, yendo de cuarto en cuarto como si pidiera auxilio. Pobrecita de Lala que lloraba como una loca presintiendo la inyección letal. Ella no quería morir, no quería que Kaylan la tocara, no quería hacer parte de eso. Abrió de golpe una puerta conocida y cayó directo en los brazos que Kyle que estaba dispuesto ya a salir a hacer parte de la boda. La vio con los ojos inyectados de lágrimas, solo que no esperaba que ella lo abrazara por la cintura y luego clavara el rostro en su pecho, suplicante, aterrada. —¡¡Por favor, Kyle!! ¡¡Sácame de aquí!! ¡¡Te lo suplico por Dios!! ¡¡AUXILIO!! —gritó, haciendo que el corazón de él doliera. Lo más terrible vino después cuando ella se dejó caer de rodillas para suplicar ayuda. Eso no tenía que pasar, no podía ser que odiara tanto el unirse a una familia que le iba a dar todo lo que ella quisiera a costa de su dignidad y su vientre. Kyle de inmediato la puso de pie, Lala no podía ponerse a los pies de nadie, jamás. Fue entonces la primera vez que la veía a sus ojos grises y la pudo apreciar como una mujer y no como una cuñada. Una punzada le atravesó de pecho a espalda, sin embargo, el segundo hijo no podía ir en contra de nada en esa familia. —Señorita, la esperan. La voz provenía del mayordomo principal de esa mansión. No soportó este ver el rostro de pánico de la novia, así que fijó su vista en el piso, para terminar de decirle que él era quien la llevaría hasta la puerta de jardín, ella haría la marcha sola. —Yo la entregaré —se apresuró a decir Kyle, tomándola de brazo cruzado. El mayordomo no vio problema con eso, solo que debían darse prisa. Lala entonces solo se dejó llevar del brazo de su cuñado, pensando en las muchas cosas que nunca pudo disfrutar por estar huyendo de esa familia. Se perdió de muchos veranos en la playa, de hacer nuevos amigos, de comer más chocolates y golosinas sin preocupación. Su vida fue rifada y perdió. —Por favor, Lala, te prometo que no será tan terrible —susurró Kyle a las puertas del jardín. —Mírame bien, Kyle. Mira a la mujer que estás ayudando a morir. Lala se soltó del brazo de su cuñado y empezó a caminar sobre la alfombra de flores que se extendía por todo el precioso lugar. Los invitados eran personas que iban solo a ver el espectáculo, desconocidos, verdugos. Como si quisiera evitar ese momento, Kyle caminaba tras ella, tal vez tuviera el coraje necesario para tomarla del brazo y escapar con ella, desafiar a esos que los habían manipulado tanto toda la vida. No pudo, él ya estaba lo demasiado sistematizado como para actuar con autonomía. Lala llegó al altar con el rostro impactado, agradecida un poco de que su marido vistiera normal, y luciera bien. Hasta se parecía a su hermano menor, ese que a ella le gustaba. Por fin, antes de aceptar a Kaylan como esposo, se aceptó a ella misma que Kyle le gustaba. Sonrió, al menos podría decirse a futuro que hubo un hombre que sí le gustaba. La comedia terminó con aplausos al escuchar a la niña virgen dar el «sí», que la hacía parte de esa familia que todos odiaban. *** La fiesta estuvo muy animada, a pesar de la seriedad de la novia. Kaylan fue quien en todo momento se robó el show, porque aquello era precisamente eso, el espectáculo de un matrimonio forzado. La familia estaba acostumbrada a eso, de seguro Lala tarde o temprano iría a otra de esas bodas y sentiría con satisfacción que no fue la única. Kyle estaba en la mesa de los negocios, bajando hiel en cada una de las cucharadas de la exquisita comida. Su bebé había sido llevado a una casa de descanso, no quería que estuviera rodeado de tantas personas, siendo tan pequeño. Pudo alejar a su Elis, pesándole en el alma no haber podido ayudar en nada a su ya confirmada cuñada. —Señor, su hermano lo necesita —le dijo una amable criada, tocándolo en el hombro. La música sonaba muy alegre, todos bailaban y reían. Kyle miró una vez más a Lala, que estaba sola en la mesa principal. Kyle siguió a la criada que lo llevó hasta el despacho. Ahí estaba su hermano, vestido en ese elegante traje, cosa bastante inusual en él. El hombre de hielo entró y la sorpresa fue ver ahí a las «observadoras». Un misterioso grupo de mujeres que iba cubiertas de cabeza a pies por unas capas, sin dejar ver su rostro nunca y que habían sido las encargadas de ser las verificadoras de la primera noche entre el mayor Redmount y su esposa, durante generaciones. Ellas eran las encargadas de decir al anciano de turno que el coito había sido consumado y que la novia sí era virgen. —¿Por qué estás aquí con ellas? —preguntó Kyle, recordando todo lo que se rumoraba de ese grupo. —Ellas están acá, para hacer lo que yo les ordene, igual que tú —respondió arrogante el hermano inútil. —Supongo que sí —respondió sin prisa Kyle, tomando asiento al otro lado del escritorio de cedro. —Kyle, hermano, lo que voy a pedirte es muy simple. En unas horas será mi primera noche con mi esposa, donde debe comprobarse su virginidad de manera total. Según la tradición, la penetración debe ser lo suficientemente profunda como para que se logre su sangrado y todos sean felices. —Kaylan se sentó frente a su hermano menor, mientras las observadoras permanecían inmóviles—. Vas a ser tú, Kyle Redmount, quien tome a esa niña y la haga su mujer. Kyle pudo sentir como el aire de su pecho lo abandonaba y el corazón dejaba de latirle. Aquello no podía ser posible, su hermano debía estar ebrio, o muy alucinante, aquello era imposible, aquello podría ser el fin de esa familia. El hombre no pudo gesticular palabra, pero las observadoras y su hermano, parecía hablar muy en serio. El inicio del fin. *** Fin capítulo 5
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