XLIV El disparo había rozado levemente el oído del hijo segundo que cerró sus ojos, creyendo con firmeza que iba a impactar su cabeza. Todos gritaron a unísono, un niño enfurecido de los mismos ojos y cabellos oscuros que caracterizaban a los varones Redmount, pensaba tomar la justicia por su propia mano. En la familia, los jóvenes empezaban a cuestionarse todo lo que hacían, desde el momento en que supieron que Dale había mandado a los ancianos al infierno y devuelto el apellido como un supositorio. El joven doctor marcaba todo un hito en lo que ellos creían posible, nadie imaginaba que ese hombre gentil que no se negaba a nada en los mandatos de esa secta horrorosa, fuese el primero en levantarse y dejar su vida de lujos atrás, desapareciendo con una chica que era su prima. Esos rumor

