LVII Lala tomó algo de aire antes de que la puerta del su lado fuese abierta y ella pusiera un pie de nuevo en ese lugar. Había pasado tanto en tan poco tiempo que no creyó jamás que ahora esa jaula, esa trampa mortal, pudiera ser de nuevo su hogar. Kaylan descendió primero y le extendió su mano a la señora Redmount para ayudarla. Ella vestía de muchos colores, un traje largo de verano tapizado de mariposas, el cielo estaba trágicamente azul, sin una nube, hermoso, desastroso. El jardín estaba restaurado por completo, pero la fuente en la mitad no bombeaba agua. Los pajarillos revoloteaban buscando algo para beber y se saciaban en lo poco que había empozado en los pisos. —¡Hoy el cielo se pinta de alegría! —gritó una voz vieja y gastada, al ver a Lala caminar hacia la entrada—. ¡Bienveni

