Tomé el último sorbo de vino, mirándolo a él.
Entonces nos quedamos así, por un largo tiempo. Sin tema de conversación.
—Hace una semana vi a tu madre —mis ojos se iluminaron al escucharla—. Ella está bien, le he dado unas medicinas que me pidió. Y pues... Se lleva muy bien con mi madre. Sabes que ambas toman vino a escondidas.
Me reí por aquello. La señora Brown y mi madre han sido buenas amigas siempre.
—De seguro también has tomado vino con ellas —dije riéndome.
Me detuve cuando vi que a él eso no le hizo gracia.
—¿Me dirás la verdad? —eso me tomó por asombro.
—Sobre... ¿Sobre qué?
—Sobre de que... —se levantó de su silla, ordenó a los mozos que se retiren—. Que aún necesitas de mí, Maia. ¿Cómo decirlo correctamente? No lo sé. Pienso que aún necesitas de mí, de esto.
Se señaló a sí mismo.
—Ja, ja... Ni te creas lo más importante —dije entre risas.
Intenté pararme pero mis piernas fallaron.
Creo que me emborraché.
—Ni de pie puedes ponerte, nena, ¿no necesitas ayuda?
—Puedo hacerlo sola —lo intenté de nuevo y fracasé.
Caí de rodillas ante él.
Él no me ayudó, simplemente me ignoró y se sentó en su sofá.
—Sí tanto puedes hacerlo sola, vete —respondió.
Cameron podía ser cruel cuando quería, y esa vez necesitaba serlo.
Quise pararme de nuevo, y de nuevo volví a caer.
—Me iré, lo prometo, no necesitas aburrirte conmigo.
—Contigo me pasa de todo, menos aburrirme, Maia —dijo—. Ven hacía a mí.
Quedé a cuatro patas en el piso, mirándolo. Él mirándome.
—¿Qué? ¿Eso quieres?
—Quiero que me supliques que quieres esto —se desabotonó la camisa de repente—. Suplícame.
No dije nada más. Necesitaba el maldito dinero.
Tuve que dejar mi orgullo de lado, te lo juro, tuve que hacerlo.
Comencé a gatear, desde la mesa hasta el sillón. Me detuve cuando lo tuve ante mis ojos.
Mis piernas dolían, estaba de rodillas y al frente de él.
Mientras que él, con su sonrisa malévola y llena de placer, me tomaba del mentón para que lo mirara fijamente.
—Hazme saber que quieres esto, nena, y te lo daré todo —me relamí los labios al pensar eso—. Prometo que esta vez te lo daré todo.
Parpadeé dos veces, esto es un sueño.
—Quiero que me lo des —dije suavemente, mientras que sentía la falda recta asfixiando los muslos—. Lo necesito.
Él metió su pulgar en mi boca, mientras que yo lo abría lentamente para él. Envolví el pulgar con mis labios y sentí el tacto contra mi lengua. Su dedo suave, y salado a vez, para mí era el mismísimo éxtasis.
—Abre la boca —exclamó, e hice caso a su orden. Sacó su pulgar y metió dos dedos, el índice y el del medio. Dejé mi boca abierta mientras que lo miraba a él, con mi mentón hacía arriba, y con mis ojos tan abierto a lo desconocido.
Retiró sus dedos y procedió a desabrocharse el pantalón, sin embargo se detuvo a la mitad. Su mano izquierda pasó por mi cabello y tomó fuerte de mi coleta alta, él se agachó apenas para hablarme.
—Quiero que lo chupes —dijo sin vergüenza alguna, aunque yo la sentí por dentro.
Vi su bulto erecto, lo estaba por completo.
Él se quitó su traje y sus pantalones, y procedí a mirar mi comida.
—¿Qué seremos después de esto?
Cameron me miró cómo sí fuese la cosa más inocente que se le cruzó alguna vez en su vida.
—Probablemente socios, pero mientras tanto quiero follarte tanto hasta que te olvides tu propio nombre.
Estaba por meterlo en mi boca, cuando de repente sonó su teléfono.
Me espanté por el sonido estruendoso del móvil.
Él lo atendió rápidamente.
—¿Diga? ¿Sí? —se abrochó los pantalones de nuevo—. Okey, te espero aquí en la oficina.
No dije nada al respecto, me levanté como pude.
—Supongo que ya debería irme —dije, pero Cameron no dijo nada más. Me entregó dinero—. ¿Y esto?
—Tomate un taxi, lo que sea, pero vete.
Hice lo que me ordenó y salí tambaleando por el pasillo.
Cuando llegué al ascensor, las puertas de este se abrieron y del otro lado vi a aquella pelirroja que tanto odié toda mi vida. Oh, maldita infeliz, ¿cómo pudo arruinarme la vida tanto tiempo?
Georgia, la ex-novia de Cameron. Y la misma que le hizo la vida imposible.
—¿Has visto a Cameron? —me habló de repente mientras masticaba un chicle.
—Sí, él está en su oficina... —le respondí.
—Okey, perfecto, supongo que esta noche la pasaré bien —me entregó su chicle. No sé porqué lo recibí, fue asqueroso de su parte, sí, lo sé. Me imagino otra situación donde le pegaba el chicle en su maldito pelo rojizo.
Así que, tuve que admitirlo otra vez.
Pasé a ser la segunda opción de Cameron, era lo que más odiaba.
Ni siquiera había podido tener sexo con él.
—¡Pensaste de nuevo con tu maldito trasero, Maia! —me dije a mi misma.
Me tomé un taxi y fui al departamento.
Cuando llegué, vi una bolsa con comida en la puerta de mi apartamento. Una nota amable, de Steven, agradeciéndome por haberle alegrado el día con una simple sonrisa. No recordaba haberlo hecho, supongo que fue cuando me entregó el dinero.
Vi la comida dentro y eran unos simples sándwiches.
Pero, ¿qué errores puede cometer una dulce joven que fue seducida por su ex?
Claramente ningún error que pueda ser remediado.
—Bueno... La vida es una —salí de mi apartamento y toqué dos veces en la puerta de Steven. Juro que pude haber compartido dos palabras con él, y me atraía un poco. Apenas un poco.
Cometo errores siempre. Y más cuando estoy con copas de más.
Steven salió sin camisa, y me sonrió cuando me vio.
—Maia, ¿estás bien? —dije que sí, y me colgué de su cuello besándolo.
Pero de la nada él me soltó, cortando el beso.
—¿Qué sucede? ¿No te gusto?
—Es que... Quiero decir... —cerró la puerta y se quedó plantado sin saber que decir—. Sí, me gustas, pero esto no es algo que prefiera hacer ahora mismo. Es decir, ¿estás borracha? Eso creo.
Me acerqué y vi las pecas de su rostro.
—Tienes muchas pecas... —me salió un hipo extraño de la boca—. ¿No vamos a hacer el amor?
Comenzó a reírse.
—Bueno... No sé si quisiera hacerlo, menos en tu estado, nos hemos visto solamente dos veces.
—Entonces no te gusto realmente... —me senté en su sofá.
Obvio que sí, sin su permiso.
—No es que no me gustes, me atraes. Me pareces bonita —él se sentó a mi lado—. Pero, esto no es algo que quisiera que ocurriera así. Quiero decir que, no acostumbro a follar una noche y luego hacer como sí nada. Me considero abierto a cualquier tabú, menos a este, me gusta tener una relación más intima. Me gustaría conocerte, Maia.
Cerré mis ojos y me dejé caer en su hombro.
—Soy un desastre, lo siento.
Sentí miles de sensaciones, una de ellas es el arrepentimiento.
—No eres un desastre, solo estás borracha... Algo borracha —Steven se acomodó a mi lado.
—Sí lo soy, ¡pienso que sería divertido haber visto a mi ex y pensar que aún me amaba!
Él se quedó algo atónito e hizo como sí no hubiese mencionado eso.
—Bueno... Mi abuela decía que el pasado toca la puerta dos veces, creo que es hora de que lo dejes atrás y comiences una vida nueva, ¿no te parece? —Lo miré como sí tuviese razón—. Necesitas abrirte al mundo, o te comerá la cabeza el maldito pasado.
Tenía razón.
—Eres lindo... —dije sin pensar.
—Bueno, gracias por ello. Tú también lo eres.
Me recosté sobre él y creo que me dormí.
Escuchaba su respiración, sus latidos.
—Maia... —escuché decirle—. Realmente me gustaría conocerte. Me resultas alguien interesante.
Me dormí profundamente. Creo haberlo hecho.
Pensé que tendría sexo con Cameron, fracasé.
Quise encamarme con Steven sin conocerlo..., fracasé.
Fracaso en todo lo que hago.