Debíamos levantarnos, anoche llegamos a Montería. Ricky, Lucas y Lucían se iban hoy, aún no había salido el sol, pero debía estar a las ocho en el aeropuerto, comencé a besarlo en el pecho, cuello y apenas toqué, sus labios él los devoró. Tenía miedo de que se fuera, era como un mal presagio. Pero debía ser el miedo a perderlo, comenzamos a tocarnos y en cuestión de segundos Ricky se fundía en mi interior, los días no nos bastaron para amarnos, amada por él, me sentía plena, besó mi cuello y lo sentí aspirar mi aroma. —No estés triste, en tres semanas estaré de regreso y ya no nos separaremos más. —¿Me lo prometes? —Se puso a un lado, me abrazó. —Vendré con mis papás, la pasaremos rico, si Rosa se encuentra embarazada, responderé de manera económica y me cercioraré para que se haga un

