La hacienda de mi mamá era preciosa, Dylan salió con Rafael desde hace rato, fueron a comprar unas cosas para el asado, Betty desde el almuerzo estaba muy pensativa, tanto que estaba a nada de soltar el llanto en cualquier momento. Ricky hablaba con Lucían y Lucas, ese era otro que parece querer salir corriendo. ¡Ay Dios!, cada quien maneja sus propios problemas. Los que estaba en su mundo feliz eran José Luis y Cadie, mis pelaítos pelean, se abrazan, se halan el pelo, vuelven a jugar, uno le arrastra la muñeca, la otra le patea el carro, era un espectáculo ver a mi princesa y a mi pingüino. Miré a mi amiga. —¿Algo por contar? —Mucho en realidad, Cata. Chila se vino con nosotros a ayudarnos en la Sabanera, habían matado un puerco y ella se adueñó de la preparación de los chicharrones,

