Capítulo 13 – Premoniciones, thestrals y un pequeño enfrentamiento de color azul.
Los primeros días pasaron rápidos, al fin había llegado a una clase nueva para mí, adivinación.
Entramos a un desván lleno de humo, había mesitas de té con sillones demasiado blandos, cada uno con un color y unos dibujos distintos y que no pegaban unos con los otros.
También había una chimenea encendida con una tetera puesta al fuego.
Había estanterías llenas de tazas de distintos colores, bolas de cristal, barajas de cartas y un sin fin de cosas que supuse tenían que ver con lo que íbamos a estudiar ese año.
Las mesas eran de dos en dos, así que Lily y yo nos sentamos en una del medio de la clase.
Una mujer mayor, de cabello rizado y blanco, y unas gafas que le hacían los ojos enormemente grandes y pálidos, salió de detrás de un panel.
Había oído hablar de ella, era Cassandra Trelawney, una vidente famosísima en el mundo mágico, poseía el ojo interior y todo lo que decía se cumplía, tarde o temprano.
También había oído que su nieta estaba en Hogwarts como alumna.
— Hola, como ya sabéis soy Cassandra Trelawney y en esta asignatura os enseñare el arte de ver con vuestro ojo interior, aunque no seréis capaces de ver ninguno nada, y si veis algo será de casualidad — sentenció la mujer — Hoy veremos cómo leer los posos de té, así que cogeros una taza cada uno, beberos el té y darle vuestra taza a vuestro compañero de mesa que, con ayuda del libro, debe interpretar lo que vea.
Tras bebernos el té y cambiarnos la taza empezamos a intentar adivinar lo que veíamos.
Miré la taza de Lily con concentración, intentando saber que podía ser.
— Pues... hay un sol, así que serás feliz...también hay un cráneo, así que tienes peligro en el camino...y hay un halcón, así que tendrás un enemigo mortal... supongo que serás feliz hasta que encuentres al enemigo mortal que podría suponer un peligro en tu vida ¿no? — dije intentando darles sentido a unas simples hojas de té.
La profesora me arrebató la taza y la observo un momento con detenimiento para asentir y mirarme.
— Tienes buen ojo... — dijo dándome la taza.
Cuando su mano rozó la mía la profesora puso los ojos en blanco, y su temblorosa y cálida voz cambio ante la atenta y horrorizada mirada de todos.
— El verdadero amor al comienzo de la destrucción encontraras, dos hijas tendrás y por amor joven morirás — concluyó la profesora con voz solemne, grave.
La profesora cayó al suelo, desmayada.
Cuando despertó diez minutos después me miró preocupada y cogiéndome del brazo, por una zona que hubiera ropa de por medio, me llevó al fondo del aula.
— No debes preocuparte, será dentro de muchos años, al menos ya no estarás en Hogwarts, pero temo decirte que aunque ya sabes tú final nada de lo que hagas podrá cambiar lo que se nos avecina a todos, ignora lo que te he dicho o sucumbirás al futuro y entonces será peor aún — dijo la mujer con cuidado de no tocar mi piel — todos estaréis en peligro, todos lo estaremos, y muchos moriremos, incluida yo —sentenció la profesora ofreciéndome un poco de chocolate caliente — tomate esto, te ayudará a pasar el mal trago jovencita.
La profesora se alejó, esta vez en vez de dar vueltas por el aula supervisando a los alumnos se sentó en una butaca junto al fuego, con la mirada puesta en la nada y callada como un muerto.
Me senté en mi sitio al lado de Lily que me miraba preocupada, yo seguía pensando en las palabras de la mujer, que descansaba en la butaca con aspecto cansado.
— ¿Estas bien? — preguntó Lily cuando salimos del aula.
— Sí, no sé porque no me ha asustado... es raro... es como si... como si lo hubiera asumido nada más escucharlo... no se explicarlo... de todas formas no me preocupa lo que me ha dicho en ese momento, sino lo que me ha dicho estando consciente cuando nos hemos alejado... — respondí en susurros.
— ¿Que te ha dicho? — me preguntó en un susurro Lily mirando alrededor para vigilar que nadie escuchara.
— Que cuando eso llegué todos estaremos en peligro, que será después de terminar Hogwarts y que más de uno morirá, incluida ella — le susurré mientras miraba alrededor.
Lily me miró con seriedad.
— A lo mejor también tiene relación con lo que has visto en mi taza de té, un enemigo mortal para todos… — Susurró Lily con horror mirándome como si hubiera resuelto parte de un puzle con una imagen horripilante.
En cuidados de criaturas mágicas vimos los Thestral, Lily se sorprendió aún más, si era posible, cuando tocó al animal que no veía.
Oficialmente los thestral eran mis animales mágicos favoritos, tan feos que son hermosos, incomprendidos y bellos a su manera, pacíficos y amables.
Me había enamorado de una hembra joven que había decidido seguirme todo el rato restregando su hocico contra mi hombro hasta que le daba un trozo de carne fresca.
Todos los que podían verle, incluido el profesor, intentaban no reírse ante la insistencia del thestral por seguirme por el prado.
Y los que no podían verlos se intentaban no reír por mis repentinos movimientos, mis cambios de sitio y mis sobresaltos, además de mis repetidos lanzamientos de carne.
Al volver al castillo me crucé con Axel, sentado en el pasillo con una chica de Ravenclaw sentada sobre sus piernas.
— ¡Hola Éride! ¿Ya has visto lo que te pierdes? — preguntó Axel ante la atenta mirada de todos los Gryffindor de primero.
— ¿Según tú que me pierdo? — pregunté con desinterés.
— ¿Estar conmigo? Es obvio — respondió Arrogante Axel.
— No creo que eso le importe mucho — respondió Jay a mi lado pasando su brazo por mis hombros y sonriéndole con burla a Axel que, mirando furioso a Jay, se levantó amenazante.
— ¡¿Y quién te crees tú para meterte en medio de esto?! — preguntó Axel.
— ¿En medio de qué? — preguntó Jay sonriente.
— Entre ella y yo — sentenció Axel cogiéndome del brazo con brusquedad, haciéndome daño con el fin de apartarme de Jay.
— Suéltame — le exigí a Axel.
— ¿O qué? — preguntó con burla.
Con una rapidez asombrosa saqué mi varita y con un movimiento rápido le lancé un rayo que impactó en su brazo, en el que se quedó la marca del impacto de color azul y poco después se fue expandiendo el color por todo su cuerpo.
Axel miró con horror y pánico su piel para luego mirarme furioso.
— ¡¿Que me has hecho, estúpida niñata?! — me gritó Axel.
— Me has preguntado qué haría si no me soltabas, ya lo sabes, no vuelvas a acercarte a mí, y mucho menos vuelvas a tocarme — siseé furiosa.
Nos fuimos de ahí con los gritos furiosos de Axel de fondo, las siguientes veces que le vi seguía azul.