Los días pasaron rápidamente y el tiempo de clases y tardes libre para pasear por los inmensos terrenos del colegio se habían acabado, los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y nos encontrábamos con un montón de temario que memorizar y practicar para los exámenes teórico-prácticos.
Axel y yo nos veíamos poco últimamente por esto último, ambos teníamos que prepararnos para los exámenes y sobre todo porque unos metomentodo decidían soltar bombas fétidas o mojarnos por completo cada vez que se cruzaban con nosotros.
Habíamos decidido que estudiaríamos juntos en la sala de los menesteres, donde nadie podría molestarnos mientras pasábamos el tiempo juntos y nos ayudábamos a estudiar.
— ¿Por qué tienes que vendarme los ojos para ir a esa sala tuya? — preguntó Axel con los ojos vendados y sujeto firmemente a mi brazo.
— Porque prometí no desvelar el paradero de esa sala, y lo que prometo lo cumplo — expliqué divertida — vamos.
Caminamos hasta el corredor del séptimo piso entre tropezones y risas.
Al llegar al pasillo la puerta se fue formando, entrando por ella.
Cuando la puerta desapareció de las paredes de piedra de la sala de los menesteres le quité la venda.
— ¡Ta chan! — exclamé enseñándole una sala enorme llena de estanterías con libros, sillones, mesas y cómodas sillas.
— ¡Vaya! — exclamó Axel mirándolo todo con sorpresa — ¿cómo encontraste esta sala?
— Había leído muchos libros sobre Hogwarts y esta sala, llegué porque los primeros días me perdí buscando mis clases y terminé aquí.
— ¿Por qué no me extrañara? — dijo con suspicacia pasando su brazo sobre mis hombros — ¿Empezamos a estudiar?
Asentí para sentarnos en unas butacas rojas de terciopelo con una alta mesa caoba delante.
Sacamos nuestros libros y empezamos a estudiar con una agradable melodía de fondo.
Había terminado de estudiar historia de la magia cuando la puerta empezó a formarse.
Me giré confusa.
La puerta no se formaba a menos que alguien supiera que la sala estuviera allí y fuera a entrar, y solo sabía de una persona que conociera esa sala tan bien como yo.
Sirius cruzó el umbral con James mirando todo con sorpresa.
El me miró sorprendido por un momento para luego mirarme furioso tras ver a Axel.
— ¡Rompiste tu promesa! ¡Dijimos que no enseñaríamos a nadie como llegar a la sala! — exclamó furioso Sirius con un dedo acusador.
— ¡Yo no he roto mi promesa, Axel ha venido con los ojos tapados, no sabe llegar, pero James sí! ¡Eres tú el que ha roto la promesa! — dije cabreada levantándome y yendo hacia él, clavándole el dedo en el pecho — No sé cómo pude confiar en ti — siseé — quédate la estúpida sala, no quiero tener que compartir nada contigo — espete, dando por concluida la discusión.
Me giré y recogí mis cosas rápidamente.
— Vámonos de aquí — exclamé mientras Axel recogía sus cosas y volvía a vendarse los ojos — No quiero tratar con embusteros incumple promesas.
Salí con Axel rápidamente y llegamos a la biblioteca donde le destapé los ojos y me dejé caer en una mesa con cansancio.
— ¿Era con él con quien habías prometido guardar en secreto la sala? — preguntó Axel enfadado.
— ¿También vamos a empezar a discutir nosotros? Si, se lo prometí a él, No entiendo porque te enfadas por esa tontería — respondí con cansancio mientras abría el libro de astronomía.
— ¿No entiendes porque me enfado cuando guardas secretitos con otros chicos? — preguntó Axel con las orejas de un tono carmesí.
— Pues no, eso fue antes de empezar a salir contigo — espeté empezando a cabrearme — Si vamos a pelearnos temo decir que no estoy de humor para eso.
— ¡Me da igual que no estés de humor! ¡¿Qué relación tienes con ese niño? — preguntó golpeando la mesa.
— ¡¿Estas bien de la cabeza?! ¡¿Es que acaso no confías en mí?! ¡Tú estudias con tus compañeras y te reúnes con ellas y yo confió en ti, no me enfado ni te recrimino nada! ¡¿Y qué haces tú?! — dije levantándome de la mesa y cogiendo mis cosas.
— ¿Qué haces? ¿A dónde vas? ¿Te vas con él no? — preguntó furioso.
— Mira... cuando se te pasé la estupidez avísame, hasta entonces dame un tiempo, Sayre — sentencié marchándome con los libros en los brazos.
Al llegar a la sala común distinguí la pelirroja cabellera de mi amiga, corrí hacia ella, abrazándola y tirando todos mis libros por el camino.
— ¿Que...? ¿Estás llorando? ¿Qué te ha pasado? — preguntó Lily preocupada mientras me abrazaba.
Negué con la cabeza, sollozando con la cabeza en el hueco de su cuello.
— ¿Has vuelto a discutir con Sirius? — preguntó y asentí — ¿Lloras por culpa de ese imbécil arrogante? — volvió a preguntar exaltada y furiosa haciendo que negara.
— Es Axel — respondí separándome un poco y limpiándome las lágrimas entre hipidos — hemos discutido.
— Oh... ¿Qué ha pasado? — dijo Lily cogiendo mi mano entre las suyas.
— Se ha enfadado porque tenía un secreto con Sirius, la sala donde entrenábamos — dije haciendo que Lily entendiera a qué secreto me refería — no confía en mí...
— ¡Vaya tonto! — exclamó mi amiga con el puño levantado — ¿Qué vas a hacer? —me preguntó.
— Le he dicho que hasta que se le pase la estupidez nos demos un tiempo, creo que va a cortar conmigo — dije empezando a llorar de nuevo.
Lily compuso mala cara, mirando mal a alguien detrás de mí.
— ¡Vete, no llegas en buen momento! — exclamó Lily cabreada.
— ¿Lloras por la sala? Oye lo siento, pero no me gusta guardarle secretos a mi mejor amigo — explicó Sirius con pena.
— ¿Crees que lloro por ti o por tu estúpida sala? ¿Que no tengo nada más de lo que preocuparme? ¡Por tu estúpida interrupción me he peleado con mi novio! — exclamé con furia.
— ¡¿Lloras por ese imbécil?! ¡Todos sabemos que solo eres una de sus muchas novias y que no te quiere! — espetó Sirius.
Me levanté y con la mano abierta le di una bofetada.
Todo quedó en silencio, los alumnos de Gryffindor que se encontraban en la sala común se giraron, mirando boquiabiertos la escena.
— No vuelvas a dirigirme la palabra, Black, nosotros no somos amigos — sentencié cogiendo mis cosas y subiendo a mi habitación.
Los exámenes habían comenzado oficialmente, y nos esperaban cuatro días con exámenes prácticos y teóricos.
En historia de la magia tenían una hora para contestar un sin fin de preguntas relacionadas con el mago que había inventado los calderos de auto agitación.
Me había pasado la tarde anterior estudiando y se me venían los textos a la mente tal cual salían en los libros y DCAO no me había supuesto ningún problema.
Astronomía y Herbología eran fáciles y vuelo, que constaba de saber dar una vuelta por un circuito estaba tirado.
En encantamientos tuvimos que hacer que una piña bailara claqué sobre la mesa, en transformaciones tuvimos que hacer que una rata se transformara en una caja de rapé.
Lily y yo conseguimos puntos extra al conseguir unas preciosas cajas enjoyadas.
Habíamos estado practicando la noche de antes todas las transformaciones que habíamos aprendido durante el curso y nos había salido perfectamente en el examen.
Y en pociones teníamos que preparar la poción del olvido.
Al terminar los exámenes estaba contenta, me habían salido a la perfección y esperaba buenas notas.
Ahora, tras terminar los exámenes Lily y yo nos encontrábamos sentadas en la mesa de nuestra casa disfrutando de nuestra última comida en Hogwarts hasta el curso siguiente.
— ¿Qué vas a hacer con Axel? — preguntó Lily susurrándome en la oreja, ya que el nombrado estaba sentado tranquilamente frente a mí.
Desde la discusión el mes anterior no había tenido narices a hablar conmigo, sino que, lejos de hacerlo se juntaba más con sus amigos y amigas, ignorándome.
— Ahora verás — le respondí a Lily sonriéndole — Ey Sayre — le llamé haciendo que Axel me sonriera.
— ¿Vas a pedirme perdón ya o vamos a seguir dándonos un tiempo? — preguntó sonriente.
— Oh... no, no voy a pedir perdón por tu falta de confianza y tus arrebatos de celos, solo quería decirte que hemos roto ¿vale? — respondí sonriendo — no quiero seguir saliendo contigo.
Axel se quedó con la boca abierta mientras Lily y yo, que ya habíamos terminado de comer, nos levantábamos y nos íbamos del gran comedor.
En el vagón del tren con regreso a Londres seguíamos riéndonos de la cara de Axel al saber que había roto con él.
— ¿Que vas a hacer en vacaciones? — me preguntó Lily.
— Supongo que estaré encerrada en el sótano, con suerte se apiadarán de mí y solo será en mi habitación, pero prometo enviarte cartas — respondí — ¿y tú?
— Ayudar a mi madre en el jardín, quiere plantar unas flores que le recomendé del libro de herbología — sentenció Lily emocionada.
— ¡Genial! Tienes que enviarme fotos — exclamé contenta.
— ¡Eso está hecho! — respondió Lily.
Al llegar a la estación Lily y yo nos despedimos con un abrazo, ella se fue con sus padres y su hermana que la esperaban al otro lado del muro, en la estación muggle y yo me fuí hacia mi padre, que nos esperaba a mis hermanos y a mí.
— Hola, padre — dije nada más llegar.
— Éride — dijo mirándome de reojo — tus hermanos me han contado sobre cierto novio tuyo de... Gryffindor — sentenció enfadado.
— Ex-novio, le dejé — sentencié mientras mi padre asentía satisfecho.
— Olvidare que estas en Gryffindor ya que me han llegado cartas de tus profesores, en especial Horace Slughorn, el jefe de la casa Slytherin, felicitando tus grandes habilidades mágicas — sentenció sin mirarme mientras veía como mis hermanos caminaban con arrogancia hacia nosotros.
— Gracias padre — susurré mientras el asentía.
— ¡Ey! ¡He oído que le has roto el corazón a Sayre en medio del gran comedor! — dijo con burla Rabastan pasando su brazo sobre mis hombros.
— Muy bien hecho, ese tío era imbécil — sentenció Rodolphus.
— Ese vocabulario — advirtió mi padre cogiéndonos de los hombros y desapareciéndonos todos.