Capítulo 11 - Unas vacaciones movidas.

1705 Words
Las vacaciones de verano habían comenzado oficialmente y, extrañamente, mi padre había decidido no castigarme, al parecer las múltiples cartas de los profesores felicitando mis habilidades mágicas, que mis notas no bajaran de los extraordinarios (que era la calificación más alta), y que además formara parte del club de las eminencias del jefe de la casa Slytherin, le había contentado, dándole a mi padre algo que echarles en cara a las demás familias. Como todos los veranos nos quedábamos en casa y algunas tardes todas las familias se juntaban para que sus hijos socializaran y les facilitara que en navidades pudieran prometer a sus hijos para preservar la "sangre pura". Llevaba tiempo eludiendo las reuniones dando como escusa el tener que practicar y estudiar los libros que mis amigos me habían regalado, pero tras dos meses y medio dando largas llegó un momento en el que mi padre no acepto un pero por escusa y me hizo ir a la reunión. Esa tarde a finales de agosto nos reunimos en mi casa, en el jardín provisto de piscina. Habían venido los Black al completo, James Potter, que parecía ser la extensión de Sirius y viceversa, los Malfoy, los Travers, los Avery, los Mulciber, los Zabini, y los Parkinson. Mis hermanos se estaban bañando en la piscina con la mayoría de nuestra edad mientras Sirius y James se encontraban sentados en las escaleras de acceso a la piscina hablando tranquilamente. ¿Qué hacía yo? Leía mi nuevo libro de pociones tumbada en una hamaca en bikini y con mis gafas de sol de aviador. Ese verano me había estado dejando el pelo largo (con ayuda de unos hechizos que había aprendido) y me llegaba lacio hasta la cintura. En ese momento alguien me tiró agua fría, mojándome por completo y haciendo que, aparte de mojar mi libro, me sobresaltase. Me incorporé en la hamaca después de secar mi libro con un hechizo de aire caliente, dejándolo como nuevo, y miré a mi alrededor, buscando al culpable. Mi hermano Rodolphus intentaba no reírse mientras ponía cara de sorpresa aún con la varita en la mano, intentando ocultarla de mi vista. Me levanté sonriendo y me acerqué a él. — Te ayudaré a buscar al culpable y castigarle hermanita — dijo haciéndose el comprensivo mientras yo sonreía más. Los adultos parecían haberse empezado a interesar por el conflicto recién comenzado. Sonreí con inocencia y saqué mi varita. — Aceptaría tu ayuda, pero ya he encontrado al culpable — dije con la varita en la mano. — ¿Sí? Dime quien es para que te ayude — respondió con seriedad mi hermano mayor. — ¡Expelliarmus! — exclamé haciendo que la varita de mi hermano cayera en mis manos ante la estupefacta mirada de todos. A continuación, hice movimientos leves de varita haciendo que pequeños rayos verdes salieran de mi varita e impactaran con mi hermano, dándole descargas eléctricas. — ¿Seguro de que quieres ayudarme? — dije lanzándole rayos entre palabra y palabra haciendo que huyera y brincara por las descargas eléctricas — ¡No huyas hermanito! ¡¿No querías ayudarme?! ¡Slugulus Eructo! — sentencié. Todo quedo en silencio y mi hermano se rió. — ¿Ese es tu hechizo? ¡No ha funcionado inu...! — empezó mi hermano cuando le dió una arcada, tapándose la boca. — ¿No ha funcionado? — pregunté sonriente — intenta decírmelo las próximas horas, con suerte podrás decir algo. A la siguiente arcada le salió una babosa gorda y llena de moco verde que hizo poner cara de asco a los presentes. — ¡Éride! ¡Ya está bien! ¡Ya has castigado a tu hermano por la broma! ¡Ahora páralo! — ordenó mi padre. Lo miré en silencio por un momento, enfrentándolo en silencio. — ¡¿Porque debería?! ¡Se lo merece! — respondí. — Páralo, porque como lo pare yo no volverás a ver la luz del sol hasta que vuelvas a Hogwarts — sentenció mi padre. Apreté los labios y haciendo un movimiento de varita mi hermano dejó de vomitar babosas. Furiosa cogí mis cosas y me fui camino a mi habitación, no sin antes patear a mi hermano por el camino. — ¡Éride! — exclamó mi padre amenazante. — ¡Ya lo he entendido, padre! — exclamé alejándome. — ¡Éride devuélvele la varita a tu hermano y siéntate donde estabas! ¡No te he dado permiso para encerrarte en tu cuarto! — exclamó mi padre furioso haciendo que parara de golpe y volviera por donde me había ido, le tiré con fuerza la varita a mi hermano, dándole en la cabeza y me senté en la hamaca del principio, con los brazos y piernas cruzadas y el libro a un lado. Aunque había pasado ya unas cuantas horas esa mañana, los adultos no habían dejado de mirarme de reojo, como si hubieran visto una criatura desconocida digna de estudiar. Cerré los ojos y me recosté, dispuesta a dormir un rato al sol. — ¿Habéis visto la habilidad de la joven Lestrange? Esos hechizos no se enseñan en primero, y mucho menos se controlan con tanta facilidad — susurró uno de los padres. — Ya lo dije, he recibido cartas de todos los profesores alabando la habilidad mágica de mi hija, incluso a ingresado en el club de las eminencias — sentenció mi padre — es obvio que es una Lestrange, es poderosa como todos en la familia. — Se podría decir que unos son más talentosos que otros — dijo la madre de Sirius llamando inútiles a mis hermanos de manera indirecta. Aunque fuera una mujer antipática tenía que admitir que solía tener razón en ese tipo de cosas. — Éride — llamó mi padre. Abrí un ojo, mirándole. — Ven — ordenó haciendo que me levantara con una tranquilidad exagerada y me acercara — ¿Sabes quién más de primero está en el club de las eminencias? — Em... James y Sirius... mi amiga Lily y mi amigo Severus de Slytherin — dije rascándome la barbilla, pensando. — ¿Y por qué estas dentro del club? — preguntó mi padre. — Principalmente por pociones y encantamientos — respondí con tranquilidad encogiéndome de hombros. Mi padre asintió. Cuando me alejé, dispuesta a volver a mi merecido descanso, me encontré con James y Sirius ocupando mi hamaca. — Estáis en mi sitio — dije con los brazos cruzados. — ¿Vas a lanzarnos rayitos o hacernos escupir babosas a nosotros también? -preguntó Sirius de manera burlona. Le ignoré, ya le había dicho que no le volvería a hablar y no lo haría. — James ¿Puedes decirle a Black que cumplo mi palabra de no hablarle y que quite su gordo culo de mi preciosa hamaca? — dije mirando a James, ignorando por completo a Sirius. James miró a Sirius. — Señor Black, quite su gordo culo de su preciosa hamaca — dijo James intentando no reírse. Sirius frunció el ceño sin dejar de mirarme. — ¿Vas a seguir sin hablarme? Pensaba que cuando cortases con él dejarías esa estupidez de ignorarme — exclamó Sirius, al parecer enfadado. No respondí, le miré con indiferencia, como si no hubiera escuchado nada. — ¡¿Quieres hablarme?! ¡Deja de ignorarme! ¡Solo dije la verdad! — Exclamó Sirius furioso. Se quedó en silencio un momento. — Sabes, seguro que él se fue con otra porque tu forma de ser le echó para atrás — sentenció Sirius siseando. Entrecerré los ojos, mirándole enfadada. — Parece que eso si lo has escuchado ¿no? — preguntó Sirius con una sonrisa cruel. Sin decir nada hice un movimiento de varita, lanzándole por los aires para a continuación mirar a James que se levantó casi al instante dejando mi hamaca libre. Me tumbé en la hamaca y me coloqué las gafas de sol, como si no hubiera pasado nada. Si pensaba que diciéndome esas cosas horribles volvería a hablarle la llevaba clara, aunque hubiera tenido razón, que sinceramente a estas alturas me daba igual, no le daba derecho a hablarme así, y no pensaba hablar con él, ni tampoco hacerle caso alguno. Me levanté una hora después dispuesta a ir al baño. Entré en la casa y me dirigí al baño y tras usarlo me dispuse a salir. Abrí la puerta y en ese momento caí al suelo cuando alguien entró rápidamente, cerrando la puerta detrás de él y apoyándose en esta, mirándome fijamente. Le miré desde el suelo, enfadada por haberme tirado de esa forma al suelo. — No te dejaré salir de aquí hasta que me hables, y tengo todo el tiempo del mundo, además si crees que quitándome de delante de la puerta saldrás estas muy equivocada ya que han cerrado la puerta por fuera — sentenció Sirius viendo como sacaba la varita. — ¿No me vas a decir que tenía razón? ¿Que tu novio era imbécil? ¿Hola? ¿Nada? ¿Ni siquiera insultarme o gritarme por empujarte? — preguntó Sirius con el entrecejo fruncido. — ¿Tanto te molesta que no te hable como para encerrarme en el baño de mi propia casa? — pregunté enfadada con los brazos cruzados sobre el pecho. — Pues sí, porque no entiendo porque me ignoras — sentenció Sirius enfadado. — ¿Que no lo entiendes? A ver... por donde empiezo... ¡A sí! Incumpliste nuestra promesa de no enseñar la sala de los menesteres, te metiste con mi amigo Severus, me dijiste sucia serpiente, me gritaste que mi novio no me quería, hiciste que mi Ex-novio y yo nos peleáramos...— dije contándolo con los dedos — ¿Quieres que continué? — Lo de Axel no fue culpa mía, ese tío era imbécil — replicó Sirius con una mueca. — ¡Fue por no romper tu promesa por lo que rompí con él! ¡Aunque tú ya la habías roto hace tiempo! — sentencié clavando mi dedo en su pecho furiosa. Sirius me miró en silencio. Aproveché ese momento para reventar la puerta con un hechizo y salir hacia mi cuarto, cerré la puerta con pestillo y no volví a salir hasta que el último de los invitados se había ido.  
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