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1846 Words
Manejaré un sistema algo raro pero espero que se entienda como está estructurado. ❤️ Feliz Lectura… Tomo asiento frente al libro de encantamientos que mi madre tiene aquí en la casa. Busco entre las páginas el hechizo que puede darme a mi Vigía, tuerzó los labios al no encontrar el encantamiento que necesito. El Vigía de mi madre me ve desde la puerta del despacho de mi padre, siempre lo dejan cuidándome cuando van a una cena por el trabajo de mi padre. Cierro el libro y me levanto para ir al siguiente, tomo el libro más viejo que tiene mi madre en la casa y busco de nuevo. —Mi trabajo es cuidar que no salgas—me giro a Carbón que entrecierra los ojos en esa forma de perro—. No ayudarte a encontrar lo que sea que buscas. —Busco el encantamiento para obtener mi Vigía. Niega antes de caminar a mí y tomar la forma de sombra con la que acompaña a mi madre a las cenas en el Podium, toma uno de los libros y lo deja en el escritorio, regresa a ser un perro para irse a acostar en el tapete de mi padre. —Gracias. —Página ciento treinta y dos—con mis dedos muevo las páginas hasta encontrar la bendita página. Es una serie de pasos y encantamientos, que ayudan a la transformación del demonio que acepte ayudarme en mi travesía a lo largo de mi vida. —¿Tú escoges el animal? —No—responde en voz suave—. Tomamos la parte más oscura de tu subconsciente y lo que nos muestre de ti es la forma que tomamos. —¿Qué viste en mi madre para volverte un perro? —Lealtad, sabiduría, y coraje—asiento regresando la vista al libro que hay frente a mí—. Pero sólo vemos a las bruja que nos invoca—mis ojos van a él porque creo que leyó mi mente—. Eres un libro abierto después de cuidarte durante dieciocho años. Carbón me ha estado cuidando desde que era una bebé y mamá no tenía tiempo para contratar una niñera, así que lo ponían a él a cuidarme. En ocasiones me lograba salir de casa y no llegaba ni a dos cuadras cuando el enorme perro n***o me transportaba de regreso a casa, pero también estuvo cuando me rompieron el corazón hace unos años. —Puedes invocar a tu Vigía en el sótano—es un buen lugar. No se me había ocurrido. —Trata de hacerlo a medianoche que es cuando un demonio poderoso puede sentirte—asiento viendo lo que necesito—. Por favor, sigue las instrucciones al pie de la letra y no cambies ningún ingrediente o traerás algo que no podrá regresar ni guiarte cuando mueras y hará destrozos aquí. Asiento. ??? Dan las once quince de la noche y me pongo a hacer todo lo que las instrucciones dicen, mis padres no llegarán hasta dentro de dos horas más y en ese tiempo puedo hacer la invocación de mi Vigía. La cera está perfectamente colocada en el suelo creando una estrella de cinco picos, también puse las plumas de paloma en uno de los picos, el pelo de cabra, un mechón de mi cabello, una rata muerta y finalmente un vaso de sangre de cerdo. Derramo la sangre en el suelo antes de sentarme en medio de la estrella y comenzar con el ritual. Cierro los ojos antes de comenzar a decir el hechizo que grabé en mi memoria. Cada palabra sale bien pronunciada en el antiguo latín, al terminar de recitar el encantamiento abro los ojos para ver cada parte de la estrella de cera iluminarse en distintas tonalidades. Mi magia se siente extraña en mi cuerpo mientras la estrella reluce en una tonalidad blanca, poco a poco todo se vuelve oscuro y de la oscuridad varias sombras se deslizan y todo eso no me hace temer porque es normal en el momento de llamar al Vigía. Finalmente uno de esas sombras se detiene frente a mí gruñe en tono firme y amenazante. —¿Cuál es tu nombre?—se escucha en queja. —Me llamo Abigail Specter—se escucha un siseo seguido de un gruñido animal. —Lindo nombre—siento algo detrás de mí y mis sentidos se ponen alertas—. ¿Y si sabes la regla para que me quedé? —Acepto proteger y cuidar de ti si me escoges como tu Protegida—escucho pasos grandes a mi espalda haciendo que mis nervios florezcan al por mayor. —Bien, Abigail—su voz es gruesa y firme—. Acepto ser tu Vigía—no me giro en ningún momento—, y vivir bajo tu techo para seguirte en tu travesía. De ahí comienzo a sentir un ardor que me quema la espalda, algo fuerte se va quedando en mi piel haciendo que mi cuerpo se sienta cansado, pero al final es sólo un malestar. Cuando menos lo pienso alguien se pone frente a mí, es un demonio enorme en un color n***o y de tanta oscuridad que lo rodea no sé si tiene pelo o piel, abre la boca y unos enormes colmillos. Tragó despacio de verlo. Pero los colmillos se van volviendo pequeños y el demonio se va reduciendo en tamaño. No veo muy bien que sucede hasta que finalmente veo un gato entre las brumas de oscuridad, salta fuera de ellas para sentarse frente a mí y ladear la cabeza. —Ahora somos socios en tu vida—abro los ojos viendo al gato que hay frente a mí—. Quita esa cara y recoge todo que el portal no puede quedar abierto. Miro de nuevo lo que hice antes de cruzar mis brazos y soltar el encantamiento que prohíbe el paso de algo más fuera del portal que acabo de crear para que mi compañero saliera de ese lugar al que todos tememos. Cuando se cierra solo queda el dibujo de la estrella dibujado en el suelo sin que haya muestra de la sangre que derrame ni de la veladora. Ladeó mis labios antes de observar todo, que parece solo como al inicio de que esto empezará. Miro al gato que asiente a todo lo que hay a su alrededor. —¿Qué me darás de comer? —Creí que los Vigías… —Se nos dan dos comidas al día porque tenemos el metabolismo de un animal normal—dice como si no fuera obvio—. Así que, debes darme de comer. Subo con cuidado y el gato me sigue en todo momento, al abrir la puerta veo a Carbón esperándome con la cola a estirada. Sus ojos bajan al gato que me acompaña y gruñe despacio cuando el gato sale de atrás de mí. —Un perro—se queja mi Vigía—. Que asco. —Un gato. Porquerías del averno. —De ahí vienes, idiota—le responde en tono duro. —Silencio—exasperan—. Carbón, ¿mamá te da de comer? —Sí. —¿Por qué no me habías dicho? —Porque es comida que la bruja decide dar—camina a la cocina conmigo detrás de él—. Tu madre me da un tazón de carne de cerdo cruda o bien, ojos de vaca. —Asqueroso—mi gato se sube a la mesa y luego a la encimera dónde me observa a mí y a Carbón—. Prefiero algo que come un gato normal, gracias. No tengo nada parecido a lo que debe comer un gato, excepto unas cuantas cabezas de camarón o pescado, tomo el filete de uno que mamá tiene congelado y lo preparo con sal y pimienta antes de freírlo en aceite caliente. Pasan unos cuantos minutos antes de que le sirva de comer a mi gato que espera paciente lo que le doy. —¿Y cuál es tu nombre?—pregunto al girarme a él. —Mi nombre es muy viejo como para que se pueda pronunciar actualmente. —¿Cómo quieres que te diga? Pongo el pescado frente a él y comienza a comer sin darme una respuesta a lo que pregunte, miro a Carbón que huele el aire en su dirección, luego gruñe despacio antes de dar la vuelta y caminar a la sala donde está su cama. Niego porque el gato no me dirá nada así que me voy detrás de Carbón, para sentarme en el sillón y poner algo en la televisión, encuentro la ley y el orden y me pongo a verlo sin esperar a que el gato me diga algo o venga. Pasan al menos unos minutos antes de ver al gato pasar por debajo del sillón y finalmente subirse sobre mi estómago porque estoy acostada. —Puedes decirme Nox. —Eso es Noche en latín. —Veo que al menos sabes lo que es—estoy por mandarlo al diablo cuando la puerta de la casa se abre y entra mi madre seguida de mi padre. Ambos se quedan estáticos al ver al gato en mi estómago, es un animal del mismo color que Carbón por lo que eso dice que es y que hace arriba de mí, papá no dice nada y mamá sólo me agradece por haberlo invocado. Mi madre se sienta en el sillón mientras mi padre va por un trago o eso supongo que hace. —¿Dónde hiciste el rito? —El sótano. —¿Limpiaste? —Cerré el portal—asiente antes de levantarse y encaminarse a la puerta aquel lleva al sótano—. ¿Vas a revisar? —Sólo quiero asegurarme de que quedó bien cerrado. Mamá se especializo en puerta dimensionales por eso la quieren como supervisora de Varitas en el Podium, mamá es buena en lo que hace y puede determinar de dónde es el demonio que se lame las patas en mi estómago como si fuera lo más natural del mundo. Mi padre vuelve con un vaso de whisky y una manzana picada, mira el gato con recelo antes de que mi madre vuelva y me sonría. —Dejaste limpio y sólo hay una marca de lo que hiciste—se sienta al lado de papá—. Se borrará con los días, y para tu buena suerte la abuela no te dirá nada sobre tu Vigía. —¿De que infierno es? —Del siete—miro al gato que deja de lamerse para ver a mi madre. —Una Lectora—dice con asombro—. Que sorpresa. —¿Lectora? —Se les dice Lectoras a las brujas con la habilidad de leer las señales que deja un ritual—explica mi madre con paciencia—. Tal vez las cosas desaparecen cuando lo haces, pero dependiendo de lo que hayas hecho es lo que dice que entró o salió por ese portal, y tu gato es un demonio del séptimo infierno. OMG!!!!
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