—Es... Es... ¿Perfecto?—. Murmuré, sin saber muy bien qué palabras escoger para describirlo.
Definitivamente debía ser el mejor vestido que tuviesen.
—Nos alegra que le guste señorita, ¿Le ayudamos a probárselo?—. Sugirió Mary, que como siempre, tomó la iniciativa y se acercó a mí.
Quise decirles que no necesitaba ayuda para probarme un vestido, pero ya había sido suficiente grosera con ellas. Además, el vestido parecía tan frágil y caro que temí romperlo con mi torpeza.
—Claro, gracias—. Accedí al final.
•••
Aquella vez yo salí de la habitación antes de que Zac me reclamase.
Aún así, él por supuesto ya estaba preparado.
Llevaba un smoking n***o, pero con la corbata a juego con mi vestido. Me pareció tierno aquel gesto. Debía querer mucho a su novia, o ex, para haber preparado todo eso.
Las tres esperamos pacientemente a que se girase, pues andaba comprobando unos papeles.
En cuanto sus ojos se posaron en mí, su boca se entreabrió de la sorpresa. De nuevo, no se molestó en fingir.
Se acercó a mí lentamente mientras me analizaba de pies a cabeza. Cuando estuvo a mi lado me tendió una mano, que acepté, y me hizo girar.
—Estás deslumbrante—. Asintió con una sonrisa, la primera que llegó a sus ojos desde que nos conocimos.
Yo miré su corbata y reprimí una carcajada.
—Tú también lo estarías, de no ser por esto —señalé el nudo, que estaba mal hecho—. Deja que lo arregle—. Me ofrecí llevando mis manos a su corbata, sin esperar respuesta, bajo su atenta mirada.
Al obtener un gesto de aprobación de parte de Zac, Mary y Ruby volvieron a la habitación para recoger lo que habían traído consigo.
No me costó mucho rehacer el nudo. Tenía tanto tiempo libre que había visto muchos vídeos de YouTube sobre cómo atar corbatas.
Sí, lo sé.
Solamente pensé que algún día lo necesitaría para alguien, quizá un cliente, quizá mi marido, quién sabe.
Bingo.
—Ahora sí que estás deslumbrante—. Asentí, satisfecha con el resultado.
Él apartó la vista de mí y se miró en el espejo del fondo de la sala. Al parecer le gustó lo que vio.
—Gracias, no se me da muy bien hacer nudos—. Suspiró retocándose el smoking.
—No hay problema que YouTube no solucione—. Bromeé con una leve risa.
Él me correspondió de igual forma, y después me tendió un brazo.
—La limusina espera abajo para llevarnos al aeropuerto—. Explicó, antes de que aceptase su brazo.
—¡¿Una limusina?!—. Exclamé sorprendida.
Aquel día estaba cargado de sueños hechos realidad.
Zac rió levemente. Parecía otra persona totalmente distinta a la que había visto esa mañana y el día anterior.
—¿Por qué me subiste en un coche cuando tienes limusina?—. Pregunté con verdadera curiosidad.
Salimos de la estancia y Zac cerró con la tarjeta la puerta.
Esperamos al ascensor.
—Me gusta conducir, me despeja la mente—. Se encogió de hombros.
Asentí, comprendiendo, y le di un pequeño codazo de forma amistosa.
—Me gusta cuando respondes a mis preguntas—. Bromeé de nuevo. Debía aprovechar su buen humor.
Sin embargo, él hizo una mueca.
—Perdona lo de antes... Y lo de ayer. Bueno, todo, normalmente no soy así. Con todo lo sucedido yo...
—Lo entiendo, está bien—. Lo corté, sonriendo de forma tranquilizadora.
Él correspondió mi gesto mientras miraba mis ojos, como si quisiera ver más allá.
Entonces las puertas del ascensor se abrieron y nos pusimos en marcha hacia nuestro destino.