Al llegar a mi hostal solo entré para lavarme el rostro y sacar más dinero, pues solo tenía una idea en la cabeza; unas vueltas por la ciudad me ayudarían para despejarme de lo que había pasado, y aunque ya no lloraba gracias a las reconfortantes palabras de mi amigo, mi cara seguía roja e hinchada.
Caminé por caminar, en lugares recónditos. Sabía que no me encontraría a nadie con una cámara, ya que al que querían en portadas era a Harry y no a mí.
Entradas a las 8 de la noche decidí entrar a un pub por un par de cervezas. El lugar era amplio y por lo visto era un lugar para beber y bailar, y aunque me encantaba hacerlo no tenía ganas, pero estar rodeado de gente de mi edad hizo que me sintiera menos sola de lo que me sentía en esos momentos.
La segunda botella de cerveza se había terminado y me cuestionaba en comprar otra, no estaba tan lejos del hostal así que decidí pedir la siguiente botella cuando una joven se sentó a mi lado y pidió algo para tomar, pero antes que pudiera levantar la mano la chica de al lado arrastró una botella de corona por la barra y me la entregó.
—Yo invito —me dijo amablemente. Su acción me tomó por sorpresa, pues nunca la había visto antes.
—No te preocupes —le dije levantando la mano para llamar al bar tender.
—Insisto, te he estado observando y se nota que no has tenido un buen día.
—Vaya, ¿así de mal luzco? —Sonreí sin sonreír realmente. La chica de pelo largo y rubio me sonrió con una sonrisa perfecta y sus ojos azules como el cielo me miraron mientras le daba otro empujón a la botella.
—Sé quien eres —me dijo sin preámbulos.
—No lo creo, no soy de aquí, solo vine a vacacionar —le respondí intentando recordar si había visto su rostro en algún lugar.
—O sea, no sé quién eres exactamente, pero te he visto. —La chica tomó un sorbo de su cerveza y volvió a mirarme—. Tú eres la chica que sale en las fotos con Harry Styles, ¿no?
Mi estómago se apretó y la bilis subió por mi garganta.
—Debo irme, un gusto —dije apagada, pero su mano tomó mi brazo.
—No, no. Lo siento, debo haberte espantado, me presento; soy Ana Smith, soy fan de los chicos así que los sigo en mis r************* , lo que significa que sé lo que está pasando con todo eso de… —Pensó bien en sus palabras—. La chica de las r************* . Lo siento mucho, debo parecer una atrevida, pero te reconocí porque estás en todos lados.
—Genial —dije, aún esperando que terminara para pararme de una vez y salir de ahí.
—Mira, para explicarme mejor, sé muy bien todos los comentarios que te deben haber llegado, quiero que sepas que no soy de ese tipo de fan —me aseguró con una sonrisa tranquilizadora en su rostro—. No todas las fans son así, las verdaderas queremos que los chicos estén bien y confiamos en sus decisiones, al menos que sea matar a alguien, que honestamente si fuese Louis lo ayudaría, pero ese no es punto —dijo divertida, y pudo sacarme una sonrisa.
—¿A dónde quieres llegar? —dije cansada.
—Que solo puedo imaginar por lo que estás pasando, y ofrezco unos oídos por si quieres descargarte, pero si no quieres hablar de ello no te preocupes, solo que, tu rostro dice mucho y te repito, se ve que no has tenido un buen día, y por eso te quiero invitar una cerveza —su voz amable hizo que algo mí se relajara, pues no parecía mala persona ni nadie que pudiera hacerme daño.
—Mierda, fue una larga introducción solo para invitarme un trago —dije ahora divertida.
—Suelo hablar mucho —Levantó los hombros.
—¿Estás segura de que no tienes un micrófono o una cámara?
—Lo único que tengo son ganas de beber —dijo levantando su botella.
—Carolina —dije al fin.
—Así que no quieres hablar del tema —dijo chocando la suya con la mía, tomé un respiro sonoro.
—¿Sabes qué? Creo que sí, quizás ayude a mejorar esta cara de muerta que tengo —le dije ahora con una sonrisa real. Ana asintió con la cabeza.
—Claro, no puedes estar en un lugar como este y tener ese caracho —me dijo divertida—. Le arruinas la fiesta a todos —reí por el comentario sarcástico.
—¿Quieres ver lo que he me llegado solo hoy? —le pregunté divertida, intentando dejar de lado lo que me provocaba leer esos mensajes. Tomé mi celular y abrí la aplicación de twitter y entré a mis mensajes privados que ahora estaba bloqueado.
—Por la misma mierda —dijo abriendo los ojos como plato—. Que personas más locas. Pero no, para nada Carolina, te lo repito, debes saber que no todos los fans son así. Deja preguntarte algo.
—Dispara.
—¿Eres fan de algún artista?
—De muchos —respondí, pero Ana me miró sin decir nada—. Ok, lo entiendo. Soy muy fan de Shannon Leto, de Thirty Seconds to Mars —confesé.
—¿Del hermano de Jared? ¡Dios Santo, que hombre!
—Ana, concéntrate —le reproché divertida.
—Sí, sí. Cuando piensas en él, ¿piensas en él como artista o como hombre?
—Como los dos —le dije sin entender su pregunta.
—Cuando piensas en él como artista, siendo que es su profesión, sientes que toma las decisiones correctas, ¿no?
—Completamente, yo no sé nada de música, solo la escucho, como dices; él es el profesional.
—Ahora. Cuando piensas en él como hombre, siendo que es su vida, sientes que toma las decisiones correctas, ¿no?
—Claro, él conoce su vida más que yo, ¿quién podría decidir en su vida más que él?
—¡Ah! Ese es mi punto. Ese es un verdadero fan —dijo. Entendí su punto—. Hay un tipo de fans que están locos y locas, y en este caso locos de verdad. Las verdaderas fans son las que nos gusta ver a los chicos felices, hagan lo que hagan, fans como yo son las que los admiran y disfrutan su música, pero se mantienen al margen de sus vidas personales.
—Ana, es un muy buen punto, te lo concedo.
—Ahora. ¿Me dejarás invitarte esa cerveza para que te descargues?
—¿Qué hay de tus amigos?
—Me estoy quedando con ellos en el mismo hostal, bebemos todos los días, me hace falta un rostro nuevo para que no me sigan contando las mismas historias —me dijo rodando los ojos.
Y solo me bastó eso para hacerle un gesto para que me entregara la cerveza que me invito, contándole todo a grandes rasgos, sin entrar tanto en detalle.
—Vaya, y realmente te gusta, ¿no? —preguntó realmente sorprendida después de terminar mi historia. Asentí para mi pesar—. ¿Y qué piensas hacer?
—Nada, ya está decidido, fue bonito conocerlo, es una persona maravillosa, pero no hay nada que pueda hacer —dije levantando los hombros. Ana hizo un pequeño puchero de niña pequeña.
—Es una lástima, digo, vi todas las fotos, soy amante de la banda y los sigo en mis r************* , de hecho también vi ese twitt que mandó para contactarse contigo, y en todas las fotos puedo decir que se notaba que tenían algo, no sé, una conexión, ¿sabes?
—Estás hablando pavadas.
—A ver —dijo levantando su dedo para callarme. —¿Quién es que conoce a los chicos? Yo ¿Y quién es la que ni siquiera reconoció a Harry cuando lo conoció? Tú.
—Eres un fastidio.
Algo en mí se apretó recordando a Harry. Ana se quedó pensando unos segundos
—¿Y estás segura de que no hay nada, digo, nada que se pueda hacer?
—No, nada, pero ya está, seguiré mis vacaciones como debieron ser desde un principio.
—Me parece excelente. —Levantó su botella y la chocó contra la mía—. Por unas vacaciones sin caras largas —me dijo sonriendo. Y ambas bebimos de nuestros tragos.
Terminamos hablando de todo un poco, cualquier cosa que no involucrara a Harry ni a One Direction. Me contó que tenía 23 años y de cómo había terminado con su novio hace una semana y por eso había decido vacacionar en Londres sola para poder distraerse, yo le conté de cómo estudiaba y trabajaba en Estados Unidos, el mismo país de ella. De nuestros ex y nuestros hogares. Después de eso intercambiarnos números y decidimos que era hora de volver a nuestros hostales.
—Fue un verdadero gusto, Carolina, espero que disfrutes un montón lo que queda de tus vacaciones, por lo visto te lo mereces —me dijo mientras nos apretujábamos en un abrazo de despedida.
—El gusto fue mío, gracias por escuchar a una perfecta extraña. Estaremos en contacto para tomarnos unas copas otro día.
—Estaré esperando tu llamado —me dijo amablemente—. Y recuerda; las locas están locas pero no saben realmente lo qué pasa entre ustedes dos.
Caminando hacia el hostal me sentí mucho más liviana. El día había terminado inesperadamente bien para como había empezado, y realmente agradecía haber tenido otro par de oídos que me escucharan, y no mentí al decirle que me gustaría verla de nuevo, quien sabía, quizás la compañía de alguien más era lo que necesitaba para terminar las vacaciones bien después de todo lo que había pasado, más si sabía que Ana estaba pasando por problemas con un hombres como yo.
Doblé en la esquina de mi hostal con otro aire, uno mejor, uno más optimista, pero algo me detuvo en seco.
Cámaras.
Justo afuera de la entrada.
Intenté contarlas, pero el p**o de mis oídos me impedía pensar. Me armé de valor y caminé rápido intentando evitar las luces que me cegaban cuando intentaba pasar. Gracias al cielo nadie fue lo suficientemente atrevido como para detenerme el paso físicamente, así que en menos de diez segundos ya estaba adentro.