Al llegar vi a Harry a través del ventanal del café sentado en una pequeña mesa, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y su ceño estaba fruncido a más no poder. Aunque su cuerpo lucía tenso el mío se relajó a saber que estaría con él en unos segundos.
—Lamento llegar tarde —me disculpé al llegar a su lado. Harry me miró serio y asintió con la cabeza.
—No te preocupes.
Tomé asiento en la silla del frente, colgué mi cartera en la silla y dejé mi celular en la mesa para adentrarme en el momento.
Ahora estoy a salvo.
Harry se acomodó en la silla e infló sus pulmones con aire cansado. Yo hablé primero.
—Mi amigo Max me avisó sobre lo que estaba pasando, lo siento mucho, no tenía idea que nos estaban siguiendo —me volví a disculpar. Su rostro tenso no cambiaba y sus ojos no me miraban.
—Yo tampoco me di cuenta —dijo molesto pasando su mano por su cabello. Su ceño estaba tatuado en su rostro, tanto que comencé a preocuparme.
—¿Qué sucede? —pregunté con un nudo en mi estómago, uno que nunca había tenido en su presencia.
Sus ojos miraban a la esquina de la mesa, esa mirada que ya conocía, esa mirada que me avisaba que quería salir corriendo de la conversación. Sin pensarlo alargué mi mano para tomar la suya, pero en un sutil movimiento la apartó del camino y el nudo se apretó un poco más.
—Hablé con mi manager —dijo al fin.
—¿Qué te dijo? —Lo alenté para que continuara, pero podía ver como luchaba con sus pensamientos mientras el músculo de su mandíbula saltaba con violencia. Harry tomó un suspiro sonoro llenando sus pulmones para luego soltarlo rápidamente por la nariz, haciendo que luciera realmente cansado y enojado.
—No podemos seguir viéndonos —sus palabras me penetraron como un cuchillo caliente en mantequilla mientras sus ojos no se posaban en mí en ningún momento, haciendo que el cuchillo se adentrara más en mis entrañas.
—¿Ni siquiera cómo amigos? —mi voz sonó como una súplica penosa.
—Lo siento, Carolina, pero no creo que haya algo que pueda hacer al respecto.
Cerré los ojos para asimilar lo que estaba pasando, para ingerir lo que acababa de escuchar, deseando con todas mis fuerzas despertar de ese sueño que estaba teniendo durante todo el día. Pero era imposible, imposible porque era real, sus palabras eran reales, las suyas y las de la gente que me odiaba por algún motivo que aún no entendía.
Dejé que mis pulmones se llenaran con aire ayudando a aclarar mi mente.
Tenía sentido, me había hablado de las reglas. Me había hablado de las manipulaciones, pero nunca pensé que llegaría a pasar conmigo.
Todos los mensajes dicen la verdad.
Me dijo una voz en mi cabeza.
No eres lo suficientemente buena para él, por eso no lo pueden ver contigo.
Negué con la cabeza espantando esas palabras de mi mente. No podía caer en su juego.
Levanté la vista para mirar el rostro tenso de Harry.
—Lo entiendo —le dije al fin, forzando una sonrisa carente de alegría mientras intentaba luchar con el nudo que se agrandaba en mi garganta y el vacío que se producía en mi pecho. Asintió sin decir nada mientras miraba perdido a cualquier lado menos a mí.
Lo miré un momento más para grabarlo en mi memoria, para grabar a esa persona tan bella que me había puesto el mundo de cabeza. Noté como sus ojos se posaron en algo en la mesa y su ceño se hacía más profundo. Bajé la vista para ver que era lo que miraba y me encontré con la pantalla encendida de mi teléfono con varios mensajes nuevos. Moví mi mano rápidamente para esconderlo pero la de él fue más veloz. Tomó mi celular y leyó los mensajes que llegaban a toda velocidad.
Su rostro se demacró.
—¿Esto ha estado ocurriendo durante todo el día? —me preguntó como si le hubiesen golpeado en el estómago y me miró por primera vez directo a los ojos. Tuve que aclararme la garganta antes de hablar.
—No te preocupes, Harry, no es nada. —Intenté tomar mi celular de sus manos pero se alejó unos centímetros para volver a leer. Tuve que esconder una lágrima traviesa que se había escapado, implorando que no lo notara.
—Mierda, Carolina —dijo dejando el celular en la mesa—. Lo siento muchísimo, no sabía… —La tensión de su rostro había cambiado a verdadera preocupación.
—De verdad, no es nada —lo corté rápidamente.
Pero otra lágrima salió sin permiso y lo notó, haciendo que se levantara de su silla para acercarse a mí. Bajó su cuerpo sentándose en sus talones mientras levantaba mi mentón con su dedo. Su tacto, por pequeño que fue, hizo que las lágrimas comenzaran a salir.
Y me odié.
Me odié por ser tan débil.
—Lo lamento mucho, de verdad, una cosa es que me escriban a mí que ya estoy acostumbrado a las personas así, pero otra es que te escriban a ti. Sé que es difícil.
—Te dije que no es nada, Harry —dije, pero me ignoró.
Harry volvió a tomar mi celular y vi como movía sus dedos por las aplicaciones en las que me llegaban mensajes de odio y muerte por haber estado con él, y los mensajes se detuvieron de pronto.
—Ya no te molestarán. —Acarició mi mejilla con su pulgar sacando una lágrima que rodaba libre—. Te juro que no quería que esto pasara. No llores, Pecas, por favor.
Pero ya no podía, no podía escuchar nuevamente como salía mi apodo de sus labios. Sabía en lo que me había metido y tenía que escapar de una vez, por el bien de su carrera y por mi propio bien. Me paré rápidamente de mi silla y tomé el celular de la mano de Harry mientras él se paraba de la posición en la que estaba.
—No te preocupes, está todo bien —dije rápidamente, su rostro volvió a demacrarse en una mueca triste.
—Pecas…
—De verdad. Agradezco de corazón los momentos que me regalaste. Fue un gusto conocerte. Que estés bien Styles.
Giré sobre mis talones y pude oír como Harry decía mi nombre nuevamente, pero no detuve.
Había terminado.
Él tenía reglas y yo no podía hacer nada para detenerlo.
Era lo mejor para los dos.
Salí rápidamente por la puerta, calle abajo. Caminaba mirándome los pies intentando controlar las ganas inminentes que tenía de volver a llorar y echar a correr, pero sin previo aviso un cuerpo pesado me cortó el camino haciendo que casi pierda el equilibrio.
—Perdón —me disculpé, pero al subir la vista me encontré con una cámara que me apuntaba directamente.
—Tú eres la nueva chica de Harry, ¿no? —me dijo un hombre corpulento con tono divertido. Intenté esquivarlo pero volvió a ponerse en mi camino, miré hacia mi derecha; un auto que me impedía cruzar la calle.
—Disculpa, estoy en apuro —le dije lastimosamente intentando pasar por su cuerpo gigante comparado con el mío, pero una mano me detuvo sin tocarme.
—Sí que lo eres, eres la Pecosa de la que todos hablan —dijo detrás de la cámara mientras su cuerpo se ponía delante de mí cortándome el paso y me ponía su equipo en mi rostro.
—Por favor, déjame pasar. —Puse intuitivamente mi mano en mi rostro.
—Ni de locos, me pagarán una fortuna por esto.
Mi rabia comenzó a florecer en mi piel, y en un intento desesperado hice fuerza para cruzar, pero su mano gigante volvió a ponerse en mi camino golpeándome sin querer en mi pecho haciendo que cayera de lleno al suelo azotando mi trasero contra el asfalto, cerrando los ojos por el dolor.
Escuché un sonido en el auto estacionado a mi lado, y al levantar la vista pude ver como Harry sostenía al hombre por la camisa presionándolo contra la ventanilla.
—Si la vuelves a tocar te arrepentirás —le dijo calmado, pero sus palabras salieron llenas de odio. Harry soltó al hombre que había palidecido unos tonos, sin antes azotarlo nuevamente contra el auto—. Ahora, piérdete —siseó asesino.
—Lo siento —se escuchó muy bajo del gorila antes de esfumarse.
Me paré mientras veía al hombre caminar por el lado contrario donde me dirigía.
—¿Estás bien? —Se acercó unos pasos, pero levanté mi mano haciendo que se detuviera en seco. Su mandíbula se apretó con tanta fuerza que por un momento pensé que se le rompería.
—Estoy bien —pude a penas decir mientras me paraba y me sacudía el polvo.
—Carolina…
Pero sin pensar giré sobre mis talones para volver a echar marcha mientras las lágrimas caían sin parar. Luché con todas mis fuerzas para no mirar hacía atrás, pero mi autocontrol era nulo en esos momentos y al girar la cabeza Harry ya había desaparecido.
Era mejor así.
Era mejor para él.
Mientras caminaba intentaba analizar los sentimientos que luchaban en mi interior. No podía estar llorando así, sabía que era una mierda el no poder vernos, pero lo entendía. Las lágrimas salían divididas entre el rechazo, lo segura que estaba en que extrañaría a ese hombre, los mensajes de odio y lo expuesta que me sentía en esos momentos. Tenía que tranquilizarme y había solo un hombre que podía hacerlo. Saqué mi teléfono y me sorprendí al no ver ningún mensaje de algún extraño.
Marqué el número de mi mejor amigo y dejé que todas las lágrimas que tenía contenidas salieran de una vez.