Eso era lo único que podía sentir junto con el inmenso placer que ya comenzaba a tomar todo mi cuerpo. En sus ojos flameaban las llamas de la pasión, en su abrasador e impetuoso aliento, en sus tórridos labios… Todo. Todo en él era fuego, y eso hacía que mi cuerpo se contagiase sin remedio. Quería sentir ese fuego recorriéndome, lo necesitaba, lo ansiaba, y cada vez sentía más placer. Más, más, más... Sus jadeos aumentaron de volumen, así como los míos, y sus lentos movimientos pasaron a ser más espasmódicos y potentes. El inmenso e incontenible placer ya se acercaba como un tornado y la energía pasó a ser electrizante, se movía a nuestro alrededor con delirio. Su boca sobre la mía, jadeando con fervor, su abrasadora piel frotando mi piel, su cuerpo deslizándose dentro del mío… Las palpi

