Pero nosotros podríamos hacerlo contigo antes de que pudieras convertirte en lobo. En realidad, podíamos haberte matado ya y no lo hemos hecho. ― Y su barbilla se levantó, sosteniendo esa estúpida sonrisa arrogante. El que hizo la pausa ahora fui yo, sin apartar mis amenazadores ojos de los suyos. ― ¿Qué quieres decir? ― pregunté en tono monocorde. ― No estás aquí como prisionero ― declaró ―. Eres mi invitado. ― ¿Tu invitado? ― Alcé las cejas con incredulidad por lo que estaba escuchando ―. ¿Me arrancas de Forbish, separándome de mi mujer, me traes hasta aquí sedado y me encarcelas, y me dices que soy tu invitado? ¿Así es como tratas a los invitados aquí? ― Sí, lo sé, lo sé, no sabes cuánto lo lamento ― se disculpó, arrugando su cara de papel cebolla en una mueca de fingido malestar ―

