Imbécil. Bueno, aunque yo tampoco estaba para hablar, la verdad. Él parecería un canelón metálico, pero yo parecía la atracción de una feria. Genial. Vaya par de estúpidos… ― ¡Suéltenme! ― volvió a reclamar Ryam, zarandeándose inútilmente entre las manos de sus opresores. El muy tonto lo único que iba a conseguir era caerse al suelo, y a ver cómo se levantaba después. ― ¡¿Qué van a hacer con él?! ― exigí saber. ― Tranquilo, no venimos por el gigante ― habló uno de esos chupasangres que habían envuelto a Ryam ―. Solo es… para que te quedes a solas. ― ¿A solas? ― inquirí, bajando las cejas con extrañeza. Ya no me hicieron ni caso. Uno de esos vampiros empujó a Ryam, cuyos hombros cayeron sobre los brazos de su compañero, y lo cogió por las piernas. Hicieron mutis por el foro, llevándos

