Diana empezaba a recobrar la conciencia después de lo que acababa de suceder, sentía un zumbido molesto en los oídos, estaba aturdida. Tenía un profundo rasguño en su mentón que le hacía sangrar y algunas incrustaciones de vidrio en sus brazos, eran pequeñas rasgaduras rojas que resaltaban por su pálida piel. Se incorporó sacudiendo su cabeza y cerrando sus ojos con fuerza, había mucho silencio, apenas se podían escuchar crujidos provenientes de la misma camioneta. Llegó a ella la imagen de Joseph inconsciente y se espabiló, miró hacia el frente y ahí estaba él en medio de todo ese desastre. Inmediatamente Diana llegó hasta él sin importar cuán adolorida y aturdida estuviera. —¡Joseph! ¡Joseph! —Lo sacudió un poco por el hombro y no hubo respuesta. Se preocupó aún más, lo apretó por su

