Con su mano libre, Diana arreglaba su cabello con los dedos y planchaba su ropa antes de tocar a la puerta del departamento de Bastian, su otra mano iba ocupada por las memorias. Eran las 6 de la mañana, por lo que creía que iba a pasar horas afuera esperando a que su hermano despertara. Tocó una sola vez y sorprendentemente él le abrió. Bastian estaba listo para salir de su casa, vestía ropa casual y tenía una taza de café en su mano, a la vez que apoyaba su brazo del borde de la puerta, mirándola con una sonrisa pícara. —Buenos días, Bastian. —Le saludó virando sus ojos por su expresión insinuante y entró a grandes zancadas pasando por su lado. —¡Dios! Cuánta amargura. —Comentó entre risas cuando cerraba la puerta tras él. —Pensé que estarías dormido. —Iré por Anne en un rato. —É

