Diana y Joseph consumaban su amor y deseos, él tenía su espalda apoyada de la cabecera de la cama, con sus dedos hundidos en las caderas de ella para ayudarle a conseguir movimientos más rápidos y firmes, hasta que ambos alcanzaron el clímax una vez más con fuertes gemidos que fueron ahogados con sus propios besos. —Me harás más adicta a ti. —Musitó agitada en sus labios. Joseph se separó de la cabecera y apretó su torso sudoroso y desnudo con el de ella, asegurándola con sus brazos al rodear su cintura con ellos, a su vez, Diana posó los suyos sobre los de él. —Tu ya me tienes loco por ti. —Confesó con voz ronca y mordiendo con suavidad su mentón. —¿Cuántas veces se puede repetir? —Las veces que el cuerpo lo permita y los preservativos alcancen. —Se rieron en complicidad. Él s

