«—Gracias por venir, Bastian, y por mantener esa amistad con mi hija, desde hace mucho tiempo que no la veía reír de esa manera, ni bromear. La vida ha sido bastante injusta con ella y ya estaba olvidando cómo se veía su brillo. Desde el día que puso un pie en la empresa la he visto más radiante. —Confesó Emilia a Bastian mientras lo miraba con calidez y un gesto de gratitud. —Yo le tengo un gran aprecio a Anne, señora Emilia y pase lo que pase siempre será así, pero, ¿qué sucedió en todo este tiempo? —Interrogó con cierta preocupación y mucha intriga. —Oh, mi niño… —Se quejó con tristeza. Y posó su mano en el rostro de Bastian. —Ella… Se detuvo cuando Anne se aproximaba a ellos. —¿Nos vamos, Bas? —Sugirió animada.» Bastian conducía recordando esa pequeña conversación que mantuvo

