Capitulo 3

1424 Words
—Disfruté mucho pasar tiempo con ella anoche y espero repetir la experiencia esta noche. El problema es que no parece creer que tenga un trabajo y no contesta el teléfono para confirmarlo —dijo Quade con tono conversacional, decidiendo que le gustaba el hombre y su mirada risueña. —Así que viste a su banda, ¿eh? Una vez me colé en un concierto y estuve al fondo durante todo un set antes de que me echaran —rió entre dientes. —Yo no te eché —dijo Suzie negando con la cabeza—. Creo que mamá lo hizo por mí. Frunció el ceño al recordar la pelea que se armó después de aquella noche entre madre e hija y deseó no haber bromeado al respecto. —Lo de la batalla de bandas es cierto —dijo Douggy al entrar en la habitación—. Ha estado en la radio desde que terminó el programa matutino. Creo que la emisora tuvo que hacer algo por la furia contra ellos. Broma del Día de los Inocentes o no, sacaron a muchos trasnochadores de la cama sin dormir y con resaca. Me sorprende que no haya habido un disturbio. —No, lo planearon de esa manera, están publicando el clip en el que las bandas se rindieron en su página del programa de desayuno y dejando que el público vote por los ocho mejores —sacó su teléfono y abrió la página web—. —Así que todo se reduce a quién tiene más fans —dijo Suzie sabiendo que su base de fans era bastante pequeña incluso en una buena noche. —Exactamente así es como Harry quiere actualizar el canal de YouTube, por eso vine aquí para que vengas a jugar —dijo como si eso lo explicara todo. —Sí, está bien, ¿dónde se están instalando? —cedió Suzie ante la posible cobertura que esto podría darle a su banda. —Te llevaré, por eso estoy aquí —dijo con facilidad. —Mi coche está aquí, puedo conducir yo misma —todavía no estaba segura de si era un acosador o un fanático raro. Sabía que necesitaba dejar el alcohol y tomar mejores decisiones después de sus conciertos. —Termina de comer primero, pueden esperar otros diez minutos —interrumpió su padre, notando la reticencia de su hija a reencontrarse con el joven—. Puedes llamar a Harry y pedirle la dirección. —Entonces, todo bien —Quade captó la indirecta y asintió encogiéndose de hombros—. Les estoy dejando usar unas viejas oficinas que administro en un edificio encima de los mercados del West End. Supongo que nos vemos allí más tarde. Se giró para mirar a Bob y Douggy—. Un placer conocerlos, espero verlos pronto. —Supongo que eso ya no me incumbe —asintió Bob amablemente y vio al joven irse—. Ven a comer mientras aún esté caliente —le sonrió y regresó al comedor—. Parecía un buen tipo, ¿qué le pasa? —preguntó, casi sabiendo la respuesta. —Demasiado ansioso, lo conocí anoche en el concierto y estuvo enviando mensajes de texto y llamando toda la mañana, y luego apareció aquí —se encogió de hombros. —Acosador —asintió Douggy, pero se encogió en su silla cuando ambos se giraron para mirarlo fijamente. —Parece que solo quería hacerte un favor —dijo Bob—. Me cae bien. Seguro que a tu madre le caería bien. —Sal con él entonces —se rió. —Lo único que digo es que no juzgues a la gente tan rápido —le advirtió Bob a su hija. No estaba completamente seguro, pero estaba casi seguro de haber conocido al joven en uno de los eventos benéficos de su esposa, a los que ella lo llevaba constantemente. Siempre refunfuñaba y se quejaba, pero al final de la noche ella le demostraba con creces cómo la hacía sentir verlo de traje, así que fue más bien por el espectáculo que expresó su reticencia. Aun así, estaba seguro de haberlo visto en algo. ***** Quade no pudo evitar la familiaridad que sintió al conocer a Bob Mackey. No creía haber conocido nunca a un mecánico, pero era una sensación agradable; le gustaba el hombre y, sobre todo, su hija. Cuando se quedó con sus compañeros del instituto después del concierto y la conoció, pasó de la lujuria inicial al deseo a medida que la conocía mejor. Había planeado invitarla a salir cuando se disponían a irse, pero apenas había dicho —¿Te gustaría?—, ella lo detuvo con un beso agresivo. —Claro, pero mi casa está más cerca —le guiñó un ojo y le tomó la mano, llevándolo calle arriba hasta un pequeño loft. Sonrió, recordando bien el momento y poniéndose duro al pensar en la química que tenían. No era de los que se dedicaban a una sola noche, y esa mañana le incomodaba su actitud hacia él. Incluso en el taller, parecía fría y arrepentida de la noche que pasaron juntos. Habría sido fácil encogerse de hombros y marcharse con la vieja excusa de que —hay muchos más peces en el mar—, pero había algo en ella, llámalo química, destino o fortuna; quería volver a verla, y otra vez. Quería conocerla mejor, y siendo sincero, quería acostársela a lo bestia día y noche. Ni siquiera era su tipo de chica habitual. Era una chica rockera y dura que podía competir con los chicos con los que había crecido, tocando en grupos hasta que se unió a Greenpeace como ingeniero ambiental y viajó por el mundo con el barco en el que estaba destinado. La enfermedad de su hermana lo había traído de vuelta a casa el año pasado, y se había quedado después de que ella entrara en remisión. Solía salir con chicas más tranquilas y estudiosas, con conciencia ambiental, a las que impresionaban mucho más sus credenciales en Greenpeace que su trabajo actual en la empresa de su tío. Suzie ni siquiera le había preguntado a qué se dedicaba. —Carpe diem —se dijo en voz alta. Era obvio que ella vivía el momento, y él también debería hacerlo en lugar de preocuparse por el futuro. Aparcó el coche en la pequeña entrada casi oculta de la parte trasera. Le encantaba vivir allí, en el casco antiguo de la ciudad. Era uno de los pocos barrios interiores con una comunidad que luchaba con firmeza contra las constructoras que intentaban cambiar el aspecto del lugar. Cerró el coche y regresó por la entrada y recorrió dos manzanas hasta las antiguas oficinas. Si Suzie lo hubiera seguido, también podría haber aparcado allí; no estaba seguro de que consiguiera un sitio cerca del edificio de oficinas. —¡Este lugar es increíble! —gritó Eks por encima del ruido de la música que sonaba mientras preparaban todo—. Gracias, amigo. ¿Dónde está Suzie? —Tenía que terminar algo para su viejo, llegaría pronto —dijo Quade encogiéndose de hombros como si no le importara. —Harry, llama a Suz y dile que se apure, que tenemos que empezar con esto —le gritó Eks a su hermano. —No soy su maldito guardián —se quejó Harry en voz alta mientras pasaba junto a ellos hacia la puerta y la escalera, que estaba un poco más silenciosa, mientras sacaba su teléfono. —Sí, pero ustedes son el equipo de música y letras, yo sólo estoy aquí para verme bonita y cantar —se rió Eks. —Qué lástima que todavía necesites ayuda con ambas cosas —continuó Harry quejándose, cerrando la puerta tras él—. ¿Problemas en el paraíso? —Quade lo vio cerrar la puerta de golpe. —Tienen una historia, pero ya pasó. Él se arrepiente, ella no —rió Eks. —Quiero escuchar esa historia —rió Quade con él. —No sé si los recuerdas en la escuela, eran unos cursos inferiores a los nuestros, pero cuando todos empezaron a formar parejas, se juntaron y estuvieron juntos unos dos años. Siempre fueron más bien mejores amigos que novios. En fin, cuando dejaron la escuela y cumplieron dieciocho, se unieron a la banda, y Harry decidió que sería mucho más divertido si podía aprovecharse de todas las chicas que se estaban volviendo groupies y felices de acostarse con los miembros de la banda. Ella aceptó, y rompieron, pero siguieron siendo mejores amigos —explicó.
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