Capitulo 4

1788 Words
—No me parece un problema si siempre fueron mejores amigos desde el principio —frunció el ceño Quade ante la historia. —Ya veo, el problema es que tiene sus propias groupies —le guiñó un ojo a su amigo—. Supongo que esperaba que fuera monja o algo así mientras él se desnudaba follándose cualquier cosa en minifalda. —Ahora lo entiendo —rió entre dientes—. ¿Entonces me estás diciendo que es una zorra? No le gustaba la idea ni usar esa palabra en referencia a Suzie, pero sentía curiosidad. —En realidad, coquetea más que nada. Creo que lo hace solo para volverlo loco. Hace tiempo que no está tan borracha como para llevar a nadie a casa —continuó parloteando como si fuera algo de conocimiento público, pero guardó silencio y negó con la cabeza cuando Harry volvió a entrar. —No hay respuesta —gruñó Harry—. Supongo que te quedas entonces —miró a Quade. —Sí, pensé que podría quedarme por aquí un tiempo, ser un roadie general o un ayudante de pista —sonrió, de lo que esperaba que fuera una forma amistosa—. Sabes cómo funciona una mesa de sonido? —No, pero soy ingeniero, seguro que puedo lograrlo —dijo dispuesto a demostrar que hablaba en serio y que ayudaría si se lo pidieran. —Genial que puedas ayudar con esta prueba de sonido, este lugar tiene una acústica increíble —dijo Harry, dirigiéndose hacia donde estaba su guitarra, al lado de un gran amplificador. Media hora después, Suzie entró arrastrando su amplificador pequeño y el estuche de su guitarra, jadeando por el esfuerzo al subir las escaleras. —Nos vendría bien una ayudita —dijo sin aliento. —Te daré una mano —ofreció Quade, alejándose del tablero de sonido que recién había dominado. —¿Conoces a nuestro nuevo roadie? —dijo Harry con acritud—. Ah, es cierto, lo conoces mejor que cualquiera de nosotros. Ella se estremeció y lo miró fijamente. —¿Qué? ¿Es cierto, verdad? —dijo, desafiándola a negarlo. —¡Madre mía! ¿Estamos haciendo esto otra vez? ¿En serio? —Se acercó a él—. Te quiero, Harry, como a un hermano, y probablemente por eso quiero matarte ahora mismo. Lo hemos hablado tantas veces que no puedo creer que tenga que repetirlo —dijo enfadada—. Te quiero. Eres mi mejor amigo en el mundo, pero no siento esa chispa, esa química que necesitan las parejas. Tienes que dejar de comportarte como un amante abandonado cada vez que quiero salir con alguien. —¿Entonces ahora son citas? —preguntó Harry con tono sorprendido. —La verdad es que no sé qué coño es. No he tenido la oportunidad de averiguarlo. Llevo toda la mañana trabajando. Así que si me has jodido esto antes de que pudiera explorarlo, como siempre, no te lo perdonaré. ¿Entiendes? Jamás, y podrás buscarte un nuevo guitarrista y compositor —su voz volvió a sonar furiosa. —Bueno, bueno, solo estoy preocupado. Como hermano, no queremos que otro fanático acosador lo arruine todo —dijo Harry con suavidad—. Lo siento. —Bien, ahora ayúdame a prepararte, cabrón —dijo, dejando pasar la ira y volteándose para ver a Quade cogiendo el amplificador y el estuche de la guitarra—. ¿Dónde lo quieres? —Dáselo a Harry, él sabe dónde va —suspiró—. Mira, lo siento por eso y por lo de antes. ¿Podemos hablar luego? —Claro, si quieres —asintió Quade con naturalidad y dejó que Harry le quitara el equipo. Luego retrocedió tras la mesa de sonido, contento de tener un trabajo que hacer en lugar de quedarse parado como un fanático. Roadie sonaba mucho mejor en su mente. Repasaron tres canciones que aún no habían conseguido subir a su canal. Incluso así, crudas y sin mezclar, sonaban geniales. —Bueno, salí temprano del trabajo y traje el equipo —dijo el autoproclamado mánager de la banda y su principal fan, dejando sus cosas sobre la mesa—. Qué bien, han fichado a un nuevo técnico de sonido que nos ayudará. Se acercó a Quade y le estrechó la mano—. Soy Red, ¿y tú? —Quade —respondió. —Él es la única razón por la que creamos la página web, así que pórtate bien —se adelantó Eks para interceptar el huracán que era Red. —Bien hecho, bien hecho —le dio Red una palmada en la espalda—. Así que tú puedes quedarte con el sonido, y nosotros filmaremos, editaremos y subiremos las imágenes. La iluminación deja un poco que desear, pero podemos trabajar con ella. Se giró al ver a otros dos hombres entrar al amplio espacio mirando a su alrededor—. Son amigos del trabajo que ayudaron con el equipo. Grant es director y John es editor. Buscad un hueco donde podáis. Este sitio es genial, por cierto, ¿cómo lo conseguimos? —Una vez más, Quade —dijo Eks. —¿Ya se lo has dicho? —bajó la voz y le habló directamente a Eks. —No, me olvidé de mencionarlo —dijo Eks con una cara completamente seria. —Ese era el trato o me voy —amenazó Red. —Sí, claro —se burló Eks—. Eres nuestro autoproclamado mánager y te impones tu propio ultimátum. Eks se acercó a Quade y observó cómo Red se aproximaba a Harry y Suzie. —Esperen —susurró, cruzándose de brazos. —¿Qué carajo te pasa? —gritó Suzie—. ¡No podrías ser más pervertido! —Bueno, no tiene por qué ser esa canción, puede ser una tuya, pero tú lidera al menos una vez esta noche —replicó Red—. Traje todo este equipo y un equipo aquí esta noche para vuestra maldita banda. —Está bien —gritó ella. —Bien —gritó él y se giró para mirar a Eks con una sonrisa. Luego caminó hacia donde sus amigos estaban desempacando varios equipos. —Tiene una voz estupenda, profunda y gutural —le susurró Eks a Quade—. Simplemente odia tomar la iniciativa. Es una batalla interminable para Red obligarla a cantar; él sugiere algo obsceno, ella se enfurece, él cede y ella acepta el menor de dos males. —¿Qué le pidió que cantara? —Quade intentó ocultar la sonrisa que se dibujaba en su rostro. —A juzgar por su respuesta, probablemente sea la versión rosa de «Me toco» —rió entre dientes—. Le encantan esas joyas de los ochenta. Juro que le gusta ver su reacción ante los títulos; dudo que haya oído hablar de la mayoría. Los dos hombres rieron en voz baja. —¿Ella? No estoy seguro de haberlo hecho. ¿Cuántos años tiene ese tipo? —continuó riendo en voz baja. —No mucho mayor que nosotros, creo, pero es una enciclopedia andante del rock —dijo Eks disfrutando de la vuelta de su viejo amigo del colegio. El baterista Danny no hablaba mucho, pero se había quedado con él desde que la formación de la banda cambió hace unos años para incluir a su hermano y a Suzie, y dejaron de tocar con los drogadictos cuando no estaban demasiado borrachos—. Mejor empezar el concierto ahora que están todos aquí. Caminó hacia donde Harry y Suzie estaban junto a la batería de Danny. Quade se relajó mientras la banda parecía estar hablando y compartiendo un video en sus teléfonos. Red, Grant y John sostenían cámaras cada uno, esperando a que empezaran. El baterista los contó y se lanzaron a grabar la primera de las tres canciones que querían. Lo hicieron varias veces bajo la dirección de Red y su equipo, y Quade siguió sus instrucciones mientras la canción se perfeccionaba. Les había llevado horas grabar solo una canción; el trabajo de cámara se realizó desde todos los ángulos y el sonido se mezcló tal como Red quería. —¿Podemos usar este espacio el fin de semana? —preguntó Red mientras caminaba hacia Quade. —No veo por qué no, pero se considera una zona residencial, por lo que las restricciones de ruido entran en vigor alrededor de las diez, siempre y cuando tengas cuidado de no antagonizar a nadie —dijo, queriendo pasar más tiempo con la banda. —No hay problema, podemos desconectar después de las diez si seguimos trabajando. También tenemos que parar a comer pronto —sonrió y se dio una palmadita en la barriga—. Bueno, nuestro nuevo amigo dice que podemos usar este espacio el fin de semana, así que en lugar de meterles prisa a los otros dos, sugiero que lo intentemos mañana. A menos que alguien tenga algo urgente que no pueda perderse. Miró al grupo, que asintió y murmuró su aprobación—. No hace falta que se entusiasmen tanto, somos mi equipo y yo quienes tenemos que juntar todo ese material y crear algo digno de ser famoso en YouTube. —Entonces hagamos una pausa para comer —dijo Eks. —En cuanto Suzie cante, podremos dar por terminada la noche —sonrió Red. —Sí, vale, ¿puedes grabarlo con mi teléfono? —aceptó, sorprendiendo a Red—. Es para el cumpleaños de mi madre el domingo. —Quédate con tu teléfono, lo filmaremos adecuadamente para ti —le devolvió Red el teléfono. —Sólo lo haré una vez —advirtió ella. —Sí, ya veremos. Si estás filmando para tu mamá, quizás quieras cambiarte de camisa; las manchas en las axilas no pegan con el tema del feliz cumpleaños —se rió. Quade la observó mientras bajaba la mirada, arrugaba la nariz y suspiraba. Dejó la guitarra, cruzó los brazos, se agarró el dobladillo de la camisa y se la subió por la cabeza, tirándola a un lado. Luego volvió a tomar la guitarra. —¿Qué? Se ve más piel que esta en cualquier playa. ¡Denme un respiro! —dijo ante las expresiones atónitas de Grant y John—. Hagámoslo. Empezó a tocar una serie de acordes de una melodía extrañamente familiar para Quade, quien no le quitaba los ojos de encima. Se acercó al micrófono y empezó a cantar: «Cuando el pajarito azul que nunca ha dicho una palabra empieza a cantar». —Es primavera, es primavera —Eks se acercó a ella para agregar los coros, haciéndola sonreír. —Cuando la campanilla del fondo del pozo empieza a sonar —continuó—. «Ding dong, ding dong» —respondió Eks.
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