Capítulo 12
Creo que mi rostro es de sorpresa, aunque a decir verdad sentir sus manos sobre mi rostro es genialmente hermoso.
Han pasado algunos segundos más tarde hasta que decido hablar y alejarme un poco.
— ¿Qué pasa? —pestañeo un poco.
Roberto reacciona y me suelta del rostro.
—Tu rostro sin esos lentes me recuerdan a una chica que ayude hace un tiempo, una chica que parecía desorientada esa misma que tuve que llevar hacia una vecindad.
¡No! No puede ser real esto, si no me equivoco él está hablando de mi porque estoy segura de que yo soy esa misma chica, si claro la misma que el termino salpicando con agua de un charco.
—Quizás es porque esa chica probablemente sea yo—tallo un poco mis ojos.
—No eso no puede ser, ¿Cómo es posible si yo estaba en otra ciudad en ese entonces? Y tú eres de aquí.
— ¿Y quién dijo que yo era de aquí? Yo me mude aquí hace unos meses —le explico—Roberto ese día me salpicaste con agua de un charco y ese día no llevaba mis lentes, además de que traía un sobre de dinero el mismo que deje en tu coche.
Él se queda en silencio al parecer mis palabras fueron convincentes, de todos modos en lo que espero a que él diga algo intento tantear con mis manos para así seguir buscando mis lentes.
Sigo así hasta que siento como apoyo mi mano en la de él por lo que de inmediato quito mi mano y me quedo sorprendida para no moverme ni siquiera un poco.
De pronto siento como él me pone los lentes y después quita sus manos de ellos.
— ¿De verdad no miras ni un poco? —ahora si veo su rostro el cual parece estar desconcertado.
—No—menciono apenada.
—Quizá unos lentes de contacto te funcionen—menciona de pronto —en fin te daré tu dinero aun esta en ese sobre aunque para estar seguro cuanto era y que color es ese sobre.
—No son más de tres mil pesos y el sobre es amarillo —contesto con rapidez—Pero aun si con mis respuestas, no logro convencerte no te preocupes puedes quedarte con ese dinero.
— ¿Quedarme con ese dinero? —suelta una pequeña sonrisa de inconformidad—No gracias creo que te hacen más falta a ti.
No sé si sea buena o mala noticia eso, en fin estoy por responder sin embargo la voz de mi tía me desconcentra, así que dejo de mirarlo, me levanto y me voy caminando de prisa hacia mi tía quien me ve desconcertada viéndome venir de ese lugar obscuro.
— ¿Dónde estabas preciosa? —me abraza por detrás de mi espalda y me lleva con ella hacia el vehículo que nos llevara a casa.
—Estaba tomando un poco de aire —miento bajando la mirada a la vez que juego con mis manos.
—De acuerdo vayamos a casa —ambas subimos al coche.
Al día siguiente…
Estoy caminando por los pasillos de la universidad, hoy no he visto a Roberto es como si no hubiera venido a clases aunque eso es un poco extraño ya que su mochila está en su lugar de asiento. Como sea sigo caminando hasta que me doy cuenta de que estoy parada frente a las canchas en donde él está jugando Football me quedo parada observando como juega y es que lo hace tan bien.
Después de eso me doy la vuelta y entro a la universidad, camino durante unos minutos cuando veo a lo lejos que viene el padre de Roberto, ay por Dios esto no puede ser.
Puedo notar que esos caminados son de enojo, así que me apresuro hacia él hasta que intervengo en su camino.
—Señor Alberto ¿Qué hace aquí? —le sonrío a la vez que le extiendo mi mano la misma que toma enseguida.
—Hola Celia que gusto verte—me sonríe mientras suelta mi mano.
—Igualmente señor—correspondo a esa sonrisa.
Observo a detalle su comportamiento y es de alguien desesperado por irse, él respira molesto como al mismo tiempo no deja de mirar hacia adelante.
— ¿Le puedo ayudar en algo señor? —sonrio nerviosa.
—No Celia pero muchas gracias—contesta relajado aunque sus expresiones dicen otra cosa —Señor el joven Roberto no está tampoco en el salón de clase de música —comenta su guardaespaldas.
Claro por eso es su enojo, ay no puede ser creo que Roberto está a punto de ser descubierto y aunque sé que tal vez eso no me debería importar ya que él se la ha pasado siendo un egocéntrico conmigo aun así no puedo dejar que lo descubran no cuando puedo evitarlo, digo no podría permitir que esto pase porque en el fondo sé que Roberto tiene sus razones para ocultar que juega futbol americano y no soy yo quien deba dejar que se descubra antes de tiempo.
—Fue un gusto verte Celia, te veo después tengo que buscar a mi hijo—suelta mi mano y avanza un poco junto a su guardaespaldas.
— ¿Su hijo? —menciono de pronto al mismo tiempo que él detiene sus pasos y regresa hacia mí.
—Si mi hijo ¿Lo has visto?
—Claro él fue a la biblioteca—le sonrio.
—Muy bien muchas gracias Celia, te veo después —me sonríe y devuelve sus pasos hacia la biblioteca la cual queda lejos de la cancha.
Dejo de sonreír en cuanto el señor Alberto y su guardaespaldas se pierden de mi vista para luego retroceder mis pasos e irme nuevamente hacia la cancha.
En donde le hago señas a Roberto quien me ignora una y otra vez hasta que un amigo de él lo trae abrazado hacia mí.
—Anda Roberto te hablan—lo deja frente a mí.
Veo como Roberto esta sudado y su respiración es cansada, él hace una expresión hacia mí la cual me pone un poco incomoda.
—Si es por el sobre te lo daré después ahora déjame jugar, si—se da la vuelta.
—Roberto tu padre está en la universidad y está buscándote —hago que se devuelva.
— ¿Qué? —menciona mientras toma su mochila y sale de la cancha ¿Dónde está? —menciona con preocupación.
—Adentro—alcanzo a mencionar antes de que me tome de la mano y me lleve corriendo junto a él.
Veo eso a la vez que no puedo dejar de ver lo sexi que se ve con ese rostro lleno de seriedad y ni hablar la sensación de sentir su mano sobre la mía, sin darme cuenta sonrio hasta que siento como detiene sus pasos debido a que al entrar a las instalaciones a lo lejos se escucha la voz de su padre venir hacia nosotros.
Creo que esto me recuerda a la segunda vez que lo ayude solo que esta vez fue él quien me permitió acompañarlo hasta aquí.
“Búscalo” después de la biblioteca debió irse a la cancha estoy seguro de que es a donde va cada que se pierde y no descansare hasta agarrarlo dentro” “odio que haga esto a mis espaldas” “Odio que juegue” “No puedo permitirlo” ese es su padre quien menciona esas palabras a la vez que camina por ese pasillo.
Roberto me jala hacia el otro lado de la pared, veo su perfil derecho el cual le sienta muy bien, estamos muy cerca tan cerca que mi corazón late de manera rápida.
Él me encamina hacia un pequeño cuarto el mismo donde las chicas de danza contemporánea.
—Voltéate y no veas nada —suelta mi mano.
Escucho como saca algo de su maleta, de inmediato noto como hay un pequeño espejo en el que se refleja como él esta agachado después de eso quita su playera por eso es que me doy cuenta de que lleva más tatuajes aparte de los de sus brazos
Por ejemplo, de lado izquierdo de su espalda lleva el símbolo de su signo zodiacal al parecer es Libra y a lado lleva otro de flecha, de pronto veo como se da la vuelta y alcanzo a ver otro debajo de su pectoral también izquierdo parece ser el nombre de alguien, pero no sé de quien.
Y ni hablar de ese abdomen y brazos marcados, ay por Dios, Celia ¿Qué estás viendo? Cierro mis ojos y así espero hasta que él pasa a un lado de mí, por favor ¿Cómo es que huele tan bien después de haber sudado?
Como sea solo sigo sus pasos.