Debo Parar

1340 Words
—Me alegra ver que estás en clase de música y no perdiendo el tiempo—veo como ese señor palmea su espalda. —Y como no padre si solo estas detrás de mis pasos, ah claro lo olvidaba estas cuidándome —menciona con sarcasmo. Esto sí que es incómodo, creo que no debería estar escuchando esto, muerdo mis labios a la vez que intento pasar desapercibida para así salir del lugar sin embargo ese balón se me cae de las manos y termina cayendo en la batería. Frunzo el ceño intentando atraparlo hasta conseguirlo, lo tomo en mis manos para luego darme la vuelta. — ¿Está bien señorita? —es ahí donde veo a ese señor frente a mí. Algo nerviosa asiento con la cabeza, de pronto veo como el baja la mirada hacia ese balón así que su rostro de ser relajado ahora pasa a uno mal humorado. —Si estoy bien—miro a Roberto quien parece estar asustado. Vuelvo mi mirada hacia ese balón y noto como en una esquina está marcado su nombre “Ay no puede ser” me digo a mi misma, creo que estoy entendiendo muchas cosas o por lo menos eso intento lo que si es que por algo me dio a esconder este balón, no tengo idea del “Por qué” aunque de algo estoy más que segura es que quiere esconderlo de su padre. —Señorita no me diga que eso es suyo—apunta hacia el balón. Por un instante me quedo en silencio, la verdad es que nunca he sido buena para ocultar mis nervios así como tampoco sé mentir pero en esta ocasión tengo que hacerlo, quizá sea una oportunidad para caerle bien a Roberto y eso no lo desaprovechare, además de que es su sueño es obvio que a él le apasiona este deporte. —No, no es mío pero si debe ser de alguien—intento no mirar a Roberto—Lo encontré en el pasillo y recién iré a entregarlo a dirección, sí, eso es, lo que hare—trato de avanzar hacia la salida. —Un momento—nuevamente me detiene —Señorita creo que se le olvida su bolso —su voz suena con amabilidad. Sonrio apenada a la vez que retrocedo mis pasos. —Claro mi bolso—lo tomo de su mano—Muchas gracias. —De nada ¿Señorita? —espera a que le diga mi nombre. —Celia Yam —meto ese balón a mi bolsa la cual es grande para enseguida extender mi mano. —Mucho gusto Celia soy Alberto Guidacci —toma mi mano mientras me saluda con una gran sonrisa. Suelto su mano y después miro a su hijo quien para nada cambia su rostro de enojo junto con una emoción de nervios, creo que me iré, asì dejo que descanse de pensar que su padre lo descubrirá. —Con permiso señor —avanzo con rapidez hacia la puerta. Respiro aliviada en cuanto llego a la salida de la universidad, por hoy las clases han terminado asì que tengo que ir a casa antes de salir a trabajar. En casa… —Hola, Hola—mi tía me saluda desde la cocina —Hola Tía Bella—camino hacia ella. — ¿Cómo te fue hermosa? Hoy llegaste temprano menos mal que la comida esta lista —me sonríe en cuanto llego. —De maravilla, y si, hoy salimos temprano ya que los últimos tres profesores no fueron —también sonrio. Ella de pronto me ve con una mirada de sospecha, después procede a quitarse los guantes, tomarme del hombro y llevarme al comedor. —A ver cuéntame ¿Cómo fue tu día? —Desvía la mirada hacia mi bolso— ¿Qué es eso? Ay no me digas que te metiste a jugar futbol, ok no es algo malo sin embargo tú eres dulce, tamaño pequeño te harán… — ¿Hablas de esto? —saco ese balón. El cual es hermoso, personalizado y tiene algunas figuras grabadas las mismas que Roberto posee en su brazo, por eso saque mis conclusiones digo cualquiera que tenga un tatuaje tiene que tener algún significado importante, por eso es que ahora sé lo importante de ese balón para él. —Si de eso…. —Bueno es de Roberto—sonrío al decir su nombre. —Ay no lo puedo creer—cubre sus labios. — ¿Qué pasa? —disminuyo mi sonrisa. —Ese chico te gusta, a mí no me engañas—me mira con entusiasmo. Sin dejar de sonreír agacho la mirada y después la levanto, procedo a acceder con la cabeza por lo que mi tía da un pequeño grito de emoción. — ¿Y él lo sabe? —vuelve a cubrir sus labios. —No lo creo, además creo que su corazón tiene dueña —aprieto mis labios. Veo a mi tía y también quita esa sonrisa de emoción ahora tiene un rostro fruncido y una mirada llena de pena hacia mí. —Mi niña no quiero que salgas lastimada otra vez —pone su mano sobre mi espalda—Es mejor frenar lo que sientes antes de que salgas lastimada. —No te preocupes tía —le sonrío. Para ser sincera creo que mi ella tiene algo de razón debería parar y eso es lo que voy a hacer, enseguida guardo ese balón y me dedico a sonreírle a mi tía quien vuelve a sonreír. —Y dime ¿Qué hay de comer? —cuestiono al ponerme de pie y dejar ese bolso sobre el mueble que hay en el lugar. —Hoy hice albóndigas en chipotle ¿Qué te parece? —se va hacia la estufa. —Que rico, déjame ayudarte a poner los platos —tomo los platos y los utensilios para luego ponerlos en la mesa. Ese mismo día más tarde… Me encuentro en mi habitación aprovechando que faltan dos horas para irme a trabajar a la cafetería. De pronto se me viene a la cabeza cuestionarme si Roberto tendrá alguna red social, basta Celia dijimos que pararíamos. Tomo una almohada y me cubro con ella pretendiendo que esas ganas de buscarlo en las redes se me pasen. Minutos más tarde… ¿Qué? ¿Lo encontré? No puede ser se ve guapísimo en cada foto que hay en este álbum ¿Y si le mando solicitud desde mi otra red social? Él jamás se daría cuenta de que soy yo, muerdo mis labios a la vez que mando esa solicitud. Mientras espero respuesta sigo viendo foto tras foto, es tan guapo digo en voz baja. Enseguida él responde la solicitud asì que me empiezan a salir fotos que no había antes una de ellas llama mi atención y es donde esta con un uniforme, de esos que usan los jugadores que juegan futbol americano, sí que le queda ese porte. Se ve tan varonil, tan sexi y guapo a la vez. Lo sabía, sabía que ese era su secreto ahora estoy cien por ciento segura a donde va cada que se desaparece del taller de música. —Celia —esa es mi tía llamándome desde las escaleras. Enseguida me pongo de pie, tomo mi bolso y bajo. —Es hora de ir al trabajo hermosa —me da una lonchera con comida y un termo de agua—Que te vaya muy bien —me da un beso en la frente. —Gracias tía, te quiero mucho—bajo corriendo los escalones. Llego directo a la cocina de la cafetería, donde dejo mi bolso para rápidamente ponerme el mandil. —Cheli —menciona la señora Abril quien me dice así de cariño. —Dígame señora—termino de amarrar mi mandil. —Ve a la mesa cuatro, hay clientes esperando —me da el blog de notas. Sonriente tomo ese blog y camino hacia donde están las mesas, mi sonrisa desaparece en cuanto veo a Roberto sentado con Sonia, detengo mis pasos al mismo tiempo que trago grueso.
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