Espero unos segundos observando varias veces el reloj de mano y mi tacón suena con el suelo por los nervios. De repente, el rostro de aquel hombre aparece en mi mente. Su mirada intensa, sus labios rectos y su voz resuenan en mi mente. Sacudo la cabeza para alejar esos sentimientos. Las puertas se abren y presiono el botón indicado… sesenta y nueve. Observo a mi hermana terminar de colocarse el traje con rapidez. Su piel está bronceada y su rostro se ve hermoso, la luna de miel le ha quedado como guante en mano. ─Me tengo que ir… ¿estarás bien sin mí?─ Le digo plisando mi blusa. ─No, tú te vienes conmigo. Ahora eres la editora de la revista, la que tenía renunció para irse a otra empresa. Eres ahora importante en la reunión. ─¿Qué? ¿Estás loca? Yo no soy editora…sí, estás loca. ─Hace

