—¿Confías en mí? —le pregunto a lo que ella levanta sus cejas. —¿A qué viene esta pregunta? A veces tengo mis dudas al respecto de ti, pero confío en ti —respondió con total sinceridad. —Voy a arreglarlo, te lo prometo —le di un pequeño beso sobre los labios. Salgo del club rápido y lo que tiendo a hacer es tomar mi celular del bolsillo, me encuentro con varias llamadas perdidas de mi madre. La ignoro, porque en estos momentos me es imposible encontrar una excusa creíble para esa mujer y sé que es lo suficientemente astuta para saber cuando trato de engañarla. Veo el millón de mensajes de Natalia, mensajes que al parecer tengo desde la hora del almuerzo en el instituto y que seguro me negué a responderle. Solo espero a que me responda a la llamada, le marco y el celular suena varias ve

